
La Asociación MIR España (AME) lleva tiempo siguiendo con preocupación la situación de sus compañeros en el Hospital Universitario de Canarias (HUC). Los residentes denuncian por mensajes privados situaciones de acoso laboral y amenazas por parte de los adjuntos, siempre de forma anónima por miedo a las represalias que pueden sufrir dentro del centro tinerfeño.
“Durante los últimos años, AME ha recibido decenas de testimonios de médicos residentes, especialistas, otros profesionales sanitarios y, más recientemente, familiares de pacientes relacionados con el funcionamiento de Urgencias del HUC”, asegura la organización en un comunicado. Las infracciones detectadas son variadas y frecuentes: “Hemos recibido reclamaciones y testimonios sobre una elevada presión asistencial, una supervisión que algunos residentes consideran insuficiente y la relegación de la formación a un segundo plano frente a las necesidades asistenciales del servicio”, explica a Infobae el representante canario de AME, Germán Pérez.
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La escena es especialmente grave en su servicio de Urgencias donde, según han podido constatar, los médicos que deben enseñarles no cuentan con la especialidad que les exige la ley. Ante la gravedad del asunto, la organización ha pedido tanto al Ministerio de Sanidad como al Servicio Canario de Salud que investiguen los hechos y, de confirmarse, retiren al hospital su acreditación docente para que deje de formar sanitarios. La solicitud ha sido apoyada por el Colegio Oficial de Médicos de Santa Cruz de Tenerife y la Diputación del Común de Canarias, entre otras organizaciones.

Acoso, amenazas y maltrato
María (nombre ficticio para preservar el anonimato) es una de las residentes que ha sufrido estas condiciones. Apenas le quedaban unos meses para terminar su formación como especialista, pero ha preferido renunciar. “No me lo pusieron nada fácil, no hubo nada de empatía en el Hospital Universitario de Canarias, me dieron la espalda”, lamenta, en una conversación con Infobae.
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La joven describe un maltrato generalizado por parte de los adjuntos, tanto hacia ella como a sus compañeros. “Habrá un 30% de mi servicio que merezca la pena, que te ayuda y te enseña, pero el resto…”, comenta. Durante los cuatro años que pasó en el centro, María sufrió empujones, gritos y broncas constantes por parte de los adjuntos, cuando no decidían hacerle el vacío en medio de una guardia. “Una vez, me lanzaron un fibroscopio a la cara, un aparato de metal para ver los pulmones, y me dijeron: ‘Mira, ya que se va a morir esta persona, hazlo tú’”, recuerda.
Pero lo que más marcó sus cuatro años de residencia fue el acoso laboral que sufrió por parte de su tutor principal. La situación comenzó después de una queja que interpuso ante el jefe de servicio, tras una situación tensa que le llevó a cogerse una baja por depresión. María asegura que, después de “exprimirla en guardias” durante su residencia, le amenazó con suspenderla si no renunciaba. “Te voy a suspender, que lo sepas. Así que renuncias o te suspendo, pero es mejor que renuncies tú”, le dijo.
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La joven afirma que su tutor habría falsificado documentos acreditativos de sus tutorías, omitiendo valoraciones positivas de otros facultativos y añadiendo quejas de las que ella no tenía constancia. “Salían tutorías en julio, por ejemplo, cuando yo ese mes había hecho una rotación en Toledo; en otras, las actividades no coinciden con la fecha señalada, eran posteriores”, describe. La amenaza surtió efecto: tras una baja por salud mental, decidió abandonar.
Sobrecarga laboral sin supervisión: “Cometen errores continuos”
El ambiente laboral no es la única queja de los residentes. La asociación investiga, además, denuncias relacionadas con la sobrecarga laboral de los MIR. “Ahora mismo, están obligando a los residentes a que se hagan siete guardias al mes”, asegura María.
