La miniserie de HBO Max que ha arrasado en las nominaciones en los Emmy: qué hace tan especial a ‘DTF St. Louis’

Es una sorpresas de la temporada y su originalidad a la hora de abordar el thriller como una comedia negra le ha reportado 8 candidaturas a los galardones más importantes de la industria

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Tráiler de la serie 'DTF St. Louis', miniserie de HBO Max protagonizada por Jason Bateman, David Harbour y Linda Cardinelli

Ha sido una de las grandes triunfadoras en las nominaciones de los Premios Emmy en el apartado de mejor miniserie, donde ha conseguido ocho candidaturas, entre ellas, cinco para sus diferentes intérpretes. Se trata de DTF St. Louis, una de las propuestas más originales (y también extrañas) que ha estrenado este año HBO Max.

Se trata de un thriller a modo de comedia negra que gira, a lo largo de siete episodios, alrededor del triángulo formado entre un hombre del tiempo, un intérprete de lengua de signos y una esposa enigmática que desembocará en una muerte que se encargará de ordenar toda la historia desde el principio a través de flashbacks no lineales.

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Clark Forrester, interpretado por Jason Bateman, trabaja como meteorólogo en una televisión local de San Luis. Está casado, tiene dos hijas y vive en un suburbio acomodado, pero la ficción lo presenta como un hombre incómodo en su propia vida, capaz de mentir a su mujer mientras se asoma al deseo con la torpeza de quien nunca termina de entender qué busca.

A su lado aparece Floyd Smernitch, al que da vida David Harbour, un intérprete de lengua de signos autónomo que conoce a Clark durante la cobertura de una tormenta descomunal. La amistad entre ambos nace cuando Floyd evita que una señal de tráfico arrastrada por el viento empale al meteorólogo, y se convierte después en el eje de una trama que mezcla sexo, traición y asesinato.

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Una trama repleta de situaciones inesperadas

La serie comienza con Floyd muerto en una caseta de piscina en el suburbio ficticio de Twyla. Junto al cuerpo aparece una lata de Bloody Mary, indicio de una muerte sospechosa, y una vieja página central de Playgirl con la cara arañada, dos elementos que activan la investigación policial.

Las imágenes de las cámaras de seguridad muestran una bicicleta reclinada fuera del lugar, y el detective Donoghue Homer confirma que una tienda local solo vendió dos modelos de ese tipo a Clark. A eso se suman los mensajes entre Clark y Carol localizados en el teléfono del primero y analizados por el departamento del sheriff, un material que orienta las sospechas hacia el meteorólogo.

Jason Bateman y David Harbour en 'DTF St. Louis' (HBO Max)
Jason Bateman y David Harbour en 'DTF St. Louis' (HBO Max)

La investigación recae en dos agentes que funcionan también como contraste generacional y mental. Richard Jenkins interpreta a Donoghue, detective veterano de homicidios del sheriff del condado, mientras Joy Sunday encarna a Jodie Plumb, agente de delitos especiales de la policía local que discute con él de forma constante por su tendencia a sacar conclusiones precipitadas.

Ese choque está en el centro de uno de los hallazgos de Steven Conrad, creador, guionista y director de todos los episodios. El veterano se mueve por lo obvio y lo que cree ver con claridad; la agente joven insiste en que las apariencias no describen lo ocurrido y que cada pista admite lecturas múltiples.

El título remite a una aplicación de citas pensada para personas casadas con curiosidad por la no monogamia en el área de San Luis. Es Clark quien propone a Floyd abrir un perfil conjunto, pero cuando el primero inicia una relación con Carol, la esposa de su amigo, el segundo se lanza por su cuenta a contarle con detalle sus encuentros, en un intercambio donde el deseo se mezcla con la observación clínica y el humor seco.

Las claves de ‘DTF Saint Louis’

Una de las claves de la serie está en su capacidad para situar un thriller sexual en un paisaje deliberadamente banal. Purina, Outback Steakhouse o Jamba Juice aparecen como marcas que fijan el tono de una vida suburbana corriente, y San Luis, o más exactamente Twyla, queda retratada como un escenario sin glamour ni seducción noir.

Esa normalidad elevada a terreno absurdo acerca la serie a The Curse, de Nathan Fielder o a una variante más silenciosa del ritmo de Tim Robinson, creador y protagonista de La empresa de las sillas. La comparación tiene que ver con la cadencia extraña de diálogos y situaciones que vuelve cómico lo incómodo sin convertirlo en un chiste.

Bateman compone a Clark como un tipo patético que sabe que lo es. El actor modula al personaje entre la amabilidad aparente, la amenaza difusa y una sinceridad que nunca termina de despejar la sospecha sobre si dañó a Floyd.

Jason Bateman y Linda Cardellini en 'DTF St. Louis'. (HBO Max)
Jason Bateman y Linda Cardellini en 'DTF St. Louis'. (HBO Max)

Harbour, por su parte, carga con un Floyd tímido, ingenuo y descolocado, pero también capaz de momentos de seguridad inesperada, convirtiéndose en la interpretación más llamativa del trío protagonista, un personaje que intenta recuperar una versión más joven de sí mismo mientras arrastra sobrepeso, deudas fiscales y una mezcla de vergüenza y necesidad de afecto.

La tercera pieza es Linda Cardellini como Carol Love-Smernitch, el personaje más opaco de los tres. Su perspectiva tarda más en llegar, y esa demora alimenta la sensación de que todo el relato está construido para que el espectador nunca disponga de información suficiente durante demasiado tiempo.

Carol trabaja en la oficina corporativa de Purina y además arbitra partidos de las ligas infantiles, una actividad que enfría su vida sexual con Floyd porque él no consigue dejar de verla con ese uniforme. En ese juego entre ridiculez doméstica, pulsión erótica y misterio criminal, la serie encuentra su tono más propio: una historia en la que un ciclón une a dos hombres, una aventura extramatrimonial lo desordena todo y un veneno enlatado que deja a uno de ellos muerto en una piscina abandonada.

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