La música de la pandereta se resiste a morir y vive con fuerza en las nuevas generaciones

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Javier G. Paradelo

Torrelavega (Cantabria), 26 may (EFE).- La pandereta ha marcado desde tiempos inmemoriales el ritmo de la fiesta y la música popular, siempre vinculada a los bailes de romería, un instrumento que vive un momento de recuperación con las nuevas generaciones en las escuelas de folclore.

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En los últimos tiempos, proliferan los cursos de pandereta, baile tradicional, canto, rabel, gaita, tambor o jota montañesa en varios municipios, enraizando estos aprendizajes en la programación cultural local.

Como ejemplo, en la escuela de folclore de Torrelavega (Cantabria) están matriculadas unas 80 mujeres en la especialidad de pandereta además de unas 20 niñas, de ahí que no es rara la celebración de encuentros de pandereteras en distintos pueblos, donde se han llegado a reunir más de 200 participantes.

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Una de las pandereteras más populares de Torrelavega, con más de 30 años tañendo este instrumento, Pilar Fernández, constata para EFE una realidad que conoce de cerca: la pandereta “está de moda” aunque el futuro del instrumento pasa por asumir que aprender a tocarlo requiere tiempo.

Advierte contra la idea de que se trata de un instrumento sencillo, pues aunque no exige saber solfeo sí tener oído, constancia, técnica y paciencia, y eso es lo que intenta transmitir junto a otras compañeras profesoras en escuelas de folclore de toda la región.

Integrante del grupo Panderetas de Barrio, Pilar explica que uno de los primeros obstáculos para dominar este instrumento suele ser el llamado “resbalón”, ese gesto que al principiante se le resiste y que, asegura, acaba saliendo cuando se deja de forzar y se incorpora de manera natural.

Entre los toques más sencillos para quienes comienzan con este instrumento cita el de “picayo” y entre los que requieren más destreza y años de experiencia está el “ligero”, aunque insiste en que “no hay que tirar la toalla nunca”.

Pilar Fernández resume que la pandereta era “el instrumento fundamental para el baile en los pueblos” y recuerda cómo a la salida de misa la gente se reunía para tocar, bailar y compartir el principal divertimento de la época, aunque “el cura siempre vigilando la moral del baile”, señala.

Aquel baile cumplía también una función social pues en muchos pueblos era uno de los pocos espacios de encuentro entre jóvenes, un lugar donde se miraba, se bailaba y se podían iniciar relaciones.

En las romerías, el baile era uno de los elementos fundamentales de la fiesta y en comarcas como Campoo se distinguían modalidades como el baile “a lo alto” o “a lo ligero”, de ritmo vivo, y el baile “a lo bajo” o “a lo pesado”, más pausado y próximo a la jota.

Durante décadas, las coplas de las pandereteras hablaban de amor, celos, sátira, humor y acontecimientos del pueblo, y la figura habitual no era la del grupo numeroso de pandereteras, sino una o dos mujeres que tocaban y cantaban.

Esa imagen coincide con la descripción de la tradición recogida en estudios y textos divulgativos, ya que las tocadoras animaban los días de fiesta, elevaban la voz por encima de las sonajas y guiaban a los bailadores, hasta el punto de que la pandereta marcaba cuándo mudar el paso, cuándo girar y cuándo terminar.

Ese carácter popular explica que la pandereta no haya sido solo un instrumento musical, sino una forma de contar la vida cotidiana, a la que en los últimos años se han unido grupos de pandereteros, y cada vez más hombres se acercan a un instrumento que en Cantabria estuvo históricamente asociado a la mujer.

Ejemplo de que la pandereta no es pieza de museo, sino un instrumento vivo, capaz de reunir, enseñar y emocionar, es que en las últimas décadas ha pasado de la tradición local a escenarios de mayor proyección.

Fernández recuerda colaboraciones de su grupo de pandereteras con la Coral Salvé de Laredo, la participación en la Misa Popular Cántabra, trabajos con Luétiga y Cahórnega, y actuaciones junto a Kepa Junkera, incluida la presentación de uno de sus discos en la Plaza Nueva de Bilbao.

La pandereta cántabra mantiene también rasgos propios frente a otras que se utilizan en lugares como Galicia o Asturias tanto en la forma de tocar como en el propio instrumento.

Recuerda que en Cantabria se mueve mucho la mano de la pandereta y también la mano libre, mientras que en Galicia esta última permanece más estática.

Además, las sonajas cántabras suelen ser más pequeñas y, en algunos casos, de una sola fila, frente a modelos gallegos o asturianos con sonajas mayores y de dos filas. EFE

jgp/mg/ros

(Foto) (Vídeo)

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