Entre este jueves y viernes, más de 60.000 personas entraron en Ceuta, una ciudad de poco más de 83.000 habitantes que no estaba, ni está, preparada para recibir a tanta gente de un día para otro. Al menos 67 personas han muerto en la travesía. Apenas unos días antes, el 15 de julio, Pedro Sánchez se sentaba en Argelia con el presidente Abdelmadjid Tebboune en una visita oficial que tenía como objetivo dar pie a “una nueva etapa” en las relaciones con el vecino africano para “construir un partenariado económico beneficioso”.
La crisis migratoria de esta semana no puede sino evocar, si bien la dimensión es significativamente mayor, el episodio de 2021, cuando unas 8.000 personas, 1.500 de ellas menores de edad, entraron en Ceuta poco después de que se recibiese en un hospital de La Rioja al entonces máximo representante del Frente Polisario, enfrentado a Marruecos por la soberanía del Sáhara Occidental.
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Este sábado, según informa El País, continúa el traslado de jóvenes marroquíes desde Castillejos a sus ciudades de origen. Desde el viernes, miles de personas comenzaron a regresar a Marruecos tras haber cruzado la frontera hacia Ceuta en los últimos días, después de ser recibidas por una ciudad completamente cerrada, sin forma de conseguir sustento, ni donde dormir, ni hacer sus necesidades. Autobuses organizados por las autoridades marroquíes recogen a grupos de jóvenes y menores que esperan desde la madrugada para emprender el retorno.

El Gobierno de Marruecos guarda silencio
Todavía se desconoce cómo más de 60.000 personas se han coordinado para cruzar la frontera en menos de 48 horas, pero todo apunta a que tiene que ver con una lectura errónea y sensacionalizada de la sentencia en materia migratoria del pasado 8 de julio que ilegalizaba la “devolución en caliente” de migrantes irregulares que entren por vía marítima en España. Algunos de los jóvenes que llegaban a la ciudad autónoma, entrevistados por una variedad de medios, hablan de una campaña en redes sociales que prometía que España había abierto la puerta a todo el mundo.
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Según fuentes gubernamentales españolas citadas por El País, sin embargo, tal movimiento migratorio no habría sido posible sin que las autoridades marroquíes tuviesen conocimiento de ello y decidiesen permitirlo. La frontera entre Marruecos y Ceuta es una doble valla de seis metros de altura - más lo que mida el alambre de espino que la corona - que rodea la ciudad, con varios puestos de vigilancia a lo largo de ambos lados, sensores de movimiento, focos y cámaras de video enrutadas a una cabina de control central. A lo que hay que sumar también las embarcaciones que recorren la costa. Ahora también incluirá una barrera marina que permitirá, al ser un obstáculo físico, la repatriación inmediata de las personas que la decidan cruzar.
Karima Benyaich, embajadora de Marruecos en España, se pronunciaba este jueves para asegurar que la situación fue “no querida” por el país. “El Gobierno de Marruecos pide y quiere que estos conciudadanos que han atravesado la frontera vuelvan a nuestro país. No es algo que nos complazca; queremos siempre una inmigración ordenada y segura para todos”. Esta ha sido, dos días después, la última reacción —o la única, sin tener en cuenta los anuncios de compromiso y colaboración con España— de las autoridades marroquíes, que achacan la crisis a la actividad de supuestas mafias de trata de personas que, de alguna manera, se habrían beneficiado de que 60.000 personas se hayan llevado a sí mismas al otro lado de una frontera y de vuelta. Las autoridades españolas comparten también esta tesis.
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El periódico más cercano a Mohammed VI lo achaca a que Ceuta y Melilla deberían “reintegrarse” en Marruecos
Aunque las autoridades guarden todavía silencio, Le360, medio marroquí muy afín a Mohammed VI, atribuye la crisis al “estatus insostenible” de las dos ciudades autónomas españolas, ubicadas en el norte del continente africano en lo que Marruecos considera territorio propio ocupado.
El medio asegura que las fuerzas de seguridad marroquíes “realizan un esfuerzo permanente para blindar estos límites”, pero que el esquema geográfico no es sostenible, “máxime cuando para la propia España el coste financiero, humano y logístico de mantener esa protección pesa de forma considerable sobre las arcas públicas”.
Por esto, consideran “ineludible” que, por “la geografía, la demografía y el sentido común”, Ceuta y Melilla “se reintegrarán en su entorno natural, Marruecos”, y que la cuestión no es si lo harán sino cuándo. Ceuta “no puede mantenerse indefinidamente como una ciudad española incrustada en suelo marroquí”, según el medio, que se refiere a la caída del al-Ándalus peninsular como prueba de que todo lo que se encuentra fuera de “su espacio natural” tiene como destino la extinción.
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Ignora la realidad socioeconómica que los jóvenes marroquíes llegados a Ceuta describen, entrevistados por diversos medios: desempleo juvenil, frustración económica y una falta de oportunidades que les llevaron a decidir que la posibilidad de perder la vida cruzando la frontera era un riesgo asumible. Según el medio, 60.000 personas han arriesgado la vida porque “el entorno natural” de Ceuta y Melilla es Marruecos. La solución al problema, según el medio, es la “restitución” - las ciudades autónomas nunca han sido “marroquíes”, la ONU respalda la soberanía española y la ley internacional no las considera colonias - de ambas como territorio marroquí.
El alegato de soberanía marroquí sobre Ceuta y Melilla no es exclusivo de Le360. Un informe reciente de la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos describe ambas ciudades como “administradas por España, situadas en territorio marroquí” y respalda la apertura de conversaciones entre España y Marruecos sobre su futuro estatus. Este documento es no vinculante y no modifica la posición oficial de Estados Unidos, que sigue reconociendo la soberanía española, pero sí supone un giro relevante en el tono diplomático.
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Tampoco es EE.UU. el único poder que considera Ceuta y Melilla territorio colonial u ocupado. Danny Danon, embajador israelí ante la ONU, aprovechó la crisis migratoria para cuestionar la presencia española en Ceuta y Melilla, tratando de deslegitimar a España como denunciante de las vulneraciones israelíes de derechos humanos y la legalidad internacional en Palestina, algo que Danon considera “sermonear”. En una publicación en X, Danon acusó a España de “mantener enclaves coloniales en África”, y reclamó explicaciones a Madrid por seguir administrando estos territorios.
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