La reflexión de Oscar Wilde, autor irlandés, sobre cómo vemos el mundo: “Lo que el arte refleja en realidad no es la vida, sino al espectador”

El autor de ‘El retrato de Dorian Gray’ incluyó la máxima en el prefacio de la edición revisada de su única novela, publicada en formato libro en 1891

Oscar Wilde
(Wikipedia / Dominio público / Napoleon Sarony)
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Hay obras literarias que terminan por opacar a sus propios autores. En el caso de Oscar Wilde (Dublín, 1854 - París, 1900), El retrato de Dorian Gray no solo se convirtió en su única novela, sino también en uno de los grandes clásicos de la literatura de finales del siglo XIX. Publicada por primera vez el 20 de junio de 1890 como relato principal del número de julio de la revista estadounidense Lippincott’s Monthly Magazine, Wilde la revisó y amplió para editarla como libro en abril de 1891. Para entonces tenía 35 años y todavía no había alcanzado el enorme éxito como dramaturgo que llegaría poco después.

A esta historia casi que no le hace falta presentación. Dorian Gray, un joven fascinado por su propia belleza, contempla el retrato que ha pintado de él su amigo Basil Hallward y desea conservar para siempre su juventud mientras sea el cuadro el que envejezca en su lugar. Con el deseo cumplido, Gray ve como entregado a una vida marcada por la lujuria su rostro permanece intacto mientras el lienzo carga con las huellas de sus actos.

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Wilde y "El retrato de Dorian Gray"

La novela provocó un auténtico escándalo. Algunos críticos británicos la tacharon de “inmoral” y llegaron a interpretar la ficción como reflejo de la vida privada de Wilde. El periódico St. James’s Gazette afirmó que el libro “en todo momento insinúa, sin esconderse, pecados repugnantes y delitos abominables”, haciendo referencia a la homosexualidad de Basil, cuya versión sin cesura de la novela rescató la Universidad de Harvard en 2012. El Scots Observer afirmó que la historia trataba “asuntos que solo son adecuados para el departamento de investigaciones criminales o una audiencia a puerta cerrada”.

En 1895, pasajes de esta primera versión fueron leídos en los tribunales como prueba acusatoria de la “indecencia” del autor, tras conocerse su relación con el joven lord Alfred Douglas. Ese mismo año entró en prisión, donde permaneció dos años condenado a trabajos forzados.

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El origen de la cita

Wilde respondió a las críticas al preparar la edición de 1891. Además de ampliar y modificar la novela, incorporó un prefacio compuesto por una sucesión de aforismos sobre la naturaleza del arte: “Lo que el arte refleja en realidad no es la vida sino al espectador”, escribió, según recoge la traducción de Alejandro Palomas incluida en la edición de Penguin Clásicos.

Como explica Robert Mighall en la introducción de esta edición, las obras de arte funcionan en Dorian Gray como espejos de la subjetividad de quien las contempla. Basil cree que el retrato revela demasiado de sí mismo; Dorian encuentra en un libro una anticipación de su propia existencia y, al escuchar Tannhäuser, de Wagner, interpreta su preludio como una introducción a la tragedia de su propia alma.

The Picture of Dorian Gray - trailer

Oscar Fingal O’Flahertie Wilde nació en Dublín el 16 de octubre de 1854. Estudió en el Trinity College de su ciudad natal y posteriormente en Oxford, donde se graduó con la máxima calificación y ganó en 1878 el premio Newdigate de poesía por Ravenna.

Tras instalarse en Londres se convirtió en una de las grandes figuras del esteticismo y construyó una obra que abarcó poesía, ensayo, cuentos, novela y, especialmente, teatro. Después de Dorian Gray llegaron algunos de sus mayores éxitos escénicos, entre ellos El abanico de lady Windermere, Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto. Su trayectoria quedó truncada en 1895. Tras pasar por prisión, abandonó Inglaterra. Murió en París en noviembre de 1900, a los 46 años.

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