
La publicación de La penúltima hora, el nuevo libro de Salman Rushdie, ha supuesto el regreso del escritor a la ficción tras el grave atentado sufrido en 2022.
Este conjunto de cinco relatos, editado por Random House, explora temas centrales como la muerte, la vejez, la identidad y la pertenencia a partir de distintos escenarios y personajes que repasan la trayectoria personal y literaria del autor.
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Rushdie ha relatado durante la presentación a los medios españoles, a través de videoconferencia que, en contraste con sus memorias, tituladas Cuchillo, escritas desde “las puertas de la muerte a la vida”, este volumen se asoma al tránsito inverso: de la vida hacia la muerte y cómo nos enfrentamos a ella.
“La idea del libro creció de una forma no planificada”, ha contado Rushdie al responder a la prensa. Tras escribir la primera historia, Finado, la apartó durante unos meses hasta percatarse de que podía convertirse en el germen de una colección mayor que resumiese las preocupaciones vitales y literarias de toda una vida.
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En estos relatos, el escritor ha recuperado personajes de novelas previas para reflexionar sobre el legado y la construcción de la identidad a lo largo de tres países fundamentales en su vida: India, Reino Unido y Estados Unidos. “Si en tu vida has viajado por el mundo se convierte en algo complicado, porque puedes tener raíces en más de un sitio. Mi hogar es Bombay, pero también Londres y ahora también Estados Unidos”, ha explicado Rushdie, subrayando el sentido de pertenencia múltiple que define su experiencia.
La vejez, la muerte y la persistencia del arte
La proximidad de la muerte, que el autor ha sentido de forma tangible tras el atentado, se perfila como uno de los ejes dominantes en La penúltima hora. Como ha declarado Rushdie desde Nueva York: “La mayoría de los relatos están inspirados por la muerte por dos motivos: en primer lugar, porque la he visto muy de cerca, pero también porque en junio cumpliré setenta y nueve años”.
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Así, el texto inicial, Finado, se inspira en E. M. Forster, uno de los grandes nombres de la literatura británica, a quien Rushdie conoció durante su etapa universitaria en Cambridge. El protagonista es un fantasma que encarna la sombra de una conciencia literaria y creativa perseguida por la represión y la intolerancia.
Goya y sus pinturas negras han servido de referencia esencial en el cuento Oklahoma, definido por el propio Rushdie como su relato “español”. En su visita más reciente al Museo del Prado, el autor se sintió impactado por la sala dedicada a Goya. Ha descrito cómo las circunstancias vitales del pintor, que terminó por abandonar la corte borbónica ante el avance del autoritarismo, encuentran resonancias inquietantes en la actualidad. “Fue algo que entró de manera muy natural en la historia”, ha asegurado Rushdie, identificando un paralelismo entre el contexto de comienzos del siglo XIX y el presente.
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El arte y la literatura aparecen en el libro como resistencias frente a la tiranía y el dogmatismo. Rushdie ha sostenido que “la literatura es una forma de revisar la narrativa, de reconfigurarla… Si tu propósito en la vida es controlar la narrativa, la literatura es tu enemiga”. Desde su experiencia personal, ha insistido en el carácter perdurable de la creación artística: “Hoy el franquismo no existe, pero Lorca es inmortal y conocido en todo el mundo… Amo la idea de que el arte y la literatura sobreviven al poder y la tiranía”. Esta convicción se apoya también en referencias al exilio, la censura y la represión, temas presentes tanto en la vida como en la obra del escritor.
Crisis de comunicación, identidad y creatividad
Rushdie también ha dedicado parte de su obra y su discurso a analizar el colapso de la comunicación social, que percibe en especial en Estados Unidos. “La comunicación está colapsando y cuando desaparece de esta forma es algo peligroso”, ha afirmado.
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El escritor ha descrito el clima de división política y cultural como “alarmante”, equiparando la experiencia a “gritarle al vacío”. Esta pérdida de entendimiento, en su opinión, se extiende a la incapacidad de muchos para comprender al otro, incluso compartiendo el mismo idioma. El auge del nacionalismo y la hostilidad hacia los inmigrantes constituye otro de los elementos críticos abordados tanto en la entrevista como en los relatos.
Rushdie ha lamentado la erosión de los valores de tolerancia y ‘secularidad’ que en el pasado definieron a la India, su país natal. “En mi juventud todavía imperaban las ideas de Gandhi, la humildad, la contención, la sencillez, pero todo eso ha desaparecido. Ahora el problema religioso es una herida abierta…”, ha indicado Rushdie, constatando una tendencia generalizada hacia la uniformidad y la exclusión no sólo en India sino también en Reino Unido y Estados Unidos.
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En lo literario, Rushdie ha planteado dudas sobre el momento conservador que atraviesa tanto la sociedad como la literatura. Según ha argumentado, la proliferación de ‘autoficción’ y de obras “basadas en hechos reales” se debe, en parte, a un descenso de la exigencia formal y creativa, lo que ha dado lugar a una simplificación del estilo y los temas. “En el mundo actual impera una idea de la verdad que es de un realismo muy simple y eso ha llevado a que los libros exitosos de nuestro tiempo encajen en ese patrón… Un empobrecimiento general derivado de ese conservadurismo”.
Sobre la vejez, uno de los temas recurrentes en La penúltima hora, Rushdie ha querido explorar las dos actitudes posibles ante el paso del tiempo: la rabia y la serenidad. “Podemos reaccionar a la vejez de dos formas: con rabia o con serenidad”, ha explicado.
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Así, el escritor describe su deseo de que ambas posturas quedasen reflejadas en los protagonistas de sus relatos, la mayoría de ellos de edad avanzada.
El impulso de la escritura permanece intacto
A pesar del cambio de etapa vital, Rushdie rechaza dejar de escribir, en contraste con colegas como Julian Barnes, que han anunciado su retirada. “Literalmente no sabría qué hacer con mi vida sin la escritura y aún no he perdido el impulso de construir tramas, historias y personajes”, ha confesado.

El autor sostiene que, ante la abundancia de libros disponibles, sólo vale la pena escribir una historia “si debes contarla al doscientos por ciento”, consejo que repite a sus alumnos.
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La extraordinaria trayectoria de Rushdie (marcada por la publicación de obras como Hijos de la medianoche o Los versos satánicos, y por la ‘fatwa’ que le condenó a muerte en 1989) sigue fluyendo hacia nuevas propuestas narrativas, que combinan la reflexión sobre la muerte, el análisis político y social, y la defensa del arte como espacio crítico y de resistencia. La penúltima hora sería el último paso en este recorrido.
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