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El cambio climático alarga la temporada de avispas y aumenta el riesgo de picaduras: “Convivimos con ellas mucho más tiempo”

El calor acelera el ciclo de vida de las avispas y ha permitido la llegada de especies más peligrosas para la salud pública

Una avispa (AdobeStock)
Una avispa (AdobeStock)
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Los científicos llevan décadas advirtiéndolo y las consecuencias han llegado. El cambio climático ya afecta al clima cotidiano y aumenta las temperaturas en cada temporada. Los inviernos se han vuelto más suaves y cálidos, lo que, unido a las temporadas de calor cada vez más prolongadas, tiene sus efectos en la naturaleza. Normalmente, esta alteración pone en peligro de extinción a las especies, pero con las avispas sucede todo lo contrario: la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) ha advertido de que su población está creciendo.

“A la pregunta de si el cambio climático está alargando la temporada y el riesgo de picaduras en España, la contestación es sí”, afirma el doctor David González de Olano. El alergólogo recuerda que, con el cambio climático, se ha modificado la estacionalidad de los himenópteros, el grupo de insectos al que pertenecen las abejas y las avispas: el ascenso de las temperaturas favorece que estos insectos permanezcan más activos durante una mayor parte del año.

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En el caso de las abejas, la exposición está muy condicionada por el contacto con colmenas y por actividades como la apicultura. Las avispas, sin embargo, tienen mayor presencia en los espacios urbanos, rurales y de ocio. “Antes las avispas probablemente teníamos un periodo, a lo mejor, de cinco meses al año y ahora, por el cambio climático, convivimos con ellas durante mucho más tiempo”, señala.

La avispa asiática se suma a la amenaza

Avispas asiáticas (AdobeStock)
Avispas asiáticas (AdobeStock)

Al cambio de estacionalidad se le ha sumado la llegada de nuevas especies, como la avispa asiática o Vespa velutina. Este ejemplar llegó a España en el año 2010 y se ha ido extendiendo por la península ibérica. Los alergólogos explican que esta avispa plantea varios retos, entre ellos la mayor exposición de la población a este ejemplar más agresivo y venenoso. “La avispa velutina es agresiva y, si se siente amenazada, va a picar”, asegura el doctor González de Olano.

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La picadura provoca un dolor agudo y un escozor intenso similar al de una quemadura. La especie, a diferencia de las abejas, puede usar el aguijón varias veces y picar de forma repetida a una misma persona. Ese riesgo aumenta porque, durante el ataque, libera una feromona que incita al resto de la colmena a atacar. Así, si la persona afectada se encuentra cerca de un nido, se expone a sufrir varias picaduras, lo que puede provocar reacciones alérgicas graves.

Cómo diferenciar una picadura normal de una reacción alérgica

En la población general, la picadura de una avispa velutina provocará más dolor que la de una abeja o avispa común, pero para los alérgicos este incidente puede llegar a ser mortal. El alergólogo explica que “una reacción local en la zona de picadura o de mordedura es inevitable, eso es normal, no hay que preocuparse por eso”, pero con síntomas más graves hay que acudir a un especialista.

La sospecha de alergia aparece cuando, tras una sola picadura, surgen síntomas alejados del lugar afectado. Náuseas, vómitos, mareo, fatiga o manifestaciones en distintas partes del cuerpo apuntan a una reacción generalizada o sistémica que exige valoración por un alergólogo. En estos casos, es importante identificar el insecto causante de la picadura, que ayudará a realizar con mayor exactitud el diagnóstico y a implementar tratamientos adecuados.

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