Sócrates, filósofo griego: “No es de las riquezas de donde nace la virtud, sino de la virtud de donde nacen las riquezas”

El pensador fue acusado de corromper a sus discípulos por tratar de convencerlos de que cuidaran más su alma y su bondad que los beneficios materiales, un valioso mensaje que sigue vigente en el presente

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Cuadro de 'La muerte de
Cuadro de 'La muerte de Sócrates', pintura de 1787 realizada por Jacques-Louis David.

En la historia de la filosofía occidental, Sócrates ocupa un lugar fundacional. El famoso filósofo griego, considerado como uno de los padres del pensamiento crítico, vivió en Atenas en el siglo V a.C, con un gran amor por la enseñanza pública, el conocimiento y la verdad que le acabaría costando la vida, cuando se le amenazó con una condena a muerte si no renunciaba a sus ideales. No dejó obras escritas, sino que fueron sus discípulos, como Platón o Jenofonte, quienes nos transmitieron la mayoría de sus lecciones.

En este contexto se inscribe una de sus citas más famosas: “No es de las riquezas de donde nace la virtud, sino de la virtud de donde nacen las riquezas”. La frase, recogida en la Apología de Sócrates de Platón, es pronunciada por el propio filósofo cuando quiere animar a sus conciudadanos a no preocuparse prioritariamente por el dinero, la reputación o el poder, sino por la mejora de su moral.

“Buen hombre”, dice el filósofo, “¿cómo no te avergüenzas de no haber pensado más que en amontonar riquezas, en adquirir crédito y honores, de despreciar los tesoros de la verdad y la sabiduría, y de no trabajar para hacer tu alma tan buena como pueda serlo?”. Paradójicamente, por defender este punto de vista era parte de la acusación que recibió de “corromper a los jóvenes” ni “reconocer a los dioses” de Atenas. “Si diciendo estas cosas corrompo a la juventud”, respondía él, “se os engaña o se os impone”.

La única riqueza que realmente poseemos es quiénes y cómo somos

Con el tiempo, esta idea ha sido una de las más perdurables del pensamiento socrático, repetidamente citada como expresión clara de su inversión de la fijación por la riqueza material que imperaba entonces, y que puede verse también hoy en nuestros días. Y es que Sócrates no niega el valor instrumental de las riquezas, pero sostiene que solo cuando el individuo es virtuoso puede hacer un buen uso de ellas. En caso contrario, los bienes materiales no solo no garantizan una vida buena, sino que pueden contribuir a la injusticia y al desorden del alma.

Por este motivo se suele decir que una de las prioridades del filósofo era el “cuidado del alma”. Para él, saber obrar bien (para Sócrates, la virtud era un conocimiento que había que adquirir) era el fundamento de todos los demás bienes humanos. Por ejemplo, solo una comunidad compuesta por ciudadanos virtuosos podía prosperar de manera justa, al igual que solo un individuo moralmente recto era capaz de alcanzar la verdadera felicidad.

En La Fórmula Podcast, el filósofo Darío Sztajnszrajber reflexionó sobre cómo los cambios tecnológicos aceleran nuestras formas de vincularnos y defendió la importancia de frenar para pensar más allá de los mandatos.

La frase de Sócrates no solo sentó las bases de buena parte de su forma de ver el mundo, sino que influyó profundamente en el pensamiento de muchos pensadores e intelectuales posteriores. Platón desarrolló sistemáticamente la primacía del bien y de la justicia, mientras que Jenofonte nos hablaría de la moderación y la autosuficiencia para alcanzar una felicidad verdadera. Escuelas como el cinismo o el estoicismo, ya en la griega helenística, insistirían: la riqueza no es un valor moral, sino que, al contrario, la virtud es la única riqueza verdaderamente valiosa.