A Coruña, 23 abr (EFE).- El juicio por la Primitiva premiada con 4,7 millones de euros que busca dueño desde 2012 en A Coruña ha terminado con cinco claves y la duda de si los hermanos acusados, un lotero y un delegado de Loterías, van a ser finalmente condenados.
La sección segunda de la Audiencia Provincial de A Coruña ha acogido el juicio contra el lotero Manuel Reija y su hermano Miguel, delegado provincial de Loterías, acusados de haberse quedado con un boleto de la Primitiva premiado con 4,7 millones de euros en 2012, reclamado por las familias de dos fallecidos.
El 26 de junio de 2012, a las 18:23 horas, se selló un boleto de Lotería Primitiva, con apuesta automática, en la administración de Loterías número 44, situada en Carrefour, en la coruñesa avenida de Alfonso Molina, con los números 10, 17, 24, 37, 40 y 43, junto con otros tres boletos .
El sábado 30 de junio salieron esos seis números del bombo y el boleto quedó premiado con 4.722.337,75 euros. Ahí se empezó a buscar millonario en A Coruña.
Lo siguiente de lo que no hay dudas es que el boleto premiado fue comprobado en la administración número 22, en la plaza de San Agustín, a las 11:25 horas del 2 de julio por el lotero acusado, que lo comprobó de nuevo tres veces más a las 11:39 horas.
El lotero notificó oficialmente el hallazgo al día siguiente y, en septiembre, reclamó cobrar el dinero, todo un año antes de que los hechos transcendiesen públicamente y contase su versión en prensa.
Dijo que encontró el boleto sobre el mostrador, cuando estaba solo en la administración, y que lo comprobó por curiosidad; a partir de ahí, lo depositó en objetos perdidos a la espera de que alguien lo reclamase o, en dos años, pasaría a ser suyo.
No obstante, empezaron las acusaciones de robo y las denuncias de decenas de personas, ante lo que la Policía empezó a investigar y en 2019 comenzó a señalar contradicciones: no era un solo boleto, sino un grupo, y de ese grupo se repitieron inmediatamente dos apuestas idénticas; el boleto lo comprobó más veces catorce minutos después; e intentó cobrarlo a los dos meses, antes de intentos posteriores.
La Fiscalía considera al lotero responsable de un supuesto delito de estafa -o de forma alternativa de apropiación indebida-, por el que pide seis años de prisión junto con inhabilitación para continuar con su actividad, así como otros seis para su hermano, al que en este caso ve implicado en un supuesto delito de blanqueo de capitales, tras retirar la posibilidad de encubrimiento, al estar prescrita; petición a la que se unen las acusaciones particulares, junto con una multa de 9,4 millones de euros.
Estas acusaciones demandan, además, que las familias de los apostantes fallecidos José Luis Alonso -quien la Policía sitúa como legítimo propietario al constatar que realizaba las mismas apuestas continuamente por toda España- y Manuel Ferreiro -primer denunciante del caso- reciban el premio de 4,7 millones de euros -ambas lo reclaman, pero de forma exclusiva en cada caso-.
Las defensas piden la libre absolución de ambos, si bien en lo referido al lotero, se reclama que, en caso de condenarlo, se aplique la circunstancia modificativa atenuante de la responsabilidad penal de dilaciones indebidas y no ingrese en prisión.
Tanto la Fiscalía como las acusaciones particulares sostienen que hubo mala fe por parte del lotero, para quedarse con el boleto, y de su hermano, para dar legitimidad a lo que califican como "artificio" para el enriquecimiento de la familia.
Llaman la atención sobre la repetición instantánea de dos apuestas tras la primera comprobación del boleto, que vinculan necesariamente con que el apostante estuviese presente, y también señalan el hecho del cambio de versión del lotero, que dijo a la Policía que había encontrado un boleto y no habló de un grupo hasta que lo dijo la Policía, así como a su intención de cobrarlo.
Sobre su hermano, el delegado de Loterías, apuntan a que permitió que Manuel se quedase con el boleto, a que dijo a quienes buscaban al propietario que ya había sido cobrado y a que acompañó con un escrito el primer intento de cobro por parte del lotero.
El lotero sostiene que pudo haberlo cobrado, sin decir que lo había encontrado, y no lo hizo, pues solo quiso "cuidarlo mucho" y dice que es "mentira" que tuviese al apostante delante; sobre sus intentos de cobro, defiende que solo buscaban que no caducase.
El delegado de Loterías mantiene que nunca dijo que el boleto estaba cobrado, sino que utilizó la palabra "aparecido" y que, a partir de entonces, hizo lo que le pareció más adecuado para buscar al propietario, al no existir un procedimiento para estos casos. EFE
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