
La entrega de los actores a la hora de encarnar sus papeles puede ir, en ocasiones, demasiado lejos. Eso, unido a la intensa presión a la que los intérpretes se someten en el rodaje, ha acabado provocando casos como el de Zendaya, la protagonista de Euphoria, quien aseguro que cada semana de rodaje era sinónimo de ansiedad; o como el de Dakota Johnson, quien tras trabajar en el remake de Suspiria, dijo: “No miento, me jodió tanto que tuve que ir a terapia”.
A estos ejemplos podría sumársele el de otra joven actriz que, a sus 29 años, ya cuenta con interpretaciones de primerísimo nivel. Hablamos de Florence Pugh, a quien muchos recordarán por sus papeles en títulos como Oppenheimer o Viuda Negra, además de su aparición reciente en Thunderbolts*. Sin embargo, la película que convirtió a la actriz en una estrella internacional con la que todos los directores querían trabajar fue otra muy distinta: un clásico del género de terror que asombró a todos cuantos la vieron, entre otras cuestiones, por la poderosa actuación de su joven protagonista.
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El trabajo de Florence Pugh en Midsommar fue muy aplaudido, al igual que una película que sublimaba el concepto de terror diurno con una historia sobre un extraño festival en una aldea de Suecia. No obstante, a su vez tuvo un alto precio para la actriz. Tal y como ella relata en una conversación en el pódcast de Louis Theroux, al rodaje le sobrevino un prolongado periodo de malestar emocional que tardó mucho en lograr identificar.
“Creo que me dejó triste durante unos seis meses y no sabía por qué estaba deprimida. Volví después de rodar Mujercitas, que fue una experiencia muy divertida y, obviamente, con un tono completamente diferente al de Midsommar, así que creo que lo dejé todo de lado. Y luego, cuando llegué a casa por Navidad, estaba tan deprimida que pensé: ‘Ah, creo que es por Midsommar’“.
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La intérprete nominada al Oscar subrayó que, aunque admira los desafíos actorales, el método tan absorbente que empleó para dar vida a Dani (una joven incapaz de sobreponerse a un duelo personal mientras acompaña a su pareja en el viaje a la aldea) le acarreó un coste interno mayor del previsto.“No puedo agotarme así porque tiene consecuencias negativas”, afirma la actriz. “Probablemente no debería volver a hacerlo”.

Lo que imaginaba Florence Pugh para sentir el dolor de su personaje
La actriz explica que nunca antes se había enfrentado a un papel con tanta exigencia en cuanto a la representación del dolor y la salud mental:“Nunca había visto ese nivel de dolor o de salud mental reflejado en el guion. Así que, para lograrlo, me lo tomé muy en serio. Al principio, solo imaginaba escuchar la noticia de que uno de mis hermanos había fallecido, y luego, a mitad del rodaje, pensé: ‘Oh, no, en realidad necesitaba imaginar los ataúdes’. Y hacia el final del rodaje, de hecho, asistía al funeral de toda mi familia”.
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El compromiso con el personaje la llevó a traspasar límites personales en cada jornada. Pugh reveló: “No solo lloraba. Necesitaba sonar dolida. Nunca había hecho nada parecido y pensé: ‘Vale, esta es mi oportunidad. Tengo que intentarlo’. Y básicamente me sometía a un infierno. Pero ya no lo hago. Me destrozó por completo”.

Su relación con Ari Aster
Al concluir su participación en Midsommar, la artista se trasladó de inmediato al set de Mujercitas, dirigiéndose a la ciudad de Boston. El choque emocional entre ambos papeles se manifestó ya en el trayecto, cuando Florence Pugh se descubrió llorando a bordo del avión: “Obviamente, mi cerebro sentía compasión por mí misma porque me había maltratado y había manipulado mis emociones para lograr una buena actuación, pero también me arrepentí de lo que había hecho. Fue muy extraño, y nunca me había preocupado por mis personajes una vez terminado el rodaje. Pero a Dani la dejé abandonada en ese campo, con el equipo de filmación grabando su llanto”.
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A pesar de ello, Pugh no ha querido responsabilizar del proceso al director de la película, Ari Aster. La actriz se refiere al cineasta como un creativo singular y carismático, negando que su agotamiento respondiera a sus decisiones o actitud durante el rodaje. “Es peculiar, una especie de genio loco, un comediante de corazón. Una vez que te ríes de una cosa, él intentará hacerte reír de todas las demás. No parará y todos acabarán desternillándose de risa”, diría sobre él en otra entrevista con The New York Times. A pesar de ese empeño, ni siquiera el director lograría evitar las consecuencias para la actriz, quien tras aquella experiencia afirma que se replanteó su manera de abordar ese tipo de personajes, ya consciente del impacto que puede llegar a tener darles vida.
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