Luis García Montero, escritor: “Quien está condenado a vivir en un tiempo de usar y tirar, corre el riesgo de olvidarse del pasado y romper su compromiso con el futuro”

Infobae entrevista al poeta, ensayista y director del Instituto Cervantes por la publicación de ‘La mejor edad’, una novela sobre el reencuentro de un hombre con el juez que lo condenó cincuenta años atrás

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Luis García Montero publica 'La mejor edad'. (Montaje realizado por Infobae a partir de una fotografía de Isabel Wagemann)
Luis García Montero publica 'La mejor edad'. (Montaje realizado por Infobae a partir de una fotografía de Isabel Wagemann)

En el tiempo de Luis García Montero (Granada, 1958) caben muchos tiempos. Cabe el tiempo del poeta, el del crítico y el ensayista, así como el del catedrático de Literatura; el del Instituto Cervantes, del que es director desde 2018, el del padre y viudo, el del hombre. Pero, además, en el tiempo de Luis García Montero cabe también el de sus personajes, Ramón María Zaldívar y Manuel Benítez, que cincuenta años después de que uno condenara a prisión al otro vuelven a encontrarse en la barra de un bar.

Esta es la premisa con la que arranca La mejor edad (Tusquets), la novela con la que Luis García Montero regresa a la narrativa tras más de una década. “Uno negocia con el tiempo”, cuando le preguntamos cómo y cuándo la escribió. Lo que ocurre mientras se produce esa negociación es algo que ni él ni sus dos protagonistas pueden controlar. Esos cincuenta años desde la condena que los unió son también los que han pasado desde la muerte de Franco. El paso del tiempo, pues, no les pertenece solo a ellos: en sus recuerdos se mezcla la historia de la sociedad en la que viven.

Así, La mejor edad es una novela que sigue el camino recorrido hasta ese reencuentro en el bar. “La toma de postura, el cambio de las conciencias, la ilusión o el descrédito, el diálogo generacional, el entendimiento entre los jóvenes y las personas más viejas”, enumera García Montero. Todos esos temas, que el autor considera relevantes en el momento actual que viven las democracias, median en la vida de Ramón y Manuel, y todos afloran, tarde o temprano, en la conversación que tienen pendiente.

'La mejor edad', de Luis García Montero. (Tusquets)
'La mejor edad', de Luis García Montero. (Tusquets)

El enfrentamiento entre jóvenes y mayores

Los reencuentros de La mejor edad no parecen posibles en una sociedad como la de hoy. “Vivimos en el instante”, lamenta García Montero. “Parece que solo se le da importancia a lo coyuntural, a lo que mañana tenga repercusión y a las opiniones fugaces, y se carece de la lentitud que se necesita para hacernos dueños de nuestra propia conciencia”. En esta cultura de la rapidez, el escritor observa cómo el diálogo entre pasado y futuro acaba por quebrarse: “Quien está condenado a vivir en un tiempo de usar y tirar, corre el peligro de olvidarse del pasado. Todo acaba convirtiéndose en una invitación a romper también con los compromisos del futuro”.

Esta sociedad es la que, para el escritor, facilita la falta de diálogo entre distintas generaciones. “No comprendemos que quien ha nacido al final del siglo XX o principios del siglo XXI no tiene la misma realidad ni el mismo contexto que quien nació a mitades del siglo XX. Y al mismo tiempo, los jóvenes son muy hedonistas e individualistas: se creen que van a inventarlo todo sin reconocer lo que supone la herencia del pasado”. En ambos casos, García Montero señala la importancia de empezar a tomar conciencia de la realidad democrática que atraviesa el mundo.

“El liberalismo ha intentado convertir el concepto de libertad heredado de la Ilustración. Ya no es el respeto a la diversidad de las conciencias y el respeto a las personas, sino la libertad del más fuerte para hacer lo que le dé la gana. En Estados Unidos se está dando una nueva dictadura de millonarios que se creen con el derecho a saltarse a la torera la justicia internacional y la dignidad humana en favor de sus especulaciones. Hay que ser muy conscientes de lo que falta por conseguir y de lo conseguido. Les ponemos el camino muy fácil a los que quieren borrarlo, no solo para detener avances nuevos, sino para erradicar lo conseguido”.

El escritor Luis García Montero. (Europa Press)
El escritor Luis García Montero. (Europa Press)

Una conversación con el pasado

En la novela, la vida de los personajes encuentra su reflejo en el desarrollo experimentado en España durante los últimos cincuenta años. Ramón, el juez, se educa y desarrolla una carrera judicial en los últimos años de dictadura. Sin embargo, tras la llegada de la democracia, evoluciona, empieza a entender la justicia como una herramienta ordenadora de la realidad y acaba por convertirse en un referente. “Es algo que yo viví de niño. Me eduqué en la España franquista y en la universidad tuve muchos compañeros y maestros encarcelados por su militancia antifranquista. Pasados los años, de pronto leo en el periódico que un dictador como Augusto Pinochet ha sido detenido por intermediación de un juez español”.

