Diego Luna comenzó a actuar desde que era pequeño y, a los trece años, coincidiría en una telenovela mexicana con el que sería uno de sus amigos inseparables, Gael García Bernal. Juntos protagonizarían Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón, quedando incrustados para siempre en el imaginario colectivo cinéfilo.
Ese trabajo le abriría las puertas de Hollywood y ha trabajado con directores como Kevin Costner, Steven Spielberg, Harmony Korine o Gus Van Sant, hasta que entró en el universo de Star Wars con Rogue One, de la que derivaría un spin-off sobre su personaje, Andor.
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Sin embargo, nunca ha olvidado sus orígenes y ha seguido participando en producciones mexicanas y, lo que es más importante, ha desarrollado una carrera como director y productor. Su ópera prima se tituló Abel (2010), a la que seguiría el biopic César Chávez, centrado en la figura del activista.
La adaptación de la novela de Brenda Navarro
Ahora regresa detrás de la cámara con la adaptación de Ceniza en la boca, la novela de Brenda Navarro que constituyó una radiografía visceral y dolorosa en torno a la cara oculta de la migración y el desarraigo en Europa.
“Hace cuatro años llegó a mis manos el libro y fue una lectura que a mí me resonó mucho. Encontré una historia sobre la distancia entre una madre y una hija, sobre una ausencia, que es un tema recurrente en mi trabajo. Ahí había un vehículo desde donde arrancar, la perspectiva de una hija frente al abandono y cómo más tarde se confronta a la narrativa de su madre acerca del sacrificio de ese abandono”, cuenta Diego Luna a Infobae.
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En efecto, la película se inicia con ese traumático suceso que se convertirá en la espina dorsal silenciosa del relato: una madre se marcha de madrugada y deja a sus dos hijos con su padre. Más tarde sabremos que ha marchado a España a buscar una vida mejor y que logró traerlos consigo cuando pudo. Sin embargo, hay algo en los dos hermanos que ha quedado roto: el pequeño, convertido en un adolescente, no para de meterse en problemas y la protagonista, Lucilla (Anna Díaz) siente que no ha encontrado su lugar en el mundo.
La novela, y ahora la película, explora el ‘sueño europeo’ roto, cómo las promesas de prosperidad se difuminan cuando chocan con la realidad del exilio y se convive con la falta de expectativas y la xenofobia.
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Una reflexión sobre la migración latinoamericana
Para Diego Luna son muchos los temas que se abordan y piensa que se han visto muchas historias sobre la migración entre México y Estados Unidos, pero no tanto las que ocurren en suelo europeo.
“Siempre he estado expuesto a una reflexión constante sobre la migración que cruza por México y va a Estados Unidos, con una frontera tan larga y compleja que constituye la puerta de entrada a América Latina”, cuenta. “Ademas, estamos en un momento especialmente violento para los migrantes, a raíz de las políticas que rayan la locura de Donald Trump, con ese discurso de odio tan estruendoso y tan aceptado. Entonces, en comparación, España me parece un lugar más seguro para la migración latinoamericana. Y este libro me hizo detenerme en eso”, cuenta. “También quería hablar de las comunidades que se crean, de cómo los latinoamericanos somos capaces de encontrar vínculos en otros territorios”, cuenta el director.
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El título de Ceniza en la boca tiene que ver con un significado tan alegórico como profundamente corpóreo. La protagonista, después de la muerte de su hermano, irá comiendo poco a poco sus cenizas, como una forma de comulgar con él y de estar los dos juntos para siempre. Ella no pudo cuidarlo cuando más lo necesitaba, y siempre se sentirá culpable por ello. “Al final, lo que todos necesitamos, es un abrazo”, cuenta Diego Luna.
El artista ha financiado la película de manera independiente. “La mayor irresponsabilidad financiera posible”, ríe. Pero es consciente de su situación de privilegio dentro de la industria. “Yo vivo de actuar, y eso también me da visibilidad”. Sin embargo, reconoce que ponerse detrás de la cámara es uno de los motores que le impulsan a seguir creando.
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“Para mí, producir y dirigir es una responsabilidad que me tomo muy en serio. Se trata de regresar al público que fuiste y proyectarlo en qué tipo de películas querrías ver. Como público, hay que ser muy exigente, y como director también. No concibo hacer una película de algo que no esté seguro, que no vaya a satisfacer una preocupación. Tengo que tener una conexión con lo que hago, con lo que me hace reflexionar día a día”.
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