Paco Aguado
Madrid, 16 may (EFE).- El diestro salmantino Manuel Diosleguarde, a pesar de no obtener trofeos, confirmó hoy en Las Ventas no sólo su alternativa sino también su buena proyección profesional con una muy meritoria actuación, desplegando valor y entrega ante el lote de mayores complicaciones de una descastada corrida de La Quinta.
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En el que era el segundo encierro que lidiaba en esta feria en una semana, la divisa cordobesa volvió a embarcar varios cinqueños que, sin la excepción del un bravo sexto como el de la otra tarde, mostraron un acusado descastamiento, básicamente por incidir en el mayor defecto que puede tener un ejemplar de sangre Santa Coloma: el de no humillar.
Pero, además de no descolgar tras los engaños, el lote de Diosleguarde tuvo complicaciones añadidas, como fueron las brusquedades defensivas del primero, con el que confirmó su doctorado, y el peligro de un sexto que siempre se le ciñó con un oculto sentido, en la que fue toda una prueba de solvencia torera.
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Aun así, el nuevo matador charro la superó con auténtico mérito, desplegando una férrea firmeza de plantas para aguantar tantas amenazas: lo mismo para salir airoso ante los frenazos y los cabezazos del de la ceremonia en una faena que tuvo la medida exacta, que para acabar robándole al hondo sexto, que se ceñía amenazante en cada embroque, una soberbia tanda final de derechazos de auténtico pulso y de una descarnada entrega.
Podía haberse llegado así incluso a la concesión de la que hubiera sido una trabajada oreja, sólo que, tras un insuficiente pinchazo hondo, Diosleguarde dejó pasar el tiempo para no volver a entrar a matar, y toda la expectación se fue diluyendo en tres espaciados golpes de descabello que el toro nunca facilitó.
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Menos problemas, aunque dentro de un similar descastamiento, desarrollaron los otros tres cárdenos de La Quinta, dentro de su disparidad de hechuras, volúmenes y cabezas. E incluso el muy hondo sobrero de José Manuel Sánchez, un "murube" de poco celo pero con una atisbada calidad que no llegó a calibrar El Cid en una labor tan inconcreta y desangelada como la que tuvo en el cuarto, solo que este se rajó pronto buscando las tablas.
Por su parte, Álvaro Lorenzo se manejó insistente pero con poco brillo y resultados tanto con un desrazado tercero, que acusó ciertos problemas de visión por el lado izquierdo, como con un quinto siempre frenado y que soltó constantes golpes a la muleta con la pala de sus veletos pitones. Ese mismo toro al que antes Diosleguarde había hecho un ajustado y fibroso quite por chicuelinas con la misma decisión con la que se hizo con el protagonismo de la deslucida tarde.
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FICHA DEL FESTEJO:
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Cinco toros de La Quinta y un sobrero, en segundo lugar y en sustitución de un titular devuelto por flojo, de José Manuel Sánchez. Los anunciados, desiguales de cuajo y volúmenes, casi todos seriamente armados, y en juego general descastado, sin emplearse nunca en los engaños, y alguno desarrollando complicaciones. El sobrero, grandón y bajo de raza, pero manejable y con cierta clase.
El Cid, de azul noche y oro: estocada baja y cuatro descabellos (silencio); cuatro pinchazos y estocada trasera (silencio).
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Álvaro Lorenzo, de teja e hilo blanco: estocada trasera tendida (silencio); estocada tendida desprendida (silencio);
Manuel Diosleguarde, de blanco y oro, que confirmaba la alternativa: pinchazo y estocada tendida (ovación); pinchazo hondo y tres descabellos (ovación tras aviso).
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Diosleguarde confirmó con el toro "Vendaval", nº 30, cárdeno claro, de 542 kilos.
Entre las cuadrillas, como ya es habitual, volvió a destacar con capote y banderillas Iván García.
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Octavo festejo de abono de la feria de San Isidro, con cartel de "no hay billetes" (23.800 espectadores), en tarde agradable y en la que, al final del paseíllo se guardó el tradicional minuto de silencio en memoria del legendario Joselito El Gallo, de cuya muerte en Talavera de la Reina se cumplían 106 años.
EFE
pa/ess
(foto)
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