La lluvia no agua el regreso de El Último de la Fila a su Barcelona treinta años después

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Guillermo Cabellos

Barcelona, 4 may (EFE).- Treinta años son, ni más ni menos, los que han tenido que esperar los barceloneses para volver a ver en casa, juntos, a dos de sus más célebres vecinos: Manolo García y Quimi Portet, El Último de la Fila, quienes han ofrecido este domingo una velada marcada por la nostalgia y la lluvia.

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En los exteriores del Estadi Olímpic Lluís Companys se respiraba un ambiente de celebración y las gentes se saludaban con esa alegría de recuperar juventud encerrada en las canciones de la banda sonora de una vida, mientras lucían camisetas, guardadas años en armarios, que se ceñían entre la tripa y el cinturón.

Dentro del recinto, puntual, Manolo García ha aparecido en Montjuïc a las ocho y media de la tarde con su impecable actitud roquera, gafas de sol modelo aviador pese a que el cielo barcelonés ya lucía panzaburra, chaqueta y pañuelo, mientras que Quimi Portet, más acorde a sus 68 años, ha salido con una camisa clara por encima de una camiseta blanca.

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"Bona nit, veïns i amics de Barcelona", ha exclamado el músico del Poblenou, que pese a la larga espera de sus fans, ha optado por seguir un poco con la retranca y surrealismo que siempre ha impregnado su discografía y arrancar la cita con 'Huesos' y 'Conflicto armado', dos piezas de Los Burros, banda previa a El Último de la Fila también integrada por Portet y García.

Los 56.000 asistentes que hoy han abarrotado el Estadi Olímpic han tenido que esperar filigranas aflamencadas de la guitarra de Pedro Javier González en 'Querida Milagros' para poder lanzar el primer suspiro largo de la noche, cuando algunos paraguas ya salpicaban la pista.

Que le den morcilla a la lluvia

"Llevan toda la semana con el tema del tiempo y va y llueve ahora, que le den morcilla", ha protestado Manolo García, en lo que ha entonado 'Mi patria en mis zapatos' mientras las pantallas a su espalda anunciaban eso de "Vendo Opel Astra" y proyectaban unos pollos asados girando, cosas del grupo.

No ha sido hasta 'Aviones plateados' que el público, algo frío todavía bajo una fina capa de lluvia, ha experimentado el primer momento de catarsis de la velada, un instante sostenido por 'El loco de la calle' y 'No me acostumbro'.

Casi como en una premonición, el mal tiempo se ha disipado con 'Dios de la lluvia', chascarrillo sobre las alegrías que da la humedad mediante, y, tras rechazar una fregona para secar un poco el suelo del escenario, decorado por unos peces algo agoreros, García ha seguido con 'Soy un accidente'.

"Con este concierto hacemos una dedicatoria a la Barcelona de los 70, donde Quimi y yo hicimos el gamberro y asistimos a una ciudad floreciente de músicos como Lluís Llach, Pau Riba o Sisa, esto va para los músicos que lo hicieron posible", ha vociferado García en un gesto refrendado por 'La piedra redonda' mientras blandía el pañuelo que hacía rato había abandonado su cuello.

Ya de noche, 'Mar antiguo' ha creado una constelación de linternas en todo el estadio, mientras que esa extirpación de la inocencia que es 'Disneylandia' ha servido para que el músico del Poblenou, subido en un sofá de terciopelo verde, jugara a arrastrarse sobre el escenario en uno de los escasos momentos de teatralidad de la velada.

Los himnos de una generación

De un modo inversamente proporcional a lo esperable, 'Cuando el mar te tenga' y 'El que canta a su mal espanta', acompañadas de un repunte del chubasco, han arrancado los vítores del Olímpic, algo tímido hoy en los coros, aunque la tendencia ha variado en la recta final del recital, cuando himnos a la altura de 'Canta por mí', 'Llanto de pasión' y 'Lápiz y tinta' han restaurado tres décadas de envejecimiento.

Sin sentimentalismos, García ha anunciado que la cosa seguiría con 'Sara', canción que sirvió para bautizar a su hija, Sara García, hoy a la guitarra eléctrica y también protagonista en 'Lejos de las leyes' y 'Dulces sueños', últimos cortes antes de desaparecer de las tablas para "cambiar calzoncillos y dar un trago" y regresar a los pocos minutos con 'Ya no danzo al son de los tambores' y 'Los ángeles no tienen hélices'.

"No aplaudáis, que la primera parte la he hecho como el culo", ha reprendido García a sus fieles, tras lo que ha recuperado el inicio de esta última canción y, una vez bordada, ha reclamado el reconocimiento que ahora sí merecía.

Si la cosa había comenzado algo fría, el cierre, comandado por dos auténticos himnos de nuestra música como son 'Como un burro amarrado en la puerta del baile', con un majestuoso solo de Sara García y cañones de fuego, e 'Insurrección', coreada de principio a fin por la multitud, ha encendido del todo la montaña, que este jueves tendrá otra dosis de dos horas de El Último de la Fila.

Antes de abandonar el estadio, y ya con la mirada puesta en la decena de conciertos por todo el país que quedan por completar su gira de retorno, Quimi Portet y Manolo García han terminado de montar su particular fiesta con su versión de 'El rey' de José Alfredo Jiménez, a la que se han sumado 56.000 voces todavía con ganas de marcha. EFE

gcm/fp

(foto)(vídeo)

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