
Investigadores de la Universidad de Nueva York (NYU) han descubierto que comer dulces mientras se sigue un tratamiento antibiótico puede empeorar el daño que hacen estos a la microbiota intestinal. El estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature, alerta de que las consecuencias son especialmente graves para pacientes con cáncer hematológico.
El microbioma intestinal es la comunidad de miles de millones de bacterias que habitan el intestino. Funciona como un ecosistema interno: cuando está equilibrado, protege contra infecciones, modula el sistema inmunitario y favorece la recuperación. Cuando ese ecosistema colapsa, los patógenos toman el control. En los trasplantes de células hematopoyéticas, ese colapso se mide con frecuencia por la caída en la diversidad de especies bacterianas y por la expansión de Enterococcus, una bacteria que puede causar infecciones graves resistentes a antibióticos.
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“A medida que vamos descubriendo cómo los efectos secundarios de los antibióticos sobre la microbiota se relacionan con problemas de salud a largo plazo, es importante identificar factores que limiten estos riesgos para la salud”, ha explicado Jonas Schluter, coautor principal del estudio.
El azúcar alimenta las bacterias dañinas

Los investigadores analizaron 9.419 comidas de 173 pacientes oncológicos ingresados en el hospital Memorial Sloan Kettering. En concreto, se centraron en pacientes con cánceres de la sangre, porque reciben antibióticos con frecuencia. Posteriormente, examinaron sus heces para descubrir los cambios de su microbioma intestinal.
El equipo descubrió una reducción adicional del 21% en la diversidad alfa, una medida de la variedad de especies bacterianas beneficiosas presentes, por cada 100 gramos de azúcar consumidos en las 48 horas previas al tratamiento. Productos como bebidas y batidos de nutrición oral formulada fueron los principales contribuyentes al aumento del consumo de azúcar en estos pacientes, seguidos de alimentos con azúcares añadidos.
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“Este nuevo estudio identifica los azúcares de la dieta como un factor que amplifica la alteración del microbioma inducida por antibióticos, probablemente porque las bacterias potencialmente dañinas que sobreviven a los antibióticos se benefician de los azúcares de la dieta que pueden usar para proliferar”, afirmó William Jogia, segundo autor del estudio.
El microbioma dañado no solo perdía diversidad, sino que también se llenaba de una bacteria específica: el Enterococcus faecium. Este patógeno es el responsable de infecciones en sangre resistentes a los antibióticos y es un marcador microbiano de peores resultados clínicos tras el trasplante de células hematopoyéticas, incluyendo la enfermedad de injerto contra huésped y la muerte.
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Los investigadores repitieron la prueba en ratones hembra, a quienes inyectaron con dosis de antibióticos. Cuando se añadía sacarosa a su dieta, los enterococos se expandían más rápido que en los grupos que no consumían azúcar. La sacarosa sola, sin antibiótico, no tuvo ningún efecto sobre la carga de enterococos. “Si bien los hallazgos sugieren que reducir los azúcares simples puede limitar el daño al microbioma, aún está por verse si el azúcar apoya directamente a Enterococcus, debilita a las bacterias competidoras o actúa a través de otro mecanismo en los pacientes”, agregó Jogia.
Mayor riesgo de muerte entre los pacientes oncológicos
Estudios previos ya habían relacionado el daño al microbioma con una mayor mortalidad y riesgo de infecciones en los pacientes con cánceres hematológicos. Este estudio también apunta a resultados similares.
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El equipo dividió a los 172 pacientes que llegaron al día 12 en dos grupos según si su consumo de azúcar, ajustado por calorías totales, estaba por encima o por debajo de la mediana. En el grupo de mayor consumo de azúcar, cada día adicional de antibióticos de amplio espectro incrementó el riesgo de muerte un 12%. En el de menor consumo de azúcar, el aumento de antibióticos no hizo subir el riesgo de muerte de forma significativa.
“Especialmente en pacientes con cáncer de sangre, el daño al microbioma se asocia con peores resultados, incluyendo una mayor mortalidad general e infecciones”, ha afirmado Jonathan Peled, coautor principal del estudio. “Un paso importante a seguir será diseñar ensayos clínicos para comprobar si los cambios dietéticos a corto plazo pueden mejorar los resultados clínicos en los pacientes”, ha agregado.
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