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Estas horas se realizan, en muchas ocasiones, sin la supervisión adecuada, lamenta Mateo, alias de otro de los residentes que desea mantener el anonimato. A veces, porque el adjunto no está presente y, a veces, porque carecen de la formación adecuada. En las Urgencias del HUC trabajan al menos 40 médicos sin especialidad, muchos de ellos encargados de enseñar a los nuevos sanitarios. Según ha podido saber la AME, el centro estaría actualmente trabajando para acreditarse para formar a residentes en la nueva especialidad de Urgencias y Emergencias.

Para Mateo, esto ha sido un gran problema durante el MIR. “Obviamente, errores existen en todas partes, pero están en un servicio en el que no te pueden orientar cuando tienes dudas”, lamenta. Su “falta de experiencia”, dice, ha hecho que haya “guardias sin supervisión prácticamente” en los últimos años, incluso con los residentes de primer año. “Para estos médicos, generalmente somos mano de obra y ya está, como el antiguo practicante. Pero nosotros necesitamos una formación continua durante nuestra residencia, tanto para revisar errores como para reforzar aciertos, incluso para descubrir nuevas cosas”, reivindica el joven.
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“Hay una situación de colapso en el hospital tremenda”, reconoce Alicia, una joven adjunta que prefiere no utilizar su nombre verdadero. Después de varios años en el HUC, ha podido ver “bastante cambio” en el trato a los pacientes, “que antes subían de Urgencias a planta mucho más rápido”. “Hay una sobrecarga tremenda de los médicos. Muchos de ellos prolongan de forma habitual su jornada laboral más allá del horario establecido, llegando algunos días a finalizar su actividad incluso en torno a las siete de la tarde”, lamenta. Ese tiempo extra, dice, ni se paga ni cuenta para las vacaciones, pero “al final las haces porque si no, el paciente se queda sin ver”, añade.
Alicia explica que, hace unos años, muchos compañeros abandonaron el servicio de Urgencias por la saturación del centro. “Se contrató a muchos médicos extracomunitarios que no tienen especialidad o que la tienen en su país, pero no la tienen aquí convalidada. Y se nota muchísimo, porque son médicos que al final están haciendo un triaje y cometen errores continuos: dan de alta enfermedades que deberían haberse quedado ingresadas, no hacen pruebas porque no se les ocurre o porque no saben manejar esa patología de urgencias”, denuncia. Mateo agrega que no son solo médicos que vienen de fuera, también nacionales que nunca pasaron por el MIR.
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El problema es doble: primero, para los pacientes, que sufren los errores de estos sanitarios. Para el resto de facultativos, es trabajo extra, pues terminan resolviendo constantemente dudas de estos médicos. “Nosotros no podemos estar tutorizando a los médicos de urgencias, es imposible supervisar a cinco médicos adjuntos y seguir tu trabajo normal”, explica.
Alicia termina haciéndose cargo también de los propios MIR de Urgencias, además de los que forma en su especialidad. “Me llaman continuamente residentes en las guardias para hacer interconsultas, para comentarte casos que no tienen ni pies ni cabeza. No están enfocados porque no tienen un adjunto que les haya supervisado y, al final, te ves haciendo el trabajo que debería estar haciendo otro”, lamenta.
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Mejoras insuficientes en el HUC
La denuncia de la AME ha servido para que se introduzcan pequeñas mejoras en las últimas semanas. “Se ha repartido mejor la carga asistencial entre los residentes y se ha realizado un listado con los adjuntos con especialidad a los que pueden consultar”, indica Pérez. “Sin embargo, los testimonios que seguimos recibiendo indican que podrían persistir problemas importantes”, añade.
La asociación espera que se realice una evaluación independiente que adopte medidas concretas para solucionar la situación del HUC. “Nuestra reivindicación es constructiva: garantizar una supervisión adecuada, proteger la formación de los residentes y conseguir que la calidad docente sea acorde con el esfuerzo que exige el sistema MIR. La población atendida por el HUC también merece un servicio de Urgencias con la máxima calidad asistencial y docente”, concluye.
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