En el caso de Manuel, García Montero señala cómo su vida está marcada por las grandes ilusiones. “El futuro parece que va por delante y la transformación en la educación sentimental de la España le permite disfrutar una historia de amor que hubiera sido inconcebible en el machismo de la España franquista”. Pese a ello, vemos en él a alguien que muchas veces se equivoca, que es irresponsable y acaba arriesgando todo lo conseguido, precisamente, por ser incapaz de verlo, lo que le lleva a una crisis por no querer enfrentarse con determinados problemas.

Es en esta crisis donde radica la importancia de conversar con el otro, con el amigo y el enemigo. “Escuchando a los demás en las conversaciones, aprende uno a escucharse a sí mismo. Y lo que es más importante, cuando uno escucha al otro, descubre no solo los errores del otro, sino también los propios”, reflexiona García Montero. “Se mezcla esa necesidad democrática de juntar deberes y derechos”. Las conversaciones salvan a Manuel, de hecho, en distintos momentos de su vida. Solo a través de ellas cierra las heridas del mundo en el que vive y puede permitirse pensar “un mundo distinto”, para él y los demás.

El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, en un desayuno informativo del Foro Nueva Comunicación en el Hotel Mandarin Oriental Ritz. (Diego Radamés / Europa Press)
El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, en un desayuno informativo del Foro Nueva Comunicación en el Hotel Mandarin Oriental Ritz. (Diego Radamés / Europa Press)

Lo que cabe en las palabras

La mejor edad, para García Montero, es aquella en la que finalmente somos capaces de narrar nuestra propia historia sin que las palabras nos produzcan dolor. “En las palabras caben muchas cosas”, afirma. “En un idioma siempre hay mucho más que un vocabulario: los vocabularios están llenos de vida, y la vida depende de la existencia que haya tenido cada uno. Imagínate la palabra igualdad, que en vez del respeto a la diversidad se convierte en la homologación de unas identidades que borran las diferencias para imponerse. Las palabras se llenan de historia y por eso es tan importante tomárselas en serio”.

Aunque no las leamos, en la novela están también las palabras de Almudena Grandes. Quien, poco antes de que la enfermedad se cruzara en su camino, señaló errores y dio algunas indicaciones a su marido, que por aquel entonces ya tenía la historia bastante avanzada. “Después de su muerte intenté volver a la literatura, pero me encontraba con que seguía anclado en los poemas de Un año y tres meses (Tusquets) y que estaba repitiendo el duelo. Entonces se me ocurrió sacar del cajón la novela y tuve la oportunidad de reescribirla con las indicaciones de Almudena”.

Tráiler de 'Almudena', el documental de Azucena Rodríguez sobre Almudena Grandes. (Tornasol Films)

A través del libro, García Montero también ha podido redescubrir “los valores de la narrativa”. “Cuando se genera un contexto narrativo, se potencia la posibilidad de vivir los hechos por dentro, ya no solo desde la propia experiencia de un individuo que puede ser poeta, sino desde la experiencia de muchas gentes que son personajes con su manera de ser y de sentir”. Para Luis García Montero, volver a la novela le ha servido para “pensar en estos cincuenta años de la historia de España intentando comprenderme a mí mismo al indagar en los recuerdos de los demás”.

Cómo ha cambiado Luis García Montero

En el tiempo de La mejor edad caben muchos tiempos. Caben los cincuenta años desde que Manuel y Ramón se vieron también, pero también, otro medio siglo desde que García Montero publicó su primer libro. “Vivir es también reescribirse a uno mismo”, ríe él. “Le debo mucho a mis maestros: Rafael Alberti, Jaime Gil de Biedma, Ángel González. De todos ellos aprendí a mantener mi relación con la historia y a desarrollar una conciencia que me exigiera cuentas con mi propia experiencia. La intimidad es tan histórica como las fechas políticas”.

Las fechas también reflejan un cambio en el escritor: de llegar a la universidad y decidir militar en el Partido Comunista a ser uno de los fundadores de Izquierda Unida; del enfrentamiento abierto contra el sistema en el que nació a la defensa de otro que no quiere ver morir. Todo eso está en su escritura. “Hay que dudar de cualquier ideología que quiera acabar con la libertad, o que quiera convertirla en un enemigo de la igualdad y la justicia. Mi forma de entender la poesía es la de un poeta de la intimidad que sabe que el amor, y que sabe que cuando uno hace historia es cuando dice: ‘Este soy yo, de una manera o de otra’”.