Andalucía sitúa al PP de Feijóo ante un dilema clave para las próximas elecciones generales condicionado por los pactos con Vox en las comunidades

Moreno demuestra que el discurso moderado también funciona en un contexto en el que el PP nacional se ha escorado a la derecha para capitalizar el voto descontento

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El presidente del PP de Andalucía y candidato a la reelección de la Presidencia de la Junta, Juanma Moreno. (Álex Zea/Europa Press)
El presidente del PP de Andalucía y candidato a la reelección de la Presidencia de la Junta, Juanma Moreno. (Álex Zea/Europa Press)

Andalucía ha puesto el broche final a un intenso ciclo electoral autonómico y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo ya ha activado toda la maquinaria para la “batalla final”, las elecciones generales. El Partido Popular ha ganado holgadamente en las últimas cuatro citas (Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía), pero se ha complicado la gobernabilidad en todos los territorios en los que ya gobernaba. El último de ellos ha sido Andalucía, donde Juanma Moreno presumía de ser uno de los privilegiados gobernantes con mayoría absoluta (tan solo quedan cuatro autonomías con un gobierno en solitario).

El líder del PP, no obstante, ha conseguido lo que se propuso cuando activó el botón nuclear: una saga de debacles electorales en las delegaciones territoriales del PSOE —con ministros de Sánchez encabezando varias de ellas—, que usará para extrapolarlas a nivel nacional: “Todo el legado de Sánchez, que se ha testado en las urnas en estos meses, ha obtenido la misma respuesta: No, gracias”, afirmó Feijóo en una intervención tras concluir la reunión de la Ejecutiva Nacional.

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Y con los cinco trofeos en su vitrina, Feijóo ya estudia sus próximos movimientos. Y en este punto, al líder del PP se le presenta una disyuntiva: qué encaje ideológico tomará el PP nacional y cuál le dará mayor rédito para reducir su dependencia ded Vox en una contienda nacional.

Feijóo entre dos líneas ideológicas y la presión interna

Y ante este escenario se presentan dos líneas. Por un lado, el lado moderado que ha seguido el dirigente andaluz, Juanma Moreno, quien ha tratado de desmarcarse de las políticas del partido de Santiago Abascal . El resultado de Moreno Bonilla ha puesto de manifiesto que el PP puede cosechar buenos resultados con un discurso propio, menos mediático y dispuesto a rechazar ciertos postulados radicales que la dirección nacional ya enmarcaba en la nueva normalidad. El último ejemplo de esta línea propia fue su mensaje en contra de la prioridad nacional, un principio acordado entre PP y Vox en las autonomías que Moreno enmarcó como “irreal” y anticonstitucional.

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El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno: "Era complicado. Nos hemos quedado a dos escaños. No hemos sacado matrícula de honor, pero hemos sacado un sobresaliente"

Por otro lado, se encuentra el ala radical del PP madrileño, donde la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha disputado el electorado de la derecha con el mismo discurso que Vox, incluso en temas tabú para Génova, como el aborto.

Feijóo asumió el timón de Génova con la premisa de la moderación, la de devolver al PP al centro que lideró años antes Mariano Rajoy. Por entonces, Vox no se postulaba como una amenaza real. Tras demostrar su avance en los últimos comicios, Feijóo ha tratado de endurecer su discurso hasta el punto de enmarcarse en el ala ayusista. En parte también, porque en sus mismas filas ha estado presionado por la dirigente madrileña, quien no duda en pescar en aguas de la extrema derecha donde el líder del PP nacional no se atreve a entrar. Y no solo está Ayuso, hay ejemplos como el alcalde de Badalona, Xavier Albiol, quien asumió el bastón de mando gracias a un discurso que deshumanizaba a los migrantes.

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el líder de Vox, Santiago Abascal (EFE)
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el líder de Vox, Santiago Abascal (EFE)

Cabe decir que en Madrid funciona una política espectacular que en Andalucía, en cambio, no se ha necesitado para captar el electorado clave, que es el socialista desencantado. Lo mismo ocurre en feudos históricos del PP como Galicia, donde el PP no siente la presión de la extrema derecha como para adaptar su discurso.

Al margen de la estrategia que el partido considere que se ajusta más al panorama nacional en su conjunto, los movimientos ideológicos de Feijóo estarán condicionados por los pactos con Vox en las autonomías, donde Abascal ya ha tendido varias ‘trampas’ que podrían despertar al electorado socialista en unas generales, donde la dinámica es distinta a las autonómicas. También podría entorpecer el enrocamiento de Moreno en Andalucía, que repercutiría en las relaciones con el partido si consiguen llegar a La Moncloa.

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