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Qué hacer y qué no si nos pica una medusa: ¿sirve de algo orinar sobre la herida?

La mayoría de las picaduras de medusa no son grave si se tratan correctamente y a tiempo

La mayoría de las picaduras de medusas no suelen ser graves (Europa Press - Víctor Manuel Mulero / Montaje Infobae
La mayoría de las picaduras de medusas no suelen ser graves (Europa Press - Víctor Manuel Mulero / Montaje Infobae)
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Cada verano, miles de españoles no faltan a su cita con la playa para combatir el calor, pero en los últimos años un visitante inesperado se ha convertido en un habitual de muchas zonas de baño, especialmente en el litoral mediterráneo: las medusas. Arrastradas por las corrientes marinas, estas especies pueden llegar en grandes concentraciones a la costa, obligando incluso a cerrar playas y dificultando tanto el baño como los paseos por la orilla. Aunque su presencia genera preocupación entre los bañistas, la mayoría de las picaduras no presentan gravedad si se actúa de forma correcta desde el primer momento.

Las medusas poseen células urticantes que utilizan como mecanismo de defensa y para capturar presas. En el caso de las personas, el contacto suele producirse de forma accidental mientras se nada, al pisarlas en la orilla o al intentar manipularlas, incluso cuando parecen estar muertas. De hecho, los restos de tentáculos conservan su capacidad para liberar veneno, por lo que siguen representando un riesgo.

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Los síntomas más habituales aparecen de forma inmediata tras el contacto, siendo el dolor intenso y el picor las manifestaciones más frecuentes, acompañados de enrojecimiento de la piel, inflamación y la aparición de pequeñas vesículas. En la mayoría de los casos, estas molestias son locales y desaparecen con el paso de las horas o los días. Sin embargo, en algunas personas pueden aparecer síntomas más importantes, como náuseas, vómitos o calambres musculares, aunque esto es poco frecuente.

El Ministerio de Sanidad advierte además de que quienes ya han sufrido una picadura anteriormente pueden desarrollar una mayor sensibilidad, de modo que una nueva exposición provoque una reacción más intensa. Por ello, las personas con antecedentes de alergias, enfermedades cardíacas o los niños requieren una vigilancia especial, ya que presentan un mayor riesgo de complicaciones.

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Una medusa (Magnific)
Una medusa (Magnific)

Cómo actuar ante la picadura de una medusa

Ante una picadura, el Ministerio insiste en que la actuación inmediata puede marcar la diferencia. El primer paso consiste en limpiar la zona afectada sin frotarla, utilizando siempre agua de mar o, si se dispone de ella, suero fisiológico. El agua dulce debe evitarse porque puede favorecer que las células urticantes que permanezcan sobre la piel liberen una mayor cantidad de veneno.

Si quedan adheridos restos de tentáculos, estos deben retirarse cuidadosamente con unas pinzas o utilizando un objeto que permita hacer esa función, como dos tarjetas rígidas. Nunca deben tocarse directamente con las manos. Después, se recomienda aplicar frío durante un máximo de veinte minutos mediante una bolsa con hielo protegida por plástico o un paño, evitando siempre el contacto directo del hielo con la piel para prevenir quemaduras.

Otra de las recomendaciones es acudir cuanto antes al socorrista o al puesto de primeros auxilios de la playa para recibir una valoración adecuada. Además, conviene evitar rascarse la lesión y proteger la zona afectada de la exposición directa al sol mientras cicatriza. Si el dolor aumenta, aparecen síntomas generales o el estado de la persona empeora progresivamente, debe buscarse atención médica de inmediato.

La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Cuando las autoridades alertan de una elevada presencia de medusas, lo más recomendable es permanecer fuera del agua. También se aconseja no caminar por la orilla donde rompen las olas, ya que pueden acumularse fragmentos de tentáculos invisibles, evitar los juegos infantiles en esa zona y avisar siempre al socorrista si se detectan medusas, aunque parezcan inertes o estén fragmentadas.

Cada verano, las medusas proliferan en las costas españolas. Aunque afectan al turismo, también cumplen funciones ecológicas y tienen aplicaciones científicas. Su presencia refleja desequilibrios ambientales y el calentamiento global.

El mito de orinar sobre la herida

Uno de los mitos más extendidos sobre el tratamiento de la picadura de una medusa es orinar sobre la herida. Sin embargo, la evidencia es clara: este remedio carece de base científica e incluso puede empeorar la lesión. Aunque durante años se ha popularizado la idea de que la orina, por contener amoníaco, ayuda a aliviar el escozor, la realidad es que no neutraliza el veneno de la medusa. Al contrario, puede irritar aún más la piel y favorecer la liberación del contenido de las células urticantes que permanecen adheridas a la superficie, intensificando el dolor y la inflamación.

Los especialistas también desaconsejan recurrir a otros remedios caseros, como aplicar agua dulce, alcohol, amoníaco, hielo directamente sobre la piel o frotar la zona con arena o una toalla. Estas prácticas pueden activar los nematocistos (las diminutas estructuras que contienen el veneno) y agravar la reacción.

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