La arquitectura de texturas orgánicas de Miguel Fisac, 20 años después de su muerte

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Aníbal de la Beldad

Ciudad Real, 8 may (EFE).- La figura del arquitecto Miguel Fisac vive un proceso de revisión dos décadas después de su fallecimiento, cuando su obra, que dotó al hormigón de innovadoras texturas orgánicas, comienza a ser valorada con mayor objetividad, lejos de controversias que durante años condicionaron su percepción, según la Fundación que lleva su nombre.

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La demolida Pagoda (Madrid), el Teologado de los Padres Dominicos (Alcobendas), el Instituto Laboral de Daimiel o la Casa Fisac (Almagro) son algunas de las muchas obras del arquitecto que creó las conocidas como vigas-hueso, nacido en 1913 en Daimiel (Ciudad Real) y fallecido en Madrid el 12 de mayo de 2006.

El presidente de la Fundación Fisac, David García-Manzanares, defiende en una entrevista con EFE en la sede de esta entidad, ubicada en Ciudad Real, que el veinte aniversario llega en "un momento de verdadera reivindicación", una vez superados los prejuicios que, a su juicio, ensombrecieron la percepción de su arquitectura.

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García-Manzanares sostiene: "Lo cierto es que durante años la relevancia de la obra de Miguel Fisac ha quedado opacada, quizá sesgada por cuestiones extrarquitectónicas, como su pertenencia inicial al Opus Dei o la supuesta vinculación al régimen franquista, aunque en ningún caso fuese así, y eso nos ha privado de una mirada más objetiva sobre su arquitectura".

Sin embargo, el paso del tiempo ha permitido, en su opinión, recuperar una mirada más justa: "Hoy podemos descubrir a un arquitecto inquieto, en permanente búsqueda, cuya modernidad ética y material sigue vigente".

El responsable de la fundación subraya que Fisac fue un creador difícil de encasillar, pues reacio a integrarse en corrientes o escuelas, desconfiaba de los estilos impuestos y buscaba constantemente nuevos caminos: "Tenía una curiosidad insaciable y una desconfianza natural hacia los dogmas", explica García-Manzanares, quien añade que esa independencia fue clave tanto en su fertilidad creativa como en la dificultad de asociarlo a un único estilo reconocible.

Esa actitud se refleja también en su carácter innovador. Frente a una arquitectura que, tras la Guerra Civil, tendía al neoclasicismo, Fisac introdujo en España corrientes como la arquitectura orgánica inspirada en los países nórdicos.

"Mientras otros adoptaban estilos, él inventaba procesos", señala el presidente de la fundación, destacando sus aportaciones en el campo de la industrialización y la prefabricación.

Entre sus principales innovaciones figuran las llamadas vigas-hueso y los encofrados flexibles de hormigón, fruto de una búsqueda que iba más allá de lo técnico. Sus patentes respondían a una reflexión profunda sobre la materia y su expresión.

El hormigón, material central en su obra, fue reinterpretado por Fisac desde una perspectiva casi sensorial. "Para la mayoría era un material rudo y frío, pero él vio en él una cualidad plástica", explica. A través de encofrados flexibles, logró que el hormigón conservara la huella de su estado líquido, dando lugar a superficies que "se arrugan como una tela o se tensan como un músculo", humanizando así la estética del brutalismo.

Las vigas-hueso, una de sus innovaciones más conocidos, sintetizan su forma de entender la arquitectura. Inspiradas en estructuras biológicas, permitían combinar resistencia y ligereza, además de facilitar la prefabricación y el montaje. “Son el encuentro entre la biología y la técnica”, resume García-Manzanares.

Uno de los ejemplos más representativos de esta integración es el Centro de Estudios Hidrográficos de Madrid, donde estructura, luz y forma se funden en un único elemento constructivo. "La arquitectura deja de ser una suma de capas para convertirse en una unidad total", destaca, subrayando la capacidad de Fisac para resolver necesidades técnicas con soluciones que también definen la identidad estética del edificio.

Entre las obras más significativas del arquitecto, García-Manzanares menciona, en orden cronológico, la Iglesia del Espíritu Santo (Madrid, 1942), el Instituto Laboral de Daimiel (1951), el Teologado de los Padres Dominicos (Alcobendas, 1955), el Centro de Estudios Hidrográficos (Madrid, 1960), los Laboratorios Jorba o la Pagoda’ (Madrid, 1965) -que fue demolida-, la Iglesia de Santa Ana (Moratalaz, 1968), las Viviendas en El Parterre (Daimiel, 1977) y la Casa Fisac (Almagro, 1978).

No obstante, advierte de que cualquier selección es necesariamente incompleta en una trayectoria tan diversa.

La demolición de la Pagoda, en 1999 en Madrid, sigue siendo, a su juicio, una de las mayores pérdidas del patrimonio contemporáneo español. "No fue solo la desaparición de un edificio, sino un filicidio cultural", afirma, lamentando la pérdida de un icono de la modernidad arquitectónica.

Pese a ello, García-Manzanares considera que la influencia de Fisac sigue presente en la arquitectura actual. "Cada vez que vemos un edificio que juega con texturas orgánicas o elementos prefabricados con intención estética, ahí está su eco", señala. EFE

abc/lsy/ram

(foto) (vídeo)

Recursos de archivo en EFEServicios: 8005083759, 8005083647, 8000491690

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