Nahia Peciña
Madrid, 17 may (EFE).- En plena Gran Vía madrileña, entre el tránsito constante de turistas y el pulso incesante del centro de la capital, se levanta uno de los centros neurálgicos de la nueva industria aeroespacial española que ha logrado un hito inédito en el país: convertirse en la compañía española con más satélites lanzados al espacio.
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Detrás de este logro se encuentra FOSSA Systems, una empresa que, en apenas unos años, ha pasado de ser un proyecto impulsado por un adolescente de 16 años a una compañía con más de medio centenar de empleados, presencia internacional y una ambición clara, “democratizar el acceso al espacio”.
Así lo ha explicado a EFE su fundador y consejero delegado, Julián Fernández (23 años), quien ha detallado que la fascinación tecnológica, la curiosidad científica y la idea de “miniaturizar la tecnología espacial hasta hacerla accesible” fueron los propulsores de la compañía.
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El nacimiento de FOSSA Systems se remonta a la adolescencia de su fundador, cuando, con apenas 16 años, Fernández desarrolló el primer picosatélite español, el FOSSASAT-1, un proyecto que logró financiación mediante crowdfunding y que acabó siendo lanzado al espacio en diciembre de 2019 desde Nueva Zelanda.
Aquella primera experiencia no solo validó la tecnología, sino que sentó las bases de lo que después se convertiría en una empresa industrial con capacidad de fabricación, lanzamiento y operación de satélites propios.
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Hoy, FOSSA ha puesto alrededor de 25 satélites en órbita baja (LEO), a unos 500 kilómetros de la Tierra, lo que la sitúa como la empresa española con mayor número de satélites lanzados.
La empresa se define como un polo de talento especializado que ha conseguido atraer y “repatriar” ingenieros y científicos españoles que habían salido al extranjero. “Es un pequeño Silicon Valley en Madrid”, afirma Fernández.
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A través de su plantilla de ingenieros aeroespaciales, informáticos, doctores e investigadores jóvenes, la compañía pretende seguir creciendo y ampliando su constelación de satélites hasta alcanzar una red global de conectividad.
Y es que, en apenas unos años, FOSSA Systems ha pasado de ser un experimento juvenil a una empresa con más de 50 empleados, presencia en varios países y acuerdos internacionales estratégicos.
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En este sentido, aunque la sede principal está en Madrid, la empresa cuenta con delegaciones de I+D+i en Portugal y ha iniciado su expansión internacional con la apertura reciente de una oficina en Tokio, ya que Japón se ha convertido en un punto estratégico dentro de la expansión hacia Asia, especialmente tras la firma de un acuerdo con la corporación Kanematsu para proyectos en el ámbito aeroespacial y de defensa.
“Hemos pasado de un proyecto en un dormitorio a una empresa que lanza sus propios satélites, demostrando que la soberanía tecnológica es posible con talento y visión”, resume su fundador.
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Por otro lado, uno de los elementos diferenciales de FOSSA es su modelo integrado, ya que la compañía diseña, fabrica y opera sus satélites, además de gestionar estaciones de tierra y dispositivos IoT.
La tecnología de FOSSA ha encontrado aplicaciones que, según su fundador, en ocasiones sorprenden incluso dentro de la propia empresa.
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“Hemos tenido casos desde conectar aseos portátiles de festivales hasta la trazabilidad de cerdos ibéricos de bellota”, ha relatado.
En el primer caso, sensores instalados en estructuras móviles permiten conocer su ubicación en tiempo real, mientras que en el segundo, collares con conectividad satelital permiten certificar la localización de animales en dehesas extensas.
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“Son pequeños dispositivos que envían su posición por satélite una vez al día. Algo tan simple como eso puede resolver problemas logísticos muy importantes”, añade.
De esta manera, el sistema permite que dispositivos distribuidos en zonas remotas envíen información directamente a satélites sin depender de infraestructura terrestre, ya que la red satelital de FOSSA actúa como una capa de conectividad independiente.
“En un apagón o en zonas sin red, la red satelital sigue funcionando. Es completamente autónoma”, subraya el CEO.
El concepto cobra especial relevancia en un contexto en el que la digitalización industrial avanza hacia una interconexión total de activos físicos.
Sin embargo, aunque su actividad principal se centra en el ámbito civil, FOSSA también ha entrado en el terreno de la seguridad y la defensa, después de que en 2025 la compañía fuese seleccionada por el programa DIANA de la OTAN, un acelerador de innovación en defensa que impulsa tecnologías emergentes en países miembros.
De esta manera, la empresa desarrolla capacidades de inteligencia de señales (SIGINT), que permiten detectar, identificar y geolocalizar emisiones electromagnéticas.
El crecimiento del sector espacial ha reabierto el debate sobre la saturación orbital y, aunque Fernández reconoce la importancia de la regulación y la responsabilidad empresarial, a su juicio, la futura legislación en España y Europa será clave para ordenar el sector.
En este sentido, ha recordado que en nuestro país se prevé la aprobación de una ley del espacio que establecerá un marco normativo específico para las actividades orbitales, un proceso que, según el fundador, recuerda a los primeros años de plataformas de movilidad como Uber o Cabify, antes de su regulación.
Uno de los aspectos que la compañía subraya como clave en su sostenibilidad es la elección de órbitas bajas, ya que operan en órbitas de unos 500 kilómetros, lo que hace que “la vida útil de los satélites sea de entre cinco y siete años”, ha explicado el CEO.
Una vez finalizado su ciclo, los satélites vuelven a entrar en la atmósfera y se desintegran, evitando la acumulación de basura espacial: “No dejan residuos orbitales. Es un sistema limpio”. EFE
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(foto)(vídeo)
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