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La psicología dice que las personas que se arrepienten no piensan en lo que pasó sino en lo que creen que habría pasado

No piensan solo en los hechos, sino en el “final alternativo” que reconstruyen con la información presente

Hombre joven con cabello oscuro y gafas cubre su rostro con ambas manos; fondo de árboles, hojas secas en el suelo y un sendero
Un joven se cubre el rostro con las manos indicando arrepentimiento.
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Sentirse arrepentido es más común de lo que parece. Según la psiquiatra Suzanne Bender, autora en Psychology Today, quienes experimentan arrepentimiento rara vez piensan en lo que realmente ocurrió. En su lugar, imaginan escenarios alternativos: lo que creen que habría pasado si hubieran actuado diferente.

Este fenómeno mezcla emociones como vergüenza, culpa y tristeza con una pizca de pensamiento mágico. Bender explica que el arrepentimiento funciona como un rebobinado mental: la persona repite escenas pasadas con la sabiduría adquirida con el tiempo, modificando los hechos en su mente y afectando su manera de ver el presente.

Entre la autocrítica y la oportunidad

El arrepentimiento adopta muchas formas. Compartirlo a veces ayuda a sanar, como ocurre en programas de recuperación donde asumir errores y enmendar el pasado es parte del proceso. Según Bender, “el arrepentimiento por conductas reprobables es necesario para facilitar el cambio de comportamiento”.

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Sin embargo, no todo arrepentimiento resulta constructivo. Cuando se convierte en un pensamiento recurrente y solitario, puede alimentar el estancamiento emocional. A diferencia de la tristeza, el arrepentimiento suele ser más fácil de compartir, lo que permite empatía por parte de otros. Si se puede procesar y entender, este sentimiento puede abrir la puerta a una mayor comprensión psicológica y a nuevas oportunidades.

Un punto clave es la diferencia entre el arrepentimiento que ayuda a aprender y el que solo produce sufrimiento. “Si este tipo de arrepentimiento arraigado se puede compartir, procesar y comprender, puede sentar las bases para una mayor comprensión psicológica y oportunidades futuras”, afirma Bender.

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Tipos de arrepentimiento y trampas mentales

No todos los arrepentimientos funcionan igual. Bender describe el “arrepentimiento por deseo”, que surge cuando alguien lamenta no haber logrado algo, aunque ese objetivo quizás nunca fue realista. Por ejemplo, quien no estudió medicina fantasea con una vida distinta, sin preguntarse si realmente le interesaba la ciencia o si tenía las capacidades para esa carrera.

Este tipo de arrepentimiento evita preguntas profundas: ¿era realmente ese el sueño?, ¿hubo presiones externas?, ¿qué sentido tenían las decisiones tomadas en ese momento? Así, el arrepentimiento se convierte en un atajo que esquiva debates internos complejos sobre necesidades y deseos verdaderos.

También está el arrepentimiento que simplifica el pasado. Una madre lamenta no haber viajado antes de tener hijos, sin recordar que en ese entonces tampoco tenía dinero ni tiempo. La obsesión por experiencias no vividas puede disfrazar necesidades actuales, como desear más autonomía o tiempo propio. Bender propone replantear ese deseo: quizás no se pueda ir a Tailandia, pero sí cenar en pareja en un restaurante tailandés local o pasear con amigas sin hijos. Comprender el arrepentimiento ayuda a descubrir lo que realmente falta en el presente.

Mujer de cabello rojizo con una cinta negra en el cabello, vestida de negro, apoya su cabeza y brazos sobre una superficie de madera oscura
Una mujer apoya su cabeza y brazos sobre una banca, inmersa en un momento de arrepentimiento.

El arrepentimiento profundo aparece tras decisiones importantes, como ignorar síntomas de salud o elegir una pareja pese a señales de alerta. En estos casos, el sentimiento puede convertirse en una forma de buscar control ante el caos. “Repetir ‘¿Cómo pude haber...?’ es más fácil que afrontar los intensos sentimientos que bullen en el interior: miedo, disgusto y dolor por la injusticia de todo”, explica la especialista.

Si la persona queda atrapada en este ciclo, el arrepentimiento añade autoflagelación al dolor. Pero revisar honestamente las propias motivaciones puede permitir aprender. A veces, la psicoterapia ayuda a entender por qué se tomaron ciertas decisiones, qué necesidades estaban presentes y cómo enfrentar de otra manera situaciones futuras.

Comprender el arrepentimiento para avanzar

El arrepentimiento es parte de la condición humana y, bien manejado, puede convertirse en una oportunidad de conocerse mejor. Mirar atrás con comprensión permite ver que, por diversas razones, no se valoró algo importante en su momento. Esta introspección compasiva es el primer paso para aprender y construir un futuro más consciente, dejando de lado el “qué habría pasado” y enfocándose en el presente y las posibilidades reales de cambio.

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