
A lo largo de los últimos meses, los seguidores y analistas de Rosalía han ido diseccionando cada una de las ‘pistas’ que la artista iba diseminando a través de sus redes sociales. Indumentaria ‘blanco inmaculado’ en prácticamente todos los eventos a los que ha asistido, poses en su Instagram con un rosario o referencias a arias místicas en su cuenta de Substack.
Todo este reguero de señales para terminar con la presentación de la portada de su próximo lanzamiento, que tendrá por nombre LUX y en la que aparece caracterizada como una novicia, con un hábito blanco, abrazándose a sí misma bajo una túnica y con un aura monacal, sin los artificios estéticos que hasta el momento la habían caracterizado.
Adiós a la mujer ‘empoderada’
La era de la estética Motomami, en la que abanderó a la mujer ‘empoderada’ y combativa parece haber pasado y con lo que nos encontramos es con una estampa casi trascendental y mística en la que la artista, casi como acto de constricción, se acoge a la sobriedad y el recato después de sus anteriores ‘excesos’.

A toda esta especie de ritual promocional, habría que añadir titulares tan ‘inquietantes’ como el de El Periódico de Cataluña: “Rosalía se une a la Escolanía de Montserrat en su nuevo disco para conectar con la fe”, en un artículo donde se recogen las declaraciones del propio coro de canto litúrgico: “El proyecto habla de la vivencia de Dios. El discernimiento permanente de Dios es algo muy benedictino y ella, además, lo hace además a través de la música”.
Para rematar, la propia Rosalía ha declarado hace poco: “Dios es el único que puede llenar los espacios si tú tienes la predisposición, la actitud y la manera de abrirte para que eso pueda pasar”.
Sin atisbo de ironía o espíritu subversivo
Estamos, pues, muy alejados de la ironía, de la crítica a la Iglesia y a su simbología, como hizo Madonna en Like a Prayer. Estamos lejos del espíritu combativo de directores, como Pedro Almodovar, que se atrevieron a desafiar los tabúes en películas como Entre tinieblas. En el caso de Rosalía no encontramos un ápice de sátira, sino más bien de reivindicación.
El estreno, precisamente esta semana, de la película Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, en la que una adolescente decide entrar en un convento de clausura (la distribuidora no ha tenido reparo en establecer una comparación con la portada de Lux), se suma a un clima reaccionario que lleva mucho tiempo instalado en nuestra sociedad y que, poco a poco, ha ido calando a través de las redes sociales.

El giro hacia el recato y la espiritualidad han sido interpretado por algunos sectores como una concesión a la ola conservadora ideológica y que, dentro de la cultura pop, se reflejaría en fenómenos como el ‘neopuritanismo’ y el ‘nuncore’. Dos conceptos que se han convertido en la oposición al feminismo y que parecen encontrarse en sintonía con toda ese auge de ‘influencers’ y ‘fachatubers’ que están inoculando el germen de la extrema derecha en las nuevas generaciones.
El giro conservador de la Generación Z
Diversos estudios han alertado sobre el giro monacal que está tomando la Generación Z, algo que tiene que ver con los nuevos tipos de censura, con la recesión sexual y el regreso de la dictadura de lo políticamente correcto. Cada vez hay más jóvenes xenófobos, homófobos, que vuelven a adorar la simbología fascista y, por supuesto, son votantes de Vox.
Todo ese clima reaccionario que estamos atravesando nos lleva a pensar en si, todas estas manifestaciones de la cultura popular, aparentemente inocentes, no vienen a refrendar, precisamente, el giro hacia catolicismo más rancio que pensábamos desterrado de nuestra sociedad.
En ese sentido, en un artículo de El Confidencial se hablaba de que, la Comunidad de Madrid contaba con más de 1.100 templos evangélicos y que se abría uno nuevo cada cuatro días. Además se había duplicado el número de parroquias católicas.

En medio de este clima, también se han convertido en fenómeno el pop eclesiástico con grupos como Hakuna, capaz de congregar a más de 30.000 personas (incluido el alcalde José Luis López-Almeida y su mujer Teresa de Urquijo). “El cristianismo no es una religión, es una relación con Jesús”, es uno de sus lemas.
En una reciente entrevista prepromocional de Rosalía en el pódcast Radio Noia ha rematado con la siguiente declaración: “Ahora mismo estoy single, ¡volcel! Celibato voluntario".
El término ‘volcel’, en efecto, se refiere a aquellas personas que deciden de manera consciente no mantener relaciones sexuales, ya sea por un periodo determinado o como estilo de vida. Como una forma de reforzar su identidad. ¿Y quiénes son ‘vocels’? Por ejemplo, los ‘incels’.
De las uñas kilométricas al rosario
Si tenemos en cuenta que Rosalía ha marcado tendencia a lo largo de su trayectoria hasta incluso normalizar en las mujeres el uso de las uñas kilométricas, quizás ahora Inditex lance una colección de hábitos eclesiásticos y las jóvenes se lancen en masa a las iglesias a rezar. Es una posibilidad nada descabellada según los tiempos que vivimos.
¿Realmente Rosalía ha reflexionado sobre todo lo que implica esta estrategia promocional? ¿Es consciente del peligro de reivindicar toda esa iconografía rancia en tiempos del ascenso de Vox y de los partidos de ultraderecha en el resto del mundo?
Sí, es cierto que la utilización de elementos religiosos en la obra de Rosalía no es novedosa. Desde su debut con Los Ángeles, la artista ha incorporado referencias a rituales y símbolos católicos, tanto en lo visual como en lo musical.
En El mal querer, la portada la mostraba como una Virgen, y en sus letras abundan coros, salmos y oraciones, así como guiños visuales como el nazareno en patinete del videoclip de Malamente. Sin embargo, en Lux la apuesta por la iconografía católica se intensifica y se sitúa prácticamente en el centro de todo. Es inevitable pensar que, en esta ocasión, quizás no era el momento para este giro espiritual cuyas lecturas resultan de lo más peligrosas.
La publicación de Lux el 7 de noviembre permitirá comprobar hasta qué punto esta apuesta estética y simbólica responde a una convicción personal o a una estrategia de posicionamiento en una industria cada vez más polarizada. En cualquier caso, por el momento, todas las referencias no parecen invitar precisamente a la subversión.
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