
He aquí una novela que va de boxeo entre chicas pero que, en realidad, habla de muchas cosas más en torno a la cultura del éxito, las presiones a las que se enfrena la juventud, el deporte y el peso de las expectativas.
Se llama Golpe de luz (Sexto Piso) y la ha escrito Rita Bullwinkel, auténtica revelación por su forma de narrar tan física como emocional y contundente. Es su primera novela y fue seleccionada por Barack Obama como una de sus favoritas del año, además de ser finalista del prestigioso Premio Pulitzer.
La obra sitúa a ocho adolescentes en un torneo de boxeo en Reno, Nevada, y utiliza este marco para explorar los límites del cuerpo, la economía precaria y la búsqueda de reconocimiento. Se trata de jóvenes que intentan encontrar su identidad (cada una con sus respectivos problemas personales) dentro de un mundo competitivo en el que se sienten vulnerables. Pero, aun así, luchan por conseguir sus objetivos.
Chicas heridas que golpean
Entre ellas encontramos a un puñado de chicas de las que conoceremos su pasado, su presente y su futuro a través de las diferentes interacciones que tienen lugar en los combates. Así, Artemis, Andi, Kate, Rachel, Iggy, Izzy, Rose y Tanya repasarán sus vidas a través de monólogos interiores mientras compiten, buscando llenar un vacío para demostrar que son capaces de algo. Hay que decir que sus historias se quedan para siempre con el lector.
-Pregunta: ¿Qué relación ha tenido con el mundo del deporte y la competición?
-Respuesta: Crecí como atleta competitiva y fui una jugadora de polo en la primera división. Incluso estuve en las Olimpiadas Junior durante siete u ocho años. Con el tiempo, eso me hizo reflexionar sobre por qué lo hacía. Qué era lo que me motivaba. Eso constituyó el germen de esta novela, aunque yo jamás haya estado vinculada con la disciplina del boxeo. Pero era un ámbito reducido y claustrofóbico que me interesaba investigar.

-P: En la novela, las protagonistas son adolescentes que no saben todavía qué hacer con sus vidas. ¿Cómo querías exponer esa carga a la que se someten?
-R: Es cierto que se someten a mucha presión, pero creo que el deporte puede ser un lugar de consuelo y alivio, sobre todo si vas más allá del concepto arquetípico de ganar o perder. En las competiciones está claro, los resultados son los que son, pero es una regla complicada de trasladar al mundo real. Quiero pensar que no se trata de presión, sino de alivio, de poder soltarse, liberarse de todas las contradicciones con las que convivimos siempre.
-P: En cuanto a la cuestión de ganar y perder, las protagonistas de la novela luchan en el ring, pero eso también se circunscribe a sus vidas privadas, en las que también se enfrentan con un puñado de disyuntivas.
-R: Me gustaría pensar que hay algo colectivo en ellas que no tiene que ver con la victoria o la derrota. Pero sí que es cierto que, en la novela, sus vidas se proyectan hacia el futuro.
Una ‘coming-of-age’ diferente
-P: ¿Por qué quisiste hacer esta especie de proyección de los personajes?
-R: Eso era muy importante para mí. Normalmente, esta novela se hubiera clasificado dentro del género ‘coming-of-age’ en el que las adolescentes parecen que esperen un momento crucial en sus vidas que las represente para siempre. Creo que esa premisa es falsa. No creo que exista ese instante en el que se cambia todo y que le da un nuevo sentido a tu vida. Me parece poco realista. Me parecía más interesante que las protagonistas, a partir de ese partido crucial, moldearan sus vidas sin que ese momento las definiera.
-P: ¿Por qué elegiste el mundo del boxeo femenino?
-R: Mientras lo escribía no me parecía un libro violento, a pesar de que entiendo que el boxeo es un deporte en el que la gente se golpea y se hace daño. Quizás porque me parecen más violentas otras cosas, como el miedo de las mujeres a andar solas en la noche. Las agresiones, en ese sentido, van más allá de un golpe en el que está presente un árbitro. Deja secuelas emocionales de verdad.
-P: En ese sentido, el ring podría considerarse un espacio de seguridad que se contrapondría con el estado de permanente alerta en el que vivimos las mujeres en la sociedad ‘patrical’.
-R: Absolutamente. En la novela remito a los juegos de palmas entre niñas. Es como una metáfora de los golpes del boxeo. Hacer palmitas o darse puñetazos. Quería desarrollar ese paralelismo porque me parece que la inocencia se convierte en el estado más primitivo en violencia.
-P: ¿Cómo estructuraste la novela?
-R: El libro está escrito en tercera persona y va entrando y saliendo de cada una de las mentes de las diferentes protagonistas periódicamente. Empecé a pensar en el narrador o la narradora del libro como una especie de estribillo, como un coro griego, como un grupo de personajes que hablan de forma simultánea. En realidad quería que todas fueran una sola voz, como una si se tratara de una narradora omnisciente abstracta.
-P: Si se trata de una voz omnisciente y entre ellas están luchando por un título estadounidense... ¿hasta qué punto podrían ser representantes de la mujer en Norteamérica?
-R: El libro empieza con un epígrafe de la primera evidencia registrada ‘arqueológicamente’ de mujeres que hacían deporte en la antigua Grecia. Y me encanta que saques este tema porque, al final, la historia termina en el espacio exterior, en lo que presumiblemente es una estación espacial, lo cual me pareció muy divertido. Estaba deseando llegar a ese punto, porque desde el principio supe que quería llevar al libro hacia un tiempo lejano y me lo pasé muy bien llegando hasta ahí.
En cuanto a lo que me preguntas, yo soy mujer y crecí en California, sé lo que supone la cultura del esfuerzo y lo que conlleva. Me gusta pensar que todo eso estaba ya en nuestras predecesoras, esas deidades que era atletas, que se representaban como si sus cuerpos estuvieran liberados de cualquier estereotipo machista.

-P: De hecho, se trata de una novela muy física y corpórea
-R: Yo quería que los lectores pudiesen sentir la ‘fisicalidad’ del cuerpo de las chicas. Pero también creo que el cuerpo femenino joven es muy difícil de describir de acuerdo a los estereotipos. Yo quería mostrar todo eso desde una perspectiva fresca y desafiar la cosificación femenina, porque lo que están haciendo estas mujeres es convertir su cuerpo en un arma. Y eso es muy poderoso.
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