
“Nosotros nos dedicamos a los criminales, no a los actos culturales”. Quien habla es Javier Galván Ruíz, jefe superior de Policía de Madrid. Y tiene razón: la inmensa mayoría de periodistas presentes no había estado nunca en presencia de tantos policías juntos, ni había pisado antes la Jefatura Superior de Policía de Madrid. Sin embargo, tanto uno como otros nos hemos reunido por alguien del mundo de la prensa que, como admite el propio Galván, “quizá sea la persona que mejor conoce en España a la Policía sin ser miembro de ella”.
Esa persona es Manu Marlasca. Con una trayectoria de periodista de sucesos de casi cuatro décadas a sus espaldas, ha cubierto las labores de la policía en investigaciones de todo tipo. Lo que quizá nadie imaginaría, sobre todo al principio, es que ese reportero aprovecharía todos esos ratos junto a agentes y criminales para “alimentar e ir llenando el saco de la ficción” para, en los últimos años, publicar dos novelas, Tú bailas y yo disparo y la reciente Hasta que te quedes (Destino), en las que retrata con gran verosimilitud los engranajes puestos en marcha cada vez que se comete un crimen violento.
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“Este es el escenario real de las dos novelas”, comenta el propio Marlasca en la presentación. “Probablemente sea esta la dependencia que mejor conozco, y no os oculto mi debilidad por ella: a la hora de ponerme a escribir ficción, la elegí porque es el sitio donde he conocido las mejores historias”. Historias con las que ahora ha construido a ese Grupo X al que acaban de asignarle los casos más difíciles: tanto las desapariciones de alto riesgo como los llamados cold cases, es decir, los asesinatos que nadie antes ha podido resolver.

LADILLO
Hasta que te quedes bebe directamente del género del ‘thriller’ procedimental, caracterizado por centrarse en el rigor de las investigaciones policiales. “La verosimilitud me obsesiona”, reconoce Marlasca, que no olvida cómo en su primera novela se le acusó, incluso, de ser demasiado detallista en todos los procedimientos de los agentes del grupo X. Al mismo tiempo, su labor sería premiada en festivales literarios como la Semana Negra de Gijón. “Intento mantener ese rigor con las diligencias que te da la ficción, porque el trabajo de estos señores es bastante aburrido: se pasan el día guiñando los ojos mirando vídeos, frente a jueces y redactando informes”.
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Ahora bien, que el día a día de los policías no resulte apasionante no quiere decir que no haya cosas por contar. A la dificultad de algunos casos se le une la profundidad psicológica que Marlasca imbuye en sus personajes. “Todos los que trabajan aquí tienen historias”, dice el periodista y escritor. “Tienen sus filias, sus fobias; a veces no actúan todo lo bien que su propio código les hace actuar, a veces se equivocan. Tienen las debilidades que tenemos todos, y seguramente fortalezas por encima de la media. Ninguno es esencialmente bueno ni malo. Y eso quería reflejarlo en la novela”.
Marlasca aprovecha la ficción para mezclar elementos que no han existido nunca o que en algún momento dejaron de existir, como el propio Grupo X, con “momentos o diálogos sacados de la realidad”. “Son cosas que no me dejarían contar en mi profesión o bajo el paraguas de la no ficción”, reconoce. “Si lo cuento en una novela, pasa inadvertido, y de paso, tenemos la oportunidad de conocer historias que son apasionantes, aunque sea en algunos trocitos reflejados en las historias que escribo”.
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La desaparición con la que arranca la novela está muy inspirada en un caso real, la desaparición de Ana María Henao, ocurrida en 2024 y por la que se detuvo como principal sospechoso, acusado de su desaparición y presunto asesinato, a su marido. “Es una de las investigaciones más brillantes de los últimos tiempos, pocas veces lo había visto”, afirma Marlasca, que también ha incluido detalles de otros casos en la historia, y que permiten descubrir lo mejor y lo peor de las personas. “Las investigaciones son arrojar luz, poner un foco muy grande sobre los rincones en los que ninguno queremos que miren, pero que nos puedan ayudar a desentrañar un crimen”.
Sin embargo, la resolución de casos no es el único trabajo de los policías: el acompañamiento a las víctimas es otra parte esencial de su labor, y como tal aparece reconocida en Hasta que te quedes. “El policía se lleva de cada crimen una cicatriz que es el trato con las víctimas. No creo que sea como en las películas, donde hay un atormentado que se hace alcohólico, pero sí creo que hay casos que persiguen. Muchos de mis personajes llevan esas mochilas”.
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Al otro lado, los criminales muestran también su humanidad y la escasa distancia que los separa de todos nosotros. “La mayoría de los crímenes son chispazos, malos momentos. Georges Simenon decía que un asesino es como usted y yo justo antes de cometer su asesinato. Yo creo que la diferencia es una cuestión de límites”. Marlasca considera que los medios de comunicación han dado demasiados “oropeles” a los asesinos de los casos más sonados. “Todos los asesinos que me he encontrado son insignificantes. El más insignificante de todos fue el hombre del saco, José Bretón. Era un fracasado en todos los terrenos”.
¿Manu Marlasca habría sido buen policía?
La novela de Marlasca rescata muchos aspectos pocas veces vistos de la labor policial: desde la labor de los agentes de seguridad ciudadana a las dinámicas de grupo para resolver casos, en contraste con la figura del investigador único que acostumbra a protagonizar las novelas negras. “Un grupo es una maquinaria. Funcionan con trinomios, pero muchas veces precisan la ayuda del resto de unidades. En la Policía, el individuo solo no vale para nada. Si no tienes esas sinergias y no tienes la ayuda, no tienes nada que hacer”.
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Hasta que te quedes, al igual que Tú bailas y yo disparo, es una novela autoconclusiva, pero, como advierten desde el equipo editorial de Marlasca, “no será la segunda y última novela, sino que nos esperan nuevas historias”. En las que ya han llegado, y las que vendrán, Marlasca comparte ese mismo aire policial que ha respirado durante tanto tiempo. “Como digo yo, les he robado el alma a algunos policías”, bromea al final de la presentación. Solo queda preguntarse, si en otra vida, tal vez en otro libro, el periodista habría sido un buen policía. “Yo lo prefiero tener al otro lado”, ríe Javier Galván, que no duda en ensalzar el interés del autor en contar todo lo que sucede en el interior de esta y de todas las jefaturas.
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