‘Día de caza’, la “secuela” de un clásico del cine español con Carmen Machi, Blanca Portillo y Rossy de Palma: “Todo ha cambiado para que siga siendo exactamente igual”

Pedro Aguilera dirige esta película que cambia el género de los protagonistas de la cinta original para explorar nuevos temas y demostrar que algunos defectos del ser humano son tan atemporales como universales

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Entrevista a las actrices Blanca Portillo y Zoe Arnao y al director Pedro Aguilera por ‘Día de caza’

La cita del titular es de la novela El gatopardo de Lampedusa, pero a Pedro Aguilera le da igual: se ajusta exactamente a lo que su nueva película, Día de caza, transmite respecto a su predecesora, La caza, de Carlos Saura, consagrada a día de hoy como uno de los grandes clásicos del cine español. “Todo ha cambiado para que todo siga siendo exactamente igual”, dice el director porque, aunque medien 60 años entre ambas producciones, aunque ya no sean tres amigos los que protagonizan, sino Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma y la joven Zoe Arnao, la esencia del ser humano sigue siendo la misma.

En Día de caza, tres amigas de clase alta y la sobrina de una de ellas se reúnen en el mismo coto de caza que, seis décadas antes, había sido escenario de la película de Saura. Por eso, más que un remake, Pedro Aguilera la define como una “secuela”, en la que los rifles y la búsqueda de conejos son la tramoya simbólica que da pie a diferentes imágenes y temas a los de la cinta original. “Al transcribir la historia y cambiar de hombres a mujeres, me pareció que había algo muy interesante”, explica el director. “Podía ser que una mujer dijera e hiciera esas cosas 60 años después, como si algo en el aire hubiera cambiado, pero no hubiera cambiado nuestra forma de ser”.

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Abuso de poder, corrupción, desigualdad; la película de Pedro Aguilera demuestra que todos los temas abordados por Saura siguen siendo vigentes en el siglo XXI. El ejemplo lo pone Zoe Arnao, que recuerda una frase de la serie Industry: “En el feminismo también hay mujeres que son hijas de puta”. Blanca Portillo se muestra de acuerdo, y aunque en el momento en que Saura hizo La caza no hubiera sido posible que la protagonizaran mujeres, ahora el mundo ha cambiado y la mujer tiene más parcelas de poder a las que no ha accedido sin pagar un precio. “Hemos heredado la idea de que, para detentar el poder, hay que ser muy masculino: las mujeres tienen que ser igual que los hombres, en el peor sentido”.

De izquierda a derecha: Zoe Arnao, Rossy de Palma, Blanca Portillo y Carmen Machi en 'Día de caza'.
De izquierda a derecha: Zoe Arnao, Rossy de Palma, Blanca Portillo y Carmen Machi en 'Día de caza'. (Gonita)

Un ejercicio de “canibalismo cinematográfico”

Día de caza es una rara avis en el cine español, donde no suelen hacerse este tipo de revisiones de los grandes clásicos, salvo en casos aislados, como en Atraco a las 3... y media (actualización de Atraco a las tres, de 1962) o El crack cero, donde José Luis Garci quiso regresar a uno de sus personajes más icónicos más de treinta años después. “Eso me pareció más interesante aún”, reconoce Pedro Aguilera. “O somos muy envidiosos y la maestría ajena nos duele o no valoramos tanto a nuestros maestros”. El director va, de hecho, más allá, y afirma que no cree que nadie se hubiera atrevido a hacer esta película. “Salvo yo”.

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Para las actrices, esto se convirtió en una cierta presión inicial e incluso en una desconfianza. “Cuando te lo dicen por primera vez, dices: ‘¿Por qué? Si ya está perfecta allí’“, reconoce Blanca Portillo. ”Luego vas hablando con Pedro y te das cuenta de que está haciendo otra cosa. Nuestra obligación es olvidarnos de que, si tú no has visto La caza, Día de caza sea una peli en sí misma, tan válida y tan perfecta como cualquier otra". Por eso, la ganadora de un Goya por Maixabel defiende que, en vez de comparar las películas, debería propiciarse que estas dialogaran entre sí.

Así pues, ¿cuánto hay de Carlos Saura en la película de Pedro Aguilera? “Esa es la gran pregunta”, admite este último. “Todo y nada. Lo que he hecho se llama canibalismo cinematográfico. Me he comido a Saura y me he convertido en él, como una especie de vampiro, aunque sea imposible ser él”. Visualmente, esto se traduce con planos y secuencias que son exactamente iguales, aunque cambien los presentes delante y detrás de las cámaras. “Lo interesante del lenguaje es que siempre es ambiguo y las mismas palabras dichas por otra persona en otro lugar tienen otro significado”.

Imágenes de 'Día de caza'.
Imágenes de 'Día de caza'. (Gonita)

El talento de Zoe Arnao, según Blanca Portillo

Junto a Carmen Machi, Rossy de Palma y Blanca Portillo, destaca una jovencísima Zoe Arnao (a quien ya habíamos visto en títulos como Las niñas), que sirve no solo como contrapunto generacional a las protagonistas, sino también como contrapunto ideológico. “Tiene otras ideas políticas, pero viene del mismo sustrato social”, explica Aguilera, que quería plantear un dilema sobre el legado que dejará la historia de Día de caza. “¿Qué pasará con esta chica que viene de este estatus social pero piensa cosas opuestas? ¿Quién es ella? No sabemos quién es porque es muy joven". Ese tipo de cuestiones no se resuelven en la película, que “plantea preguntas pero no da respuestas”, salvo que, quizá, dentro de 60 años alguien haga una tercera película.

En cualquier caso, para Arnao la posibilidad de trabajar en esta película ha sido “un antes y un después”. “Cada una con sus cosas diferentes”, añade. Por ejemplo, de Blanca Portillo se ha quedado con el “compromiso” que tiene con sus personajes. “Me enseñó mucho cómo creas el personaje, lo fiel que eres y cómo dices las cosas con el texto”, halaga a su compañera durante la entrevista. Esta también reconoce haber aprendido mucho de la más joven. “Para mí, hay un elemento clave para ser buen actor, buen intérprete o buena actriz, que es la inteligencia. Inteligencia significa criterio, capacidad de elección, punto de vista, control sobre lo que haces y dices. Ella lo tiene, aunque no sé si es consciente de ello”.

Juntas, y con el resto de compañeras, realizan este retrato que, a medio camino entre el horror de la violencia y la comicidad, acaba por abordar una actitud universal. “La actitud del abuso de poder, de legitimar la violencia como forma de entender el mundo y de someter a los demás”, concluye Aguilera. Esto es lo que, entre La caza y Día de caza, se ha seguido repitiendo y se repetirá en un futuro. “Todo cambia para que todo siga igual. Es algo cíclico y más actual que nunca”.

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