Bubista, del carnaval de Badajoz al Mundial contra España

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Juan José Lahuerta

Madrid, 11 jun (EFE).- Hay historias que el fútbol guarda en un cajón durante décadas para sacarlas cuando nadie las espera. Historias pequeñas que un día, sin previo aviso, se vuelven gigantes. La de Pedro Leitäo Brito, Bubista, actual seleccionador de Cabo Verde y primer rival de España en el Mundial, pertenece a esa categoría.

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A mediados de los noventa pasó por Badajoz un futbolista caboverdiano del que apenas quedó rastro estadístico. Dos partidos en Segunda División, seis meses de estancia y una despedida silenciosa. Uno más de tantos jugadores que cruzan el fútbol español sin hacer ruido. O eso parecía.

Treinta años después, aquel mediocentro defensivo que llegó a Extremadura buscando una oportunidad se sentará en el banquillo de Cabo Verde para dirigir a su selección en un Mundial. Y el primer rival será España. El fútbol, a veces caprichoso, ha querido cerrar así el círculo.

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Bubista, apodo heredado de la isla de Boa Vista, ha llevado a Cabo Verde a una hazaña inédita. Por primera vez en su historia, el país africano disputará una fase final mundialista. Lo logró además con autoridad, ganando el grupo D de la clasificación africana por delante de Camerún, Libia, Angola, Mauricio y Suazilandia.

Y entonces apareció el guiño del destino. España aguardaba al otro lado. Porque fue precisamente aquí donde comenzó la historia conocida de Bubista como futbolista profesional. Las bases de datos no registran experiencias anteriores. Sí las posteriores. Pero el primer rastro documentado conduce al viejo Badajoz de la temporada 1995-1996.

Tenía 25 años cuando aterrizó en el club blanquinegro durante el mercado de invierno. El equipo necesitaba refuerzos para sostener su ambición y encontró en él un jugador capaz de actuar como mediocentro defensivo. Sin embargo, la competencia era feroz y las oportunidades escasas.

Su expediente español cabe en una línea. Un partido completo en la victoria ante el Getafe (0-3), correspondiente a la jornada 36, y unos minutos en el triunfo frente a Osasuna (2-1), una semana después. Nada más. Pero el fútbol no siempre mide la huella de las personas por los minutos jugados.

Aquel Badajoz era un equipo con alma de familia. Durante tres temporadas rozó las eliminatorias de ascenso a Primera y conservaba un núcleo de futbolistas que habían crecido juntos desde categorías inferiores. Entre ellos estaba Tito Vilanova, después segundo de Pep Guardiola y entrenador del Barcelona. En ese ambiente encontró acomodo Bubista.

Juan Antonio Rodríguez, Rodri, capitán y central titular de aquel equipo, todavía lo recuerda. "Nuestro entrenador era Colin Addison, que entrenó al Celta y fue segundo de (Ron) Atkinson en el Atlético de Madrid. Estábamos en Segunda División. En el mercado de invierno necesitábamos refuerzos y Bubista vino como medio centro defensivo. Sólo jugó un par de partidos porque por delante tenía a un jugador como (Josep María) Sala que venía del Albacete de Primera División", dice a EFE.

Así quedó atrapado entre las necesidades del equipo y la jerarquía del vestuario. Pero quienes compartieron aquellos meses con él conservan una imagen nítida.

"Era un futbolista fino, muy fibroso, fuerte. Destacaba en el aspecto defensivo. Iba bien de cabeza y bien al corte. Además, era un poquito tímido, era la primera vez que salía de Cabo Verde. Después, tampoco tuvo una carrera fuera. Probó cuando vino para acá y como las cosas no salieron como quería, volvió a África", agrega.

Y así fue. Su aventura española duró apenas unos meses. Después jugó cinco años en el Aviaçao de Angola, uno en el Estoril portugués y terminó su carrera en 2006 en el Falçoes do Norte de Cabo Verde.

Nada hacía sospechar entonces que aquel joven de tirabuzones en el pelo acabaría conduciendo a su país hasta un Mundial: "Me sorprendió porque es una selección desconocida. Sigo un poco el fútbol a través de la prensa. Pero no tenía ni idea de quién era el entrenador, hasta que miré y le reconocí. Ha cambiado el peinado, pero se nota que es él", apunta Rodri.

Tampoco acompañó la fortuna deportiva en Badajoz. Aquel curso el equipo terminó sexto, empatado a puntos con el Extremadura. La diferencia particular de goles dejó fuera a los pacenses de una promoción de ascenso que sí disputó su vecino. Bubista se marchó sin celebrar el sueño de Primera.

Pero Rodri guarda un recuerdo mucho más humano que cualquier clasificación: "Iba solo andando por la calle, con su disfraz. Se unió a nosotros y estuvo toda la noche de fiesta con el equipo".

La escena parece sacada de otro tiempo. Un futbolista recién llegado, solo en una ciudad desconocida, caminando disfrazado durante los carnavales de Badajoz hasta encontrarse con sus compañeros. Una imagen modesta, casi insignificante. Como tantas que el fútbol acumula y que parecen condenadas al olvido.

Ahora Bubista se prepara para vivir otra fiesta: un Mundial. Allí estará, sentado frente a España, representando a un país que nunca había llegado tan lejos. Y cuando suene el himno de Cabo Verde, quizá nadie recuerde aquellos dos partidos en Segunda División, ni aquel invierno extremeño, ni aquella noche de carnaval. Pero estarán ahí porque el fútbol tiene memoria y porque a veces tarda tres décadas en contar el final de una historia. EFE

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