Sigmund Freud, psicoanalista: “Las emociones no expresadas nunca mueren; son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas”

El neurólogo e investigador de la mente austríaca revolucionó la medicina de su época al reivindicar la importancia del inconsciente en la salud mental y la conducta de sus pacientes

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Sigmund Freud
Foto de Sigmund Freud, psicoanalista austriaco. (Hans Casparius/Hulton Archive)

Conocemos como psicoanálisis a esa rama de la psicología que busca explorar el inconsciente de los seres humanos para desenterrar los conflictos emocionales que marcan nuestra conducta sin que nos demos cuenta. Se trata de una disciplina que, a finales del siglo XIX y principios del XX, provocó una auténtica revolución en la forma que teníamos de entender la mente humana. El responsable, en buena medida, fue Sigmund Freud, considerado el arquitecto absoluto de toda esta corriente.

Nacido en 1856, Freud fue un neurólogo y psicoanalista austríaco que rompió con la medicina tradicional de su época. Suyos son conceptos que hoy conocemos todos, como el complejo de Edipo, o métodos de investigación de la mente como el análisis de los sueños. Es una figura fundamental porque fue el primero en proponer que gran parte de nuestro sufrimiento psíquico no tiene un origen orgánico, sino que reside en traumas y deseos reprimidos durante nuestra infancia y los primeros años de desarrollo.

De esta visión nos viene una de sus frases más famosas: “Las emociones no expresadas nunca mueren; son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas”. Con estas palabras, Freud hacía referencia al particular modo que tenemos de reprimir lo que sentimos: aunque lo creamos, el aparato psíquico no elimina lo que nos duele. En vez de eso, lo desplaza fuera de la conciencia y lo mantiene latente, peligrosamente activo bajo la superficie de nuestra personalidad cotidiana.

Cubierta de 'Psicopatología de la vida cotidiana', de Sigmund Freud. (Alianza Editorial)
Cubierta de 'Psicopatología de la vida cotidiana', de Sigmund Freud. (Alianza Editorial)

El significado de la frase de Freud

Para el psicoanalista, el inconsciente funciona como una caldera a presión. Cuando intentamos ignorar un sentimiento de ira, tristeza o culpa, estamos aplicando un mecanismo de defensa enterrando un material que, cuando menos lo esperamos, encuentra su vía de escape. En su obra Psicopatología de la vida cotidiana, Freud explicaba cómo todos esos sentimientos ocultos emergen, por ejemplo, en los lapsus linguae o en los actos fallidos. Lo que no se dice con palabras, el cuerpo y la conducta terminan por manifestarlo inevitablemente:

“Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que se habla”, afirmaba Freud. Sin embargo, había una excepción: callar por miedo o trauma nos convierte en esclavos de un síntoma: la ansiedad que podamos sentir en nuestro día a día da buena cuenta de ello, por más que tratemos de fingir que todo está bien. En otras personas, lo callado se manifiesta a través de estallidos de cólera injustificados, que en realidad no son más que el eco de frustraciones antiguas nunca validadas o procesadas.

Al no expresar la emoción, esta se somatiza; es decir, el dolor mental se transforma en dolor físico o trastornos de conducta. El psicoanalista lo tenía claro: no había cura para ello, ya que las emociones no pueden desaparecer, pero sí que se puede lograr tratar de hacer consciente lo inconsciente y, a partir de ahí, empezar a nombrarlo y manejarlo, tanto con uno mismo como con los demás. “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”, sentenciaba el filósofo.

La mejor herramienta que tenemos para expresar lo que sentimos

Las consecuencias del pensamiento freudiano son incalculables. Aunque muchas de sus teorías han sido revisadas o criticadas (el machismo de muchas de sus reflexiones contaminó varias de sus teorías), él sentó las bases de la psicoterapia moderna y la importancia del vínculo terapéutico, la relación entre el paciente y su terapeuta. Su énfasis en la salud emocional permitió que la psicología dejara de ser una disciplina puramente descriptiva para convertirse en una herramienta de transformación personal. Hoy, entender que debemos hablar para sanar es un legado directo de su audaz e innovadora práctica clínica.

Cinco cosas que dice la psicología de nosotros. (Infobae)

De este modo, la advertencia de Freud sigue siendo una brújula esencial para la salud mental. Aceptar nuestras emociones, por oscuras o complejas que parezcan, es el único camino para evitar que tomen el control de nuestra vida desde las sombras. Al final del día, la honestidad emocional puede ser nuestra mejor aliada para vivir una existencia plena, auténtica y, sobre todo, consciente de sí misma.