La psicología confirma que las personas que tienen el móvil en silencio no lo hacen por dejadez, sino para mejorar la concentración

Un estudio apunta que una notificación obliga al cerebro a desviar su atención y reorganizar sus prioridades

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Una mujer silencia las notificaciones de su teléfono móvil (Magnific)
Una mujer silencia las notificaciones de su teléfono móvil (Magnific)

Vivimos rodeados de notificaciones. Llamadas, mensajes, correos electrónicos, recordatorios del calendario y alertas de aplicaciones compiten constantemente por nuestra atención. Es por ello que cada vez más personas optan por mantener el teléfono en silencio durante gran parte del día. Lejos de ser una simple preferencia, la decisión podría tener beneficios para la concentración y el bienestar, según sugieren diferentes investigaciones.

Durante años, la mayor parte de los estudios sobre interrupciones se han realizado en laboratorios, donde los investigadores controlaban cuándo y cómo se distraía a los participantes. Sin embargo, un estudio publicado en Sage Journals analizó cómo funcionan esas interrupciones en situaciones reales de trabajo frente al ordenador. Sus resultados apuntaron a una conclusión clara: las interrupciones externas, como una llamada, un mensaje o una notificación, afectan más al rendimiento que las interrupciones internas, como dejar vagar la mente o cambiar voluntariamente de tarea.

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El hallazgo fue muy relevante porque refleja lo que ocurre en el día a día. Aunque las personas estamos cada vez más acostumbradas a convivir con un flujo constante de información, no todas las distracciones tienen el mismo impacto. Una notificación que irrumpe de forma inesperada obliga al cerebro a desviar su atención y reorganizar sus prioridades, un proceso que consume recursos cognitivos y dificulta retomar la actividad que se estaba realizando.

Un daño a la capacidad de atención

Precisamente por ello, muchas personas eligen silenciar su teléfono como una estrategia para proteger su concentración. El neurocientífico Daniel J. Levitin, autor de The Organized Mind: Thinking Straight in the Age of Information Overload, sostiene que la expectativa permanente de responder de inmediato puede perjudicar la capacidad de mantener la atención. Reducir el número de interrupciones ayuda a crear un entorno más propicio para el trabajo profundo y disminuye la sensación de estar constantemente “en guardia” ante el próximo aviso del móvil.

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Otros estudios también han mostrado hasta qué punto las interrupciones afectan al rendimiento. Una investigación ampliamente citada estimó que, tras una interrupción, una persona puede tardar más de 23 minutos en recuperar plenamente el nivel de concentración que tenía antes de ser distraída. Aunque el estudio publicado en Sage Journals no encontró diferencias significativas entre retomar una tarea después de una o varias interrupciones, sí confirmó que las interrupciones externas son las que generan un mayor impacto en el trabajo cotidiano.

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Silenciar el teléfono ayuda a establecer límites

Mantener el teléfono en silencio no solo puede mejorar la productividad. Para muchas personas también representa una forma de establecer límites entre la vida digital y la personal. En una época marcada por la hiperconectividad, decidir cuándo revisar los mensajes y cuándo permanecer desconectado se ha convertido en una manera de recuperar el control sobre el propio tiempo.

Esta idea está relacionada con el llamado tecnoestrés, un concepto acuñado en 1984 por el psiquiatra Craig Brod para describir el estrés derivado del uso intensivo de las tecnologías. Hoy, ese fenómeno va mucho más allá del ámbito laboral. La presión por responder rápidamente, la sensación de disponibilidad permanente y el flujo ininterrumpido de notificaciones pueden favorecer la fatiga mental y aumentar los niveles de estrés.

Diversas instituciones también recomiendan adoptar hábitos digitales más saludables. Entre ellos se encuentran limitar el tiempo frente a las pantallas, establecer horarios para consultar el teléfono y reducir las interrupciones innecesarias mediante la gestión de las notificaciones. Así, silenciar el móvil puede ser una de las medidas más sencillas para conseguirlo.

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