El libro que explica por qué la ultraderecha busca un hueco en las universidades: ‘Borrar la historia’, un manual contra la idealización del pasado

El filósofo Jason Stanley, autor de ‘Facha’, publica un nuevo ensayo sobre “cómo los fascistas reescriben el pasado para controlar el futuro”

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El filósofo y autor Jason
El filósofo y autor Jason Stanley público en noviembre 'Borrar la historia: Cómo los fascistas reescriben el pasado para controlar el futuro'. (Blackie Books)

Fue el pasado 16 de octubre cuando el agitador Vito Quiles arrancó su tour por varias universidades españolas: de la Complutense de Madrid a la de La Laguna en Tenerife, en total el ultraderechista pasó por 12 centros públicos. En muy pocos fue bien recibido. Tampoco autorizado. Con una gira llamada España Combativa, Quiles respondía al asesinato del ultra estadounidense Charlie Kirk, que el pasado 10 de septiembre recibió un tiro en el cuello en la Universidad del Valle de Utah, en Estados Unidos, mientras daba un mitin. “Cobra más sentido que nunca abanderar la libertad en los espacios donde se encuentra más amenazada”, escribió en Instagram, para a continuación anunciar el tour: “Alzaremos la voz de la verdad en las universidades públicas españolas”.

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Borrar la historia

Por Jason Stanley

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Que las universidades sean el escenario elegido no es casual. Así lo analiza el filósofo estadounidense Jason Stanley en Borrar la historia. Cómo los fascistas reescriben el pasado para controlar el futuro (Blackie Books, 2025), publicado en España el pasado mes de noviembre. “El sistema educativo es la base sobre la cual se construye una cultura política”, sostiene el autor, también profesor de Filosofía de la Universidad de Yale, en las páginas de esta obra. A lo largo de este nuevo ensayo de 228 páginas y siete capítulos, analiza cómo el control del relato histórico se ha convertido en una herramienta central para el auge del fascismo, situando la esfera educativa como uno de los principales campos de disputa. “Los movimientos fascistas utilizan la educación como medio para eliminar conceptos e historias que se interponen en sus objetivos”, añade, puesto que, como explica, “borrar la historia favorece a los autoritarios porque les permite presentar una única versión de los hechos, una sola perspectiva”.

Graves altercados en la UAB por la llegada no autorizada de Vito Quiles. (X/@jaumetyni)

Aunque Borrar la historia no analiza el caso español —el libro se apoya principalmente en ejemplos de Estados Unidos, Hungría, Rusia y Alemania, además de diversos contextos coloniales—, los mecanismos que describe recuerdan al relato que ha calado en los últimos años con la dictadura de Francisco Franco. El barómetro de octubre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicado un mes antes de que se cumplieran 50 años de la muerte del dictador, arrojó datos llamativos: entre los jóvenes de 18 a 24 años, nacidos entre 2001 y 2003, y que por tanto no vivieron esos 39 años de dictadura, el 19,6% consideró que fueron años “buenos o muy buenos”, mientras que un 17,4% afirmó que España vive hoy “peor o mucho peor” que durante la dictadura. “El pacto del olvido ha hecho que crean que fue maravilloso”, explicó el periodista y autor de Franco para jóvenes (Catarata, 2024), José Antonio Martínez Soler, a Infobae con motivo del lanzamiento del libro.

La educación como base de la cultura política

Jason Stanley también aborda lo que denomina la “colonización de la mente”, ampliando el foco más allá de los regímenes formalmente fascistas para abordar el colonialismo como uno de los ejemplos más claros de este borrado histórico. “Cuando un grupo borra la historia de otro, este último queda mucho más expuesto a la dominación y la conquista”, afirma.

En este punto, Stanley introduce el concepto de antieducación: “La educación fascista funciona mediante la eliminación deliberada de narrativas de acontecimientos históricos y actuales que incluyen una diversidad de perspectivas”, hasta que al alumnado “solo se le presenta un punto de vista, diseñado específicamente para justificar y perpetuar una jerarquía de valor entre grupos”. Por ello, el autor subraya que colegios y universidades se convierten en objetivos prioritarios de los movimientos autoritarios, al situarse “en primera línea contra el esfuerzo ultraderechista que lleva décadas en marcha para reforzar mitos antidemocráticos”.