¿Por qué aumentan las intoxicaciones alimentarias en verano? Altas temperaturas y comida mal conservada, el hábitat perfecto para las bacterias

Los microorganismos necesitan que el alimento les brinde unas condiciones determinadas para sobrevivir

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Con la llegada del calor, aumenta el riesgo de intoxicaciones alimentarias. Te explicamos por qué sucede y te damos las recomendaciones de los expertos para evitarlo, como mantener la cadena de frío y evitar la contaminación cruzada.

El verano no solo nos deja días de piscina y largas noches de verbena. Es también el momento en el que se producen más intoxicaciones alimentarias. Las altas temperaturas y las comidas fuera de casa, a veces en lugares donde la comida no está bien conservada, suponen el foco perfecto para la proliferación de microorganismos.

Las toxiinfecciones alimentarias son enfermedades que se producen tras consumir alimentos contaminados por microorganismos patógenos o por las toxinas que estos generan. Su origen puede ser diverso: bacterias, virus o parásitos. Dependiendo del agente causante, se distinguen tres tipos principales. Las infecciones, como la salmonelosis o la hepatitis A, se producen cuando el organismo ingiere directamente los microorganismos presentes en el alimento. Las intoxicaciones, como el botulismo o la gastroenteritis causada por enterotoxinas estafilocócicas, tienen su origen en toxinas ya formadas en los alimentos antes de ser consumidos. Por último, las parasitosis, entre las que destacan la triquinelosis y la anisakiasis, son consecuencia de la ingestión de determinadas formas parasitarias.

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Los microorganismos son seres vivos que necesitan que el alimento, que les sirve al mismo tiempo de vehículo y de hábitat, les brinde unas condiciones determinadas para sobrevivir. El calor propicia su desarrollo, por lo que alimentos que solemos llevar a la playa, como una tortilla de patatas o un tupper con ensaladilla rusa, son para las bacterias el lugar perfecto para crecer.

Uno de los errores más frecuentes es confiar únicamente en el aspecto del alimento. Un producto puede parecer fresco, mantener un olor normal y no presentar alteraciones visibles, pero estar contaminado con microorganismos capaces de provocar una enfermedad. Por ello, la apariencia nunca debe ser el único criterio para valorar si un alimento es seguro para el consumo.

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El verano es el momento del año donde más aumenta el riesgo de intoxicación alimentaria (Magnific)
El verano es el momento del año donde más aumenta el riesgo de intoxicación alimentaria (Magnific)

Cómo prevenir una intoxicación alimentaria

Antes de consumir cualquier alimento, la seguridad comienza con una correcta manipulación. Por ello, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recuerda una serie de recomendaciones que ayudan a prevenir la mayoría de las toxiinfecciones alimentarias.

La primera pauta es elegir alimentos que hayan sido tratados higiénicamente. La leche debe estar pasteurizada o esterilizada, mientras que carnes, pescados y productos frescos deben mantenerse siempre refrigerados o congelados. En el caso de preparaciones caseras con huevo crudo, como algunas salsas o postres, es aconsejable consumirlas inmediatamente y evitar guardar las sobras.

La cocción también es un factor clave. Los alimentos de origen animal deben alcanzar una temperatura suficiente para eliminar los microorganismos que puedan contener, por lo que es recomendable asegurarse de que el interior esté completamente cocinado. Una vez preparados, conviene consumirlos cuanto antes y no dejarlos a temperatura ambiente durante más de dos horas.

Si se conservan sobras, estas deben refrigerarse rápidamente y recalentarse por completo antes de volver a consumirlas. Asimismo, para evitar la anisakiasis, el pescado que vaya a consumirse crudo o poco cocinado debe congelarse previamente durante al menos cinco días a -20 °C o menos.

La AESAN también insiste en evitar la contaminación cruzada. Los alimentos crudos nunca deben entrar en contacto con los ya cocinados, ni compartir utensilios, tablas de cortar o paños de cocina sin una limpieza previa. Mantener una correcta higiene de manos, superficies y utensilios resulta esencial durante toda la preparación.

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