Es 1946. Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial son patentes en los países más perjudicados por el conflicto. Italia experimenta una época de reconstrucción marcada por la pobreza y el hambre, lo que obliga a muchos padres a tomar una difícil decisión: permanecer al lado de sus hijos, pese a que la destrucción y devastación de la zona les condenará a una infancia y juventud de sufrimiento, o enviarlos al norte con familias temporales, donde las oportunidades de futuro son más numerosas y podrán crecer en un entorno de mayor esperanza.
Esta es la historia de El tren de los niños (Il treno dei bambini), que ha llegado recientemente a Netflix, en una época en la que la plataforma de streaming se tiñe de rojo y verde para dar la bienvenida a la Navidad. Esta historia, sin embargo, se aleja de los abetos decorados, los jerséis temáticos y los villancicos, sumergiéndonos en una historia de sacrificio, pero también de amor incondicional, lo que convierte la película italiana dirigida por Cristina Comencini en un buen título para disfrutar estas vacaciones.
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Basada en la novela homónima de Viola Ardone, publicada en 2019 y traducida a 36 idiomas, El tren de los niños narra el proceso de adaptación que Amerigo (interpretado por Christian Cervone), un niño de siete años, debe llevar a cabo lejos de su hogar. Vivía con su madre Antonietta (Serena Rossi) en Nápoles, en el sur del país, donde la pobreza y la destrucción de las ciudades ha convertido la zona en un lugar inhóspito, en especial para los más pequeños. Por esta razón, su madre toma la decisión de inscribir a su hijo en el programa “Trenes de la felicidad”, que llevará a estos niños al norte del país, donde serán educados, alimentados correctamente y acogidos por familias temporales. Pese a la difícil decisión de separarse, Antonietta sabe que es lo mejor para que Amerigo crezca en un buen entorno. En esta nueva experiencia en la Italia de posguerra, Amerigo encontrará el cariño de Derna (Barbara Ronchi), la mujer que lo aloja temporalmente, pero sin desprenderse del hogar al que desea volver lo más pronto posible, pese a que por primera vez en su vida no tiene que convivir con el hambre y la pobreza.
Una segunda oportunidad para los niños italianos
Esta emotiva historia, que se acerca a la pérdida, al amor incondicional y a las encrucijadas emocionales, refleja las historias reales de miles de niños que a mediados del siglo XX abandonaron sus hogares en un tren que perseguía nuevas oportunidades. Italia había participado fervientemente en la Segunda Guerra Mundial junto con Alemania y Japón, formando las tres naciones el bando de las Potencias del Eje. Tras la victoria de los Aliados, que lucharon contra el nazismo alemán, el fascismo italiano y el estatismo japonés, estos países se enfrentaron a una posguerra marcada por la destrucción y la devastación.
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Las ciudades del sur de Italia contaban con una gran escasez de recursos, lo que contrastaba con la situación en el norte. Por esta razón, entre 1945 y 1952, el Partido Comunista Italiano y la Unión de Mujeres Italianas pusieron en marcha una iniciativa que buscaba aliviar el sufrimiento de los niños de las zonas más pobres: los “Trenes de la felicidad” trasladaron a unos 70.000 niños como Amerigo al norte de Italia, separándolos de sus familias, pero permitiéndoles acceder a una educación, una alimentación y una estabilidad de calidad.
En estos hogares temporales, los niños y niñas que no conocían otra realidad que la escasez de alimentos, la pobreza y los estragos del conflicto bélico pudieron encontrarse con nuevas realidades que les permitieron mejorar considerablemente su calidad de vida. De esta manera, El tren de los niños, que puede disfrutarse en Netflix, nos enfrenta a una realidad cruda, pero también a sentimientos tan sinceros como al amor incondicional o la solidaridad.
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