
El aumento de las temperaturas globales modifica los ritmos naturales de numerosos organismos, en especial de los insectos polinizadores. Cambios en el momento en que abejas y avispas salen de su periodo de hibernación, en relación con la aparición de flores y presas disponibles, pueden afectar procesos fundamentales para los ecosistemas, como la polinización y el control de plagas, con posibles repercusiones en la biodiversidad y la producción agrícola.
Un estudio publicado en la revista Functional Ecology y realizado por un equipo de la Universidad Julius Maximilianus de Wurzburgo analiza, a partir de un experimento de gran escala, cómo distintas especies de abejas y avispas ajustan el momento de su salida de la hibernación y su estado físico bajo diferentes escenarios de temperatura.
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El trabajo explora el papel de la adaptación genética y la capacidad de estos insectos para modificar su desarrollo y comportamiento según las condiciones ambientales, un fenómeno conocido como plasticidad fenotípica, en la respuesta al calentamiento global.
“El calentamiento global amenaza la supervivencia de las poblaciones de insectos al obligarlas a ajustar su fenología; respuestas que pueden estar limitadas por la adaptación local e implicar compensaciones fisiológicas”, escribieron.
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Cómo la variación de temperaturas modifica el comportamiento de abejas y avispas

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que 2025 fue uno de los tres años más cálidos de los que se tiene constancia, con una temperatura media global que superó en 1,44 °C los niveles preindustriales. Este registro se suma a una tendencia de once años consecutivos con temperaturas récord, impulsada principalmente por la acumulación de gases de efecto invernadero y el aumento constante del calor en los océanos.
Estas condiciones no solo intensifican los fenómenos meteorológicos extremos, sino que también modifican los ciclos vitales de los organismos, como ocurre con abejas y avispas. Estos insectos atraviesan el invierno mediante la hibernación o la diapausa, protegidos en nidos subterráneos, madera o tallos huecos. Durante este periodo, reducen su metabolismo al mínimo y dependen de sus reservas de grasa o alimento almacenado. Algunas especies hibernan como adultos, mientras que otras lo hacen como larvas o pupas, completando su desarrollo al aumentar la temperatura.
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Según el estudio, todas las especies analizadas muestran una fuerte plasticidad fenotípica: emergen antes cuando las temperaturas posteriores al invierno resultan más cálidas. Sin embargo, la respuesta no es uniforme.
La procedencia climática de cada población (medida como temperatura media anual del sitio de origen) modula este adelanto. Las especies que emergen en primavera y provienen de regiones templadas adelantan aún más su salida bajo condiciones cálidas, conservando mayor masa corporal al salir del estado de hibernación que aquellas originarias de zonas frías. Esta diferencia resulta clave porque la masa corporal al emerger condiciona la energía disponible para sobrevivir y reproducirse.
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En contraste, la respuesta de las especies que emergen en verano varía según su origen. Solo los ejemplares procedentes de áreas frías adelantan su emergencia en respuesta al calor, pero este grupo, en especial las hembras, pierde masa corporal con mayor rapidez cuando las temperaturas son altas.
El estudio documenta reducciones de hasta un 34 % en la masa de hembras de especies estivales bajo condiciones cálidas. Cristina Ganuza, una de las autoras, señaló en el comunicado oficial de la universidad: “Nuestros datos muestran que los insectos de regiones frías son especialmente vulnerables a las primaveras cálidas. Pierden energía más rápido y parten con peores condiciones iniciales”.
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Los resultados muestran que el adelanto en la salida de abejas y avispas de la hibernación puede provocar que estos insectos no encuentren flores ni presas disponibles en el momento en que las necesitan. Esta descoordinación presenta una amenaza para la polinización de las plantas y puede alterar el equilibrio de los ecosistemas.
Cómo analizaron las respuestas biológicas de los insectos a las nuevas condiciones ambientales
El equipo investigador recolectó cerca de 15.000 individuos de cinco especies de abejas y avispas de más de 160 regiones de Baviera, estado al sureste de Alemania. Estos insectos, agrupados según el momento en que suelen emerger (primavera o verano) y su origen climático, fueron criados bajo condiciones controladas en cámaras ambientales que simularon tres escenarios: primavera fría, cálida y extremadamente cálida, esta última contemplando proyecciones de cambio climático.
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La metodología del estudio consistió en registrar cada día cuándo salía cada insecto de la hibernación y en medir su peso al despertar. Además, se analizaron datos sobre la temperatura del lugar de origen de cada población y cómo variaron esas temperaturas durante el desarrollo de los insectos. Esto permitió observar tanto las diferencias heredadas entre poblaciones como la capacidad de adaptación de cada especie a los cambios del ambiente.
El estudio controló variables como la localización geográfica, la altitud y el tipo de hábitat, y aplicó modelos estadísticos robustos para identificar patrones en las respuestas de cada especie y sexo. De este modo, el trabajo logra diferenciar la influencia del clima de origen, las condiciones experimentales y los posibles efectos transgeneracionales en la emergencia de los insectos.
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El trabajo aporta información relevante sobre la vulnerabilidad de los insectos polinizadores ante escenarios de calentamiento global. Los resultados sugieren que las especies de regiones frías que emergen en primavera son las más afectadas por las primaveras cada vez más cálidas, ya que pierden reservas energéticas a mayor velocidad y enfrentan riesgos para su supervivencia y reproducción.
Los autores plantean nuevas preguntas para la investigación futura: ¿Qué impacto tienen los episodios de calor extremo sobre la emergencia y el éxito reproductivo de estos insectos? ¿Cómo influyen las reservas energéticas en su función polinizadora? ¿Cuánto tiempo precisan las poblaciones para adaptarse a los nuevos patrones térmicos?
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