Una mujer con migraña crónica se compra una casa en Sicilia para ir de vacaciones y acaba mudándose: la historia de Camellia y su marido

Un trayecto intercontinental podía dejarla postrada en cama durante una semana entera, sin capacidad para hacer nada

Imagen de Sicilia y, en pequeño, Camellia Philips y su marido. (Canva/Montaje Infobae)
Imagen de Sicilia y, en pequeño, Camellia Philips y su marido. (Canva/Montaje Infobae)
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Camellia Phillips vivía en Nueva York y padecía migrañas crónicas que le impedían soportar vuelos largos. Junto a su marido, decidió comprar una vivienda en Sicilia sin haberla visto nunca en persona. La idea era facilitar unas futuras vacaciones. Y lo que empezó como una solución práctica terminó en una mudanza definitiva a la isla italiana, según relató la propia protagonista en un artículo publicado por Business Insider.

Durante años, Phillips convivió con esta enfermedad. Llegó a sufrir síntomas durante 15 días o más al mes. Uno de los principales desencadenantes era volar. Un trayecto intercontinental podía dejarla postrada en cama durante una semana entera, sin capacidad para hacer nada. La situación se agravó hasta el punto de que dejó de volar tanto por trabajo como por placer, y solo viajaba ocasionalmente en tren.

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Pese a esas limitaciones, nunca abandonó el deseo de conocer Melilli, un pueblo en la provincia de Siracusa donde vivían varios familiares de su marido. Las historias que este y su suegro le contaban sobre las calles empedradas y las vistas al mar la mantuvieron interesada en ese destino durante años.

Comprar una casa en lugar de planear un viaje

A comienzos de 2020, la pareja ideó una solución poco convencional: en lugar de organizar un viaje puntual, comprarían una vivienda asequible en Sicilia y gestionarían todo el proceso a distancia. La lógica era simple: si disponían de una casa propia, podrían visitarla con frecuencia y quedarse períodos más largos. Si Phillips se enfermaba durante una semana, ya no representaría la ruina de unas vacaciones únicas y costosas, sino apenas una interrupción menor.

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Molinos de viento con tejados rojos se sitúan entre estanques de sal, montículos de sal blancos y edificios de tonos ocres al fondo
Molinos de viento con tejados rojos se alzan entre las salinas de Marsala, Sicilia, indicando la tradición de producción de sal en la región. (Pixabay)

En un primer momento consideraron una casa de campo, pero descartaron la idea porque el mantenimiento de un terreno implicaba gastos adicionales y el riesgo de incendios en verano. Contrataron entonces a una pareja anglo-siciliana que hizo de agente inmobiliario sobre el terreno. De siete propiedades visitadas, eligieron un bilocal en el centro histórico de Melilli.

La vivienda estaba ubicada en una calle estrecha, demasiado angosta para la mayoría de los coches, y contaba con una terraza panorámica del tamaño de su antiguo apartamento de un dormitorio en Brooklyn. El terreno posterior, sin urbanizar, incluía jardines en terrazas, olivos y árboles de naranjos y limones. Pagaron 57.000 euros, unos 65.000 dólares, más gastos de cierre.

La casa ya era habitable, aunque sin amueblar y sin cocina, un detalle habitual en muchas viviendas italianas. Con ayuda del agente local, encargaron una cocina completa que llegó en cajas y se instaló en pocas horas: armarios, encimeras y electrodomésticos incluidos por menos de 1.500 dólares. La operación no estaba exenta de riesgo. En pueblos pequeños de Sicilia, las propiedades pueden permanecer años en el mercado sin venderse, por lo que, de no gustarles la casa, recuperar la inversión habría resultado difícil.

El primer contacto con la vivienda, en mayo de 2022

Recién en mayo de 2022 la pareja viajó por primera vez a Sicilia para conocer la casa que habían comprado a ciegas. “¿Y si odiamos la casa?”, llegó a preguntarse Phillips en el trayecto, según su propio relato. El temor se disipó al llegar: las habitaciones eran luminosas, los techos altos y las ventanas orientadas al sureste dejaban entrar el sol buena parte de la mañana. Desde la azotea se veían el mar Mediterráneo y el monte Etna.

Tras 20 años viviendo en apartamentos de Nueva York, la casa les resultó un palacio. Phillips describió cómo se enamoró del ritmo de vida del pueblo: las charlas improvisadas con vecinos, los productos locales y la cercanía de ruinas y sitios históricos.

Cuando regresaron a Brooklyn tras dos meses en Sicilia, ambos supieron de inmediato que ya no consideraban esa ciudad su hogar. Organizar la mudanza definitiva les tomó cerca de un año. El marido ya contaba con doble ciudadanía por su padre siciliano, por lo que no necesitó visa, pero Phillips sí debió tramitar su documentación migratoria.

La mujer dejó su carrera de dos décadas en recaudación de fondos para organizaciones sin fines de lucro y montó una consultora propia. Gracias a su inscripción en el sistema de salud nacional italiano y a incentivos fiscales para autónomos, logró reducir su jornada laboral. Hoy reside de forma permanente en la casa amarilla de Melilli.

Historia publicada por Business Insider

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