Madrid, 30 abr (EFE).- La Banca March presenta la primera exposición en España del escultor Thomas Houseago y lo hace con siete grandes piezas desplegadas en el frondoso jardín de sus sede madrileña, un oasis en el que meditar sobre los retos, angustias y miedos del ser humano.
La exposición ofrece un recorrido por la trayectoria del artista a través de enormes obras, algunas decididamente monumentales, realizadas en bronce, madera y yeso, y basada en la figura humana con una crudeza y un desgarro que contrasta con la paz del jardín en pleno bullicio de la capital.
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Su instalación al aire libre permite ver las obras en su totalidad y desde todos los puntos de vista y, como ha explicado la comisaria Anne Pontégenie, “las permite respirar y hablar su propia lengua”.
Eje central de la celebración del centenario de la Banca March, la exposición se podrá visitar hasta el 30 de octubre los viernes y sábados. También se podrá visitar los jueves de 19 a 23 horas para pasear por el jardín iluminado.
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Reconocido como uno de los escultores más destacados de su generación, Houseago cuenta con más de 30 años de trayectoria con exposiciones en la Royal Academy de Londres, la Galería Borghese de Roma y el Centre Pompidou de Metz.
Desde los inicios de su carrera, Houseago ha demostrado un profundo interés por la figura humana, pero lejos de buscar la belleza y la perfección, su obra muestra la crudeza, la angustia y la complejidad de la experiencia humana.
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“Todos habitamos nuestros cuerpos, pero se nos ha enseñado a ignorarlos, a buscar la perfección, pero al fin y al cabo la relación con nuestros cuerpos es difícil, a veces incluso nos traicionan”, dice el artista, consciente de que “todo ser humano tiene vulnerabilidades, un lado animal, un lado oscuro”.
Y así, sus figuras “imperfectas, incompletas, hasta a mí me dan miedo”, ha reconocido tras recordar la violencia y abusos sufridos en su infancia y que le llevaron a abandonar su ciudad natal de Leeds (en el norte de Inglaterra) e instalarse en Los Ángeles, y a pasar por psicólogos y seminarios para aprender a dominar su furia.
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Cuenta cómo con 16 años se embarcó con unos amigos en un viaje por Europa con Interrail. Al llegar a España, su mayor interés fue visitar el Museo del Prado para ver la obra de Goya.
“Cuando vi las pinturas negras de Goya sentí que me daban permiso, que eran oxígeno para mí, que el sueño de la razón produce monstruos”, asegura.
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Ahora, esa misma inquietud y desasosiego lo siente en Estados Unidos, por lo que Houseago cree que ha llegado el momento de volver a Europa; aún no sabe bien dónde, pero reconoce que Madrid le ha sorprendido, que es una ciudad con magia, con energía, en la que cree que tal vez podría ser feliz. EFE
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