
El fútbol moderno vive rodeado de estadísticas. Posesión, goles esperados, kilómetros recorridos, presión, mapas de calor, precisión en el pase... La tecnología ha cambiado la forma en que se analiza un partido e instalado la idea de que todo puede predecirse. Y sin embargo, cada Mundial, cada temporada, cada torneo, el fútbol nos recuerda que es un deporte que se escapa de la lógica y vive de la emoción.
Porque dicha lógica existe. Los equipos con mejores jugadores suelen llegar más lejos, los que generan más ocasiones suelen ganar o los que invierten en más tecnología logran entender lo que pasa en el campo mucho mejor. Pero esa lógica convive con lo impredecible: el ser humano. Y cuando las dos chocan, aparece la sensación. Ese sentimiento que te hace creer que sí, pero en realidad no.
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El ejemplo más sencillo lo tenemos en el Mundial 2026. Grandes favoritas como Brasil o Alemania se han ido a casa contra todo pronóstico. Ayer, en el Argentina-Egipto no hubo ninguna lógica, salvo el ganador: los sudamericanos eran favoritos, pero tuvieron que remontar agónicamente. Tampoco en el Suiza-Colombia, donde los penaltis confirmaron que las estadísticas de poco sirven cuando hay nervios, tensión y cansancio.
El mito de tirar primero los penaltis
En las últimas tandas de penaltis era habitual escuchar al narrador decir que quien tire primero tenía más posibilidades de ganar. Las estadísticas dicen eso. La idea se popularizó gracias a los estudios del economista Ignacio Palacios-Huerta, de la London School of Economics, que analizó más de mil penaltis y concluyó que el equipo que lanzaba primero se llevaba la eliminatoria en torno al 60% de las veces.
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Ese dato corrió como la pólvora y se convirtió en dogma. Pero cuando se han ido acumulando más tandas y más datos, la ventaja se ha ido desinflando. Un análisis con 540 tandas de distintas competiciones rebajó ese porcentaje al 53%, apenas por encima del 50%. Y hay estudios todavía más recientes, con cerca de 7.000 tandas y 74.000 lanzamientos analizados, que directamente no encuentran ninguna ventaja por empezar disparando.
En este Mundial, la teoría se rompe por completo. Colombia empezó lanzando y marcando ante Suiza en octavos, y aun así acabó eliminada. Algo que ha ocurrido en 13 de las últimas 17 tandas de penaltis en los últimos Mundiales.
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2-0, ¿el resultado más peligroso?
Es una de las frases más repetidas: “El 2-0 es el resultado más engañoso”. Buen ejemplo de ello puede ser el partido de Argentina y Egipto. Y es que la teoría dice que el equipo que se pone con dos goles de ventaja se relaja, baja el pistón y facilita la reacción del rival.
No obstante, un análisis de DatoFutbol a más de 10.700 partidos de ligas europeas lo desmiente: el equipo que llega al 2-0 termina ganando el partido en el 91-92% de los casos. Solo empata en un 6-7% y solo pierde en un 2%. Y el factor tiempo es determinante. Cuanto antes se logra el 2-0, más probable es la remontada, porque queda más tiempo por delante. Cada minuto que se retrasa ese segundo gol reduce las opciones de darle la vuelta en torno a un 2,7%, según un estudio de la revista Educación Física y Deporte.
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El factor campo ya no pesa tanto
Jugar en casa siempre se ha considerado una ventaja casi automática. Es más, en las eliminatorias de Champions, jugar la ida fuera y la vuelta en el estadio propio es considerado un factor fundamental. Sin embargo, la ventaja de la vuelta en casa ha caído desde los años 50 y 60 de un 57% a un 52% en las últimas temporadas.
El color de la camiseta o las “rachas” de los delanteros
Otra de las verdades que se han implementado es que, si el delantero viene de meter gol, existen más probabilidades de que vuelva a anotar. Nada más lejos de la realidad. Un estudio de dos psicólogos, Peter Ayton y Anna Fischer, que analizaron a doce goleadores de la Premier League a lo largo de más de 800 partidos, concluyó que la probabilidad de marcar era la misma tanto si el jugador venía de anotar en los dos partidos anteriores como si no.
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Algo parecido ocurre con el color de la camiseta. Durante años se defendió que jugar de rojo suponía una ventaja, apoyándose en estudios sobre deportes de combate como el boxeo o el taekwondo. Es más, España ha roto su “racha” de derrotas con la camiseta blanca en este Mundial 2026, después de 30 años. No obstante, un análisis de 306 partidos de la Bundesliga no encontró ninguna relación estadísticamente significativa entre el color de la equipación y la probabilidad de ganar.
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