Fernando Pérez Soto
León, 7 jun (EFE).- La lateral derecha Mireya González, que el próximo julio cumplirá 35 años, después de una larga y exitosa carrera en diferentes clubes extranjeros -Francia, Hungría o Rumanía- considera, en una entrevista con EFE, que al balonmano femenino español le siguen faltando "leyes, apoyo institucional e incentivos", para equipararse a otros países europeos.
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"Deseo que el balonmano en España se profesionalice todo lo posible y que reciba un apoyo económico e institucional mucho mayor, como ocurre con otros deportes, porque se han dado pasos, pero siguen siendo insuficientes y cuando me fui hace unos 15 años, como muchas otras jugadoras, han cambiado cosas, pero seguimos lejos de las mejores ligas europeas y las jugadoras que destacan todavía tienen que salir para encontrar buenas condiciones", afirma.
En su radiografía reclama "dedicar más energía a crear estructuras fuertes y a ayudar a los clubes a crecer, porque, aunque a veces se ha criticado a quienes nos fuimos fuera, incluso llamándonos mercenarias, muchas tuvimos que emigrar para poder vivir el balonmano de manera profesional y eso debería hacer reflexionar", explica.
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González, que acaba de poner el colofón a una trayectoria en la que ha conquistado los principales títulos continentales de clubes, unido al mayor éxito de las 'Guerreras' con la plata mundialista, tras formarse en León en el colegio Maristas y el CLEBA, decidió buscar otros destinos más ambiciosos, primero en el Alcobendas, para muy joven -21 años- iniciar un cambio al extranjero del que ya no volvió como jugadora.
"Cuando me fui a Francia, al Mios, tenía una oferta muy parecida de un club importante en España, como Bera Bera -dominador en la actualidad-, pero en aquel momento sentía que la liga española estaba perdiendo fuerza y profesionalidad, en parte por la situación económica y, como cualquier profesional, buscaba competir al máximo nivel y seguir creciendo, y Francia me ofrecía eso en ese momento", comenta.
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Con el conjunto francés conquistó su primer título europeo -Challenge Cup-, para después engrandecer el palmarés con los más importantes, ambos en clubes húngaros, la Liga de Campeones con Győr y la EHF Cup con Siófok, para empezar un periplo que, posteriormente, le llevó a la liga rumana, en la que se ha despedido.
Al margen de sus logros de club, con la selección también se ganó un espacio en las grandes citas, europeos, mundial y dos Juegos Olímpicos -Tokio 2020 y París 2024-, aunque con las 'Guerreras' viviera también diferentes etapas.
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"Desde que jugué mi primer gran campeonato con la selección en 2016, tuve la suerte de tener bastante continuidad, salvo momentos muy puntuales y, sobre todo, por lesiones y, en la última etapa con Ambros -Martín-, claro que me habría gustado terminarla de otra manera, rendir mejor y corresponder más a la confianza que me dio, como también tenía muchas ganas de que a él le fuera bien con la selección", subraya.
De cara al futuro augura unas expectativas esperanzadoras, ya que ve en el equipo nacional "talento y trabajo" y se mostró "segura de que llegarán buenos momentos".
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"Aunque las transiciones generacionales no son fáciles, hay jugadoras con capacidad para construir una etapa bonita si se les da tiempo, estabilidad y confianza", resumió. EFE
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