Spissu, el héroe sardo con rasmia aragonesa que ya es historia del baloncesto español

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Marcos Díaz

Zaragoza, 30 may (EFE).- El triple sobre la bocina que Marco Spissu anotó el viernes ya es historia del baloncesto español, una canasta en el último segundo que salvó al Casademont Zaragoza y que ejecutó un héroe sardo que nunca dejó de creer, impulsado por eso que en Aragón llaman rasmia, es decir, puro coraje y fuerza de voluntad.

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Porque Spissu (Sácer, Italia, 1995) ha demostrado a lo largo de su carrera ese tesón tan valorado a orillas del Ebro, cuya máxima representación la ilustró el viernes la última jugada del partido contra el Río Breogán, cuando los rojillos perdían por tres puntos a falta de cuatro segundos para el final.

Con ese escenario, muy pocos esperaban el milagro mayúsculo que transformó el italiano, con la colaboración necesaria de Trae Bell-Haynes y quién sabe si propiciado por algún factor sobrenatural, pero en lo que dura un parpadeo, el italiano clavó el triple y el drama se convirtió en júbilo en la capital aragonesa, que seguirá un año más en la ACB.

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Sin embargo, el camino del base no ha sido fácil y en su periplo ha tenido que tirar más de una vez de esa rasmia para afrontar adversidades como el rechazo de un grande español, el Unicaja Málaga, o abandonar un club a causa de conflictos bélicos.

Nacido en la isla de Cerdeña, antiguo dominio de la Corona de Aragón, Spissu es fruto de las categorías inferiores del equipo de su ciudad, el Dinamo Basket Sassari, con el que debutó en 2011 y en el que se asentó a partir de 2017, tras jugar cedido en varios conjuntos transalpinos.

En ese periodo ya hizo ruido en la Lega con hitos como ser nombrado MVP de las finales de Copa con el Virtus Bolonia (2016-2017) y, en su regreso a su club de origen, dos años después, alzó la Copa Europea de la FIBA (2018-2019).

Las cualidades del base, zurdo, temperamental, talentoso y con una altura de 1,84 metros, llevaron a que un grande español, el Unicaja Málaga, llamara a su puerta en el verano de 2021, después de haber registrado en la campaña anterior una media de 12,7 puntos, 5,4 asistencias, un 42,1 % de acierto en triples y 15,9 de valoración.

Sin embargo, el fichaje de Spissu se frustró al no superar el reconocimiento médico y, en ese mismo mercado estival, su siguiente parada fue el UNICS Kazán de Rusia, escuadra que, en otro giro más del destino, decidió abandonar tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.

En el verano de ese año se incorporó al Reyer Venezia, club italiano en el que permaneció dos campañas para recalar en la temporada 2024-2025 en el Casademont Zaragoza.

Habitual con la selección, fue olímpico en Tokio 2020 y a partir de entonces ha acudido con el combinado italiano a torneos como los EuroBasket de 2022 y 2025 y la Copa del Mundo de 2023, donde promedió 12,1 puntos, 3,5 rebotes y 5,1 asistencias por partido.

En el conjunto aragonés ha dejado desde que llegó muchas muestras de su carácter y como rojillo promedia 22 minutos, 8,1 puntos, 1,8 rebotes, 4,1 asistencias y una valoración de 8,9, además de un acierto del 48,2 % en tiros de dos y del 36,1 % en triples.

En la temporada que ahora termina, su rendimiento bajó ligeramente respecto a la anterior, si se atiende a las cifras, quizá fruto del rendimiento general de un equipo que ha jugado con fuego y que se ha salvado 'in extremis'.

De hecho, el propio Spissu admitió en marzo que no le gustaba cómo estaba jugando y destacó que podía "dar más", un desempeño mayor que, advirtió entonces, no era fácil ofrecer cuando el equipo en su conjunto tampoco estaba dando el máximo.

Sin embargo, el triple del viernes lo ha incluido de inmediato en las páginas de oro del Casademont, club que podrá cumplir la temporada que viene en la ACB, y no en la segunda categoría, sus 25 años de historia gracias a esa canasta prodigiosa.

Un triple extraordinario que malacostumbra a los milagros a la afición aragonesa, que el viernes pareció revivir, versión baloncestística, aquel gol de Nayim que permitió al Real Zaragoza alzar en París la Recopa de 1995. EFE

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