Agregar Infobae enGoogle

Cuando volver a tomarse el café en el bar se convierte en algo extraordinario

Guardar

Pilar Martín

Madrid, 29 jul (EFE).- Ver a los niños jugar en la calle, encender la cafetera para recibir a los primeros clientes, u hornear esas magdalenas por las que muchos madrileños hacen kilómetros, esto es lo que han vuelto a hacer con "alegría" este miércoles los vecinos de Navalagamella y Zarzajelo, dos de los 10 pueblos evacuados por el incendio de la sierra norte que ayer volvieron a retomar su vida.

PUBLICIDAD

Son conscientes de la suerte que han tenido, ya que el viento giró su rumbo, pero no por ello los 3.000 habitantes de Zarzalejo y los 3.600 de Navalagamella han dejado de vivir en su piel ese miedo paralizador ante la incertidumbre de cómo estaría su casa, su negocio, la plaza o el mirador desde donde se otea ese mar de encinas y pinos, y ese horizonte por el que han vuelto a volar los milanos reales.

"Vinieron primero el alcalde y la concejala y nos lo dijeron. Y dijimos que no nos íbamos, pero nos dijeron que no había más remedio que marcharse. Entonces ya vino la Guardia Civil y dijo que si no, nos llevaban detenidos", cuenta a EFE Chelo, propietaria junto a su marido del bar La Posada, situado en la plaza de Zarzalejo.

PUBLICIDAD

Y mientras Chelo recuerda este momento, es uno de sus clientes, Isidro de la Fuente, quien relata cómo él estaba jugando la partida en el bar y le echaron, así que se fue a casa, cogió lo "mas preciso" y se fue a Madrid con su familia.

Pero ahora, y con el pensamiento puesto en sus vecinos de localidades que sí han sido devastadas por el incendio de la sierra oeste madrileña, ambos coinciden en que: "La vida sigue".

No muy lejos de esta "parroquia", como así son los bares en los pueblos, está el Ayuntamiento, donde a su alcalde, Rafael Herranz, aún se le nublan los ojos con lágrimas al recordar la tristeza y preocupación del desalojo, pero también al revivir la alegría de ayer, cuando por la tarde retornaron a su verano, esa época cargada de vitalidad que se ha convertido en uno de los "peores" momentos de su vida.

"Hemos pasado ya bastantes momentos malos, pero bueno, aquí estamos y contándolo", reconoce emocionado y con pocas horas de sueño, porque si algo han hecho los alcaldes de los municipios afectados es estar en continúo estado de alerta para informar y ayudar a sus vecinos.

Así lo hizo también el alcalde de Navalagamella, Andrés Samperio Montejano, quien ordenó "blindar" el pueblo durante esa "pesadilla" -que comenzó en la madrugada del pasado viernes al sábado- y que acabó anoche cuando vio que los niños estaban de nuevo jugando en las calles.

Además de proteger su pueblo de "indeseables que utilizan estos momentos para robar", Samperio no se lo pensó dos veces y lo primero que hizo tras la orden de evacuar fue ir a su despacho y a la iglesia. Al primero fue a coger varios libros del siglo XVI que posee el consistorio y al segundo a rescatar la talla de San Miguel.

A partir de ahí, el desalojo fue "como en las películas, que empiezan a llegar camiones y camiones", y él pensó: "Ahí está el pueblo español, que cuando las tenemos mal dadas viene", rememora.

"Nadie se quejó, nadie presentó el más mínimo rechazo y fue una maravilla", ha destacado Samperio sobre la ejemplar evacuación por parte de los vecinos de la localidad, que actuaron "con orden y rapidez".

Algo que sucedió así, y que dio paso a otra "obsesión", que su gente volviera "cuanto antes": "Conozco a los vecinos y más a la gente mayor, y estaban deseosos de venir a sus hogares", confiesa.

Con la normalidad poco a poco regresando, aunque de un modo silencioso por si esa bestia vestida de fuego no cesa, estos vecinos ahora miran con preocupación la situación de las personas que han perdido sus casas, pero sobre todo la situación de ese monte que tan bien conocen y respetan.

"Lo van a pasar muy mal", lamenta Chelo detrás de su barra, quien tiene claro que las casas "volverán" a ser construidas, pero, ¿qué pasa con el campo?.

"El monte hay que limpiarlo, no hacemos nada y no nos dejan hacer nada. Vas a coger una piña y te denuncian, y antiguamente no era así, antiguamente limpiaba sus prados, no es como ahora (...) La gente del pueblo es la que sabe esto de toda la vida", zanja mientras observa cómo entra otro cliente al bar. EFE

(vídeo)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD