La historia del cine está llena de grandes personajes deportivos, pero probablemente ninguna disciplina haya aportado más héroes a la causa que el mundo del combate: Rocky Balboa, Jake LaMotta, Maggie Fitzgerald, Muhammad Ali, Jim Braddock, Micky Ward, los B o Apollo Creed. Algunos reales, otros ficticios, todos han ido pintando un gran lienzo en torno a la épica de subirse al ring, y la desgracia una vez que se bajan de él. Un cuadro al que ahora pretende hacer una nota aparte The Smashing Machine, inspirándose en la vida real de un luchador que popularizó su disciplina y al que ahora encarna un Dwayne Johnson dispuesto a darlo todo.
La Roca es precisamente el hombre sin el cual no se podría entender este proyecto. El actor, quien tuvo un pasado de sobra conocido en el ring como luchador profesional para la World Wrestling Entertainment (WWE), llevaba años detrás de un papel así, en el que pudiese lucir no solo su exultante físico, sino también unas cualidades dramáticas casi inéditas hasta ahora en su filmografía. Su búsqueda personal se cruzó en la de Benny Safdie, actor en películas como Oppenheimer y cineasta junto a su hermano Josh, con el que había realizado hasta ahora títulos como Heaven knows what, Good time o Diamantes en bruto, la más aclamada y en la que también sacaron de su zona de confort a otro gran actor como Adam Sandler.
Ello explica que tengamos en The Smashing Machine hasta tres historias personales personificadas en una sola, la de la tercera pata: Mark Kerr. El auténtico luchador en el que se centra esta película y que incluso realiza un pequeño cameo ya contó su historia en gran medida en el documental homónimo producido por HBO en 2002, aunque la película pretende ficcionalizar algunos hechos y ahondar en algunas cuestiones con la ayuda del paso del tiempo. En definitiva, un relato que pretende retratar a uno de los hombres que popularizó el campo en el que ahora brilla Ilia Topuria, pero también desmitificar el mundo de la lucha libre.

Las contradicciones del mundo de la lucha libre
La película toma como punto de partida a un Kerr en pleno auge, posicionándose como uno de los mejores luchadores de su generación y aspirando al título de artes marciales mixtas dentro de los PRIDE Fighting Championships, la organización con sede en Japón que se encargaba de albergar estos encuentros de un deporte en vías de popularización en occidente. La película documenta aquellos viajes de Kerr junto a su entrenador, el también luchador —y ocasionalmente rival— Mark Coleman, pero sobre todo junto a su pareja Dawn Staples (Emily Blunt).
The Smashing Machine juega precisamente a invertir la tensión entre el ring y el hogar de Kerr, donde se viven sus auténticas batallas tanto con su esposa como con su adicción a los opiáceos. Del otro lado, sus peleas están rodadas sin épica ninguna, concentrándose en cómo encaja los golpes y cómo se comporta su cuerpo después de cada combate. Entre medias, la película tampoco rehúye a retratar cómo de frías pueden llegar a ser las interacciones de Kerr con los organizadores del evento y, sin embargo, hay espacio para la amistad y honestidad entre luchadores —tanto con Coleman como con su rival Igor Vovchanchyn—. La cruda y superficial realidad de una disciplina que sacrificó a unos cuantos antes de convertirse en lo que es hoy, pero en la que siempre hubo espacio para una ayuda amiga.

Dwayne Johnson, del cinturón al Oscar
Más allá de las evidentes contradicciones que plantea la película en cuanto a su forma de desmitificar la lucha libre y mostrar su cara menos amable con una historia tan canónica como la de Kerr, lo cierto es que The Smashing Machine cumple su primer y último propósito: ser un vehículo de lucimiento tanto para su director —quien se aleja con este filme del estilo que había caracterizado su trabajo junto a su hermano— como especialmente para su actor protagonista.
“Esta transformación era algo que tenía muchas ganas de hacer. He tenido mucha suerte de tener la carrera que he tenido a lo largo de los años y de hacer las películas que he hecho, pero había una vocecita dentro de mí que me decía: Bueno, ¿y si pudiera hacer más? Quiero hacer más, ¿cómo sería eso?”, revelaba Johnson a la conclusión del Festival de Venecia, de donde la película salió aupada con el León de Plata a Mejor director. Ahora el actor espera seguir los pasos del director y apunta a los Oscar como uno de los grandes candidatos. Irónicamente, probablemente tenga enfrente a otro rival, amigo y hermano: Marty Supreme, la película de Josh Safdie con Timothée Chalamet como un campeón de ping pong. Sea como sea, el deporte sigue regalando grandes historias y personajes.
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