
Pocas personas tienen en España el perfil de Jakob Viñas (Barcelona, 1962). Formado en Alemania como violonchelista, decidió en el país germano que lo suyo era también dirigir orquestas. Así lo hizo, en Alemania y también en Austria, o en España, donde dirigió a la Orquesta Sinfónica de Córdoba y al ensemble Música Illustrata de Madrid. Mientras, inició una carrera como investigador independiente de conceptos como el humanismo científico, una corriente que busca aunar el conocimiento de la ciencia con el espíritu humanista para acabar con las desigualdades de la sociedad, y la democracia inclusiva, una sociedad sin fronteras que entienda los problemas de una manera global.
Es de suponer que fueron esas mismas inquietudes las que, en octubre de 2022, lo llevaron junto a varios compañeros hasta la Ucrania recién invadida por la Rusia de Putin, para que una orquesta volviera a sonar en el país por primera vez tras los ataques. “Fue para un concierto benéfico. Allí los músicos lo estaban pasando mal y llevaban varios meses sin sueldos”, recuerda. En redes sociales, se pueden ver vídeos de cómo las alarmas antiaéreas interrumpían los ensayos. Una experiencia que, más allá de lo que pudiera ver o escuchar, le brindó una valiosa lección: “El arte debe servir para algo más que para el aplauso o el reconocimiento”.
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Es con ese espíritu que, ahora, el músico e investigador publica Diosas y demonios (Samarcanda), una novela que, bajo capas de romance épico, de suspense, erotismo y fantasía, encierra una crítica a la trata de personas. “Si decimos que, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hay cincuenta millones de víctimas de la trata de personas, es algo imposible de imaginar. Son demasiadas, incluso si fueran solo mil. La ficción te da la posibilidad de personalizarlo”. Viñas afirma que en su libro busca que el lector se dé cuenta, en cierto momento, de que a pesar de leer sobre un mundo ficticio, es sobre él mismo y sobre el mundo de lo que habla la historia que ha escrito.

Los millones de la trata en España y América Latina
La esclavitud no es algo del pasado. Las Naciones Unidas informan de que todavía hoy hay gente que, por amenazas, violencia, coacción, abuso de poder o engaño, se ve privada de su libertad. República Centroafricana, Sudán del Sur y Afganistán parecen los países más vulnerables, pero ninguno se libra: en España, según el grupo internacional de derechos humanos Walk Free, hay más de 108.000 personas en esta situación. Esta organización eleva la cifra a 189.000 en Argentina, 234.000 en Perú, 270.000 en Venezuela, 397.000 en Colombia, 850.000 en México.
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Una parte importante de esas cifras se relaciona con otro ámbito: el de la prostitución. La novela de Jakob Viñas nos recuerda que existen lugares como Daulatdia, el burdel más grande del mundo, donde 1.500 mujeres trabajan para satisfacer a varios miles de clientes cada día, apenas a 100 kilómetros de la capital de Bangladés. “Mi novela está inspirada en ese lugar”, explica el músico y escritor, que afirma que al descubrir este lugar se quedó impactado “por las cifras, por la antigüedad (comenzó a operar informalmente durante la época colonial británica) y por lo que ocurría dentro... Hasta salía en Google Maps”.
Al principio de Diosas y demonios se advierte: “Todo parecido con la realidad no es pura coincidencia”. Detrás del destino de Malakai y Lysandra y de los tres reinos que dividen su mundo, se revela el principal problema del mundo en el que vivimos: los mayores horrores están perpetrados por el ánimo de lucro. “Cuando hablamos de esclavitud, de esclavos de verdad, hay alguien que se está ganando mucho dinero porque, si no lo hace uno, lo hará otro. La trata es una industria que genera 236.000 millones de dólares”, denuncia Viñas. “Sin auditar”.
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De la música de Lviv a la del libro
Para el director de orquesta, hay muchos elementos de su viaje a Ucrania que se han colado en la novela, aunque no de un modo explícito. “La impotencia del sistema para impedir que ocurran temas de gran crueldad” es una de ellas. “Cuando ves en persona un sitio lleno de ruinas que huele a pólvora, es algo que no puedes ni imaginar”, rememora. “Es fuerte ver lo rápido que se destruye todo frente a lo difícil que es construir. Y siempre, al final, ves que lo único de lo que estamos hablando es de poder, de las ansias de poder”.
Con todo, al no estar en el frente, y pese a las alarmas y los bombardeos, el autor comprobó que ciudades ucranianas como Lviv (Leópolis) parecían “normales” hasta que tocaba esconderse en algún refugio. También esa vida, infiltrada en los resquicios del horror, asoma en el libro. “El arte debe servir para ayudar, para dar esperanza o, al menos, para lanzar una crítica”, sentencia Viñas, quien decidió construir su obra no solo a partir de las palabras, sino también a partir de la música que siempre le había acompañado. Y es que Diosas y demonios es una novela que incorpora una banda sonora compuesta por él mismo.
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“Está demostrado que la música crea circuitos neuronales mucho más potentes que cualquier otra cosa. Por ejemplo, conozco a muy poca gente que se sepa de memoria un pequeño capítulo de un libro palabra por palabra, pero casi todos mis amigos se saben alguna canción exactamente, y no solo la letra, también pueden entonarla”, afirma. “La música tiene este factor, una base emocional que lo aglutina todo, por eso quise construir una música que funcionara de ambiente emocional para poder leer mientras tanto”.
“Si no somos capaces de cambiar de idea, ¿qué vamos a poder cambiar?“
Ya sea con sus melodías, con sus ideas o con sus palabras, Jakob Viñas tiene un único objetivo: empezar a cambiar las cosas. “Me gustaría que, después de leer el libro, los lectores no dieran las cosas por sentadas”, desea el autor, que habla de cómo el mundo que refleja Diosas y demonios es un testimonio del “fracaso social” que implican los temas que denuncia.
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Ese fracaso pervive en temas como el erotismo, el amor o la sexualidad, temas centrales en la novela como lo son, también, en la vida pública y privada de la gente. “Necesitamos una revolución de pensamiento, y una revolución de conocer cuáles son nuestras necesidades reales, porque en nuestra sociedad, un gran número de servicios y productos giran en torno a sentir que merecemos ser amados”.

Para el músico y escritor, toda revolución empieza por el conocimiento, por la educación, por reconocer lo que debemos mejorar. “Si no somos capaces de cambiar de idea, ¿qué vamos a poder cambiar?“, pregunta. ”Creo que hay una solución pacífica para resolver las cosas cuando hay un conocimiento y este se difunde permitiendo que surjan discrepancias. Debe haber un punto donde podamos empezar a hablar, porque el problema es cuando no hay diálogo. Entonces, lo único que se nos ocurre es coger las pistolas y darnos un batacazo".
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