El otro lado del daño cerebral adquirido: formar y guiar a quienes cuidan

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Celia Agüero Pereda

Santander, 15 abr (EFE).- El daño cerebral adquirido irrumpe sin aviso y cambia la vida del paciente y su entorno en cuestión de segundos. Ante esa realidad el Hospital cántabro Marqués de Valdecilla cuenta con una escuela para guiar, formar y acompañar a familias y cuidadores desde las primeras fases de la rehabilitación.

En la Escuela de Familias y Cuidadores de pacientes con daño cerebral adquirido, cada miércoles, en un entorno más calmado, con un lenguaje accesible y lejos del ruido asistencial, los profesionales van desgranando a familiares y cuidadores qué ha pasado, qué puede pasar y cómo actuar.

No sustituye la información individual, pero sí la acompaña, la estructura y, sobre todo, la hace más digerible, según asegura en una entrevista con EFE la jefa de Rehabilitación del hospital, Lourdes López.

"Es una situación terrible que se instaura en segundos", explica y apunta que, a partir de ese momento, las familias tienen que reorganizar su vida, casi sin margen y hacerlo, además, en medio del impacto emocional, porque muchas veces están bloqueadas y no pueden recibir bien la información.

El daño cerebral adquirido aparece de forma repentina y puede tener múltiples causas, siendo la más habitual el ictus, aunque también puede deberse a traumatismos, falta de oxígeno, infecciones o tumores.

Tal y como explica la médico rehabilitadora de Valdecilla María Pérez, estas lesiones provocan secuelas que afectan a la movilidad, el lenguaje, la capacidad de tragar, la cognición o, incluso, la conducta y las emociones, generando en muchos casos una situación de discapacidad que cambia por completo la vida del paciente.

Por eso, entender lo que ocurre es clave desde el principio pero también lo es saber por dónde empezar, porque una de las primeras preguntas que surgen es: ¿Qué va a pasar a partir de ahora? Si el paciente podrá recuperar su autonomía o, incluso, volver a caminar.

En ese proceso, Pérez apunta que la familia no es un elemento secundario sino una parte fundamental del tratamiento.

"Una familia colaboradora es un factor de pronóstico favorable", subraya Pérez, quien insiste en que el entorno cercano puede influir directamente en la evolución del paciente, no solo desde el apoyo emocional, sino también participando activamente en la rehabilitación.

De hecho, uno de los objetivos de esta escuela es acompañar desde el momento más delicado, cuando hay más miedo y más incertidumbre, ayudando a las familias a entender el proceso, a anticiparse y a empezar a hacer cosas que favorezcan la autonomía del paciente y faciliten su regreso al domicilio.

El tiempo es clave y también lo es en rehabilitación, porque la capacidad del cerebro para recuperarse es mayor en los primeros seis meses, de ahí la importancia de actuar cuanto antes y de forma específica.

"Desde el primer momento que el paciente ingresa acudimos a valorarlo y empezamos a trabajar con él, siempre que pueda interactuar con nosotros y sea capaz de colaborar, intentando estimularle desde el inicio", explica la fisioterapeuta en el área de rehabilitación neurológica Sara Rodríguez.

El objetivo en esta fase inicial no es solo la recuperación física, sino también que tanto el paciente como la familia entiendan lo que está pasando y adquieran herramientas básicas.

La rehabilitación no ocurre solo en una sala, también en el día a día, en cada pequeño gesto. Por eso, los profesionales insisten en la importancia de implicarse.

"Es importante que la familia se involucre en el tratamiento, que ayude a estimular al paciente desde el primer momento y que, en la medida de lo posible, favorezca que vaya siendo cada vez más autónomo", añade. EFE

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