Silvia Severino, psicóloga: “Estas cuatro formas pueden frenar un pensamiento catastrófico”

Pese a que la amenaza no sea real en ese momento (y puede que no llegue a serlo nunca), el cuerpo lo percibe como un riesgo presente

Los pensamientos catastróficos pueden condicionar el día a día. (Magnific)
Los pensamientos catastróficos pueden condicionar el día a día. (Magnific)
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A lo largo del día, el ser humano puede tener cerca de 50.000-70.000 pensamientos. Algunos de ellos pasan completamente desapercibidos: llegan y, como han venido, se marchan sin dejar un poso demasiado importante en nuestra mente. Otros, por el contrario, pueden modificar nuestro estado anímico o quedarse enquistados, formando bucles de pensamiento.

Uno de los diálogos internos negativos que más puede afectar a las personas son los que se componen de pensamientos catastróficos: mensajes de la mente que anticipan un futuro que todavía no ha ocurrido en términos siempre desastrosos. Así, es frecuente pensar que se va a suspender un examen, que todo va a salir mal durante una entrevista de trabajo o que una relación se va a terminar, sin que muchas veces existan indicios de que realmente esto pueda llegar a ocurrir.

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En ocasiones se suele pensar que esta forma de actuar de la mente se corresponde con una característica de la personalidad, identificando a quien sufre estos pensamientos catastróficos como pesimista. Sin embargo, también es posible modificarlo para que no acaben por condicionar la rutina y el estado anímico.

Una mujer cabizbaja se tapa la capa, visiblemente triste o afectada
La psicóloga Silvia Severino explica cuatro formas de frenar los pensamientos catastróficos. (Magnific)

Así lo explica la psicóloga Silvia Severino (@silviaseverinopsico), que indica que hay cuatro formas de frenar un pensamiento catastrófico “antes de que te arruine el día”.

“Pensar algo no lo hace real”

En primer lugar, la experta señala que es fundamental identificarlo en el cuerpo, pues estos mensajes mentales que anticipan un futuro catastrófico suelen venir acompañados de “tensión, rigidez o cansancio”. Así, cuando se identifiquen en el cuerpo, es importante prestar atención a lo que se estaba pensando en ese momento.

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Además, Severino invita a cuestionar la veracidad del propio pensamiento. “Pregúntate qué pruebas reales tengo de que esto va a suceder. La mayoría de veces, ninguna. El drama lo inventó tu mente”, señala. Este procedimiento tiene una función adaptativa: prepararnos para una futura amenaza; el caso es que la mayoría de las veces, esta no se llegará a producir.

Una de las recomendaciones que indican muchos expertos para frenar los pensamientos catastróficos es ponerle un horario a la preocupación. “Dedícate quince minutos al día, ni un minuto más. En ese rato pensarás en todo lo que te preocupa. El resto del día es para vivir”. De esta manera se consigue que los bucles de pensamiento no dominen la rutina.

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Por último, Severino recuerda que “pensar algo no lo hace real”. El sentimiento de amenaza cuando llegan a la mente este tipo de mensajes suele activar una tensión corporal que hace que tomemos el riesgo como real. Sin embargo, “que tu mente imagine el peor escenario no significa que vaya a ocurrir”.

Solemos pensar que imaginar lo peor que podría ocurrir funciona para que, en caso de que suceda, sentirnos preparados para enfrentarlo. Ante este planteamiento existen dos problema: el primero es que normalmente el escenario catastrófico no se produce; el segundo es que solo se consigue sufrir por partida doble, una imaginando lo que puede ocurrir y otra cuando se produce. “Como dijo alguien alguna vez: ‘Mi vida estuvo llena de terribles desgracias. La mayoría de ellas nunca sucedieron’”.

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