Los trabajadores españoles necesitan todas sus vacaciones y del tirón para desconectar: 27 días frente a los 8 de los británicos y los 12 de los franceses

Un estudio señala que el cansancio acumulado no se resuelve solo con breves escapadas ni con una semana fuera de la oficina

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Hombre y dos mujeres con bebidas, sentados en hamacas azules junto a una piscina con edificios al fondo y el mar en el horizonte.
Tres amigos conversan mientras se relajan en las hamacas de la piscina de un hotel de la costa española (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una escapada de fin de semana, o incluso una semana en la playa, se queda muy corta si el objetivo es desconectar realmente del trabajo. Los trabajadores españoles necesitan una media de 27,1 días de vacaciones para lograr una desconexión real de sus obligaciones laborales, prácticamente un mes entero de descanso. Así lo recoge un estudio de SD Worx, compañía especializada en servicios de recursos humanos, que sitúa a España a la cabeza de Europa entre los países donde los empleados necesitan más tiempo para recargar energías.

Mientras los profesionales españoles necesitan casi todas sus vacaciones para sentir que paran de verdad, en Reino Unido bastan 8,5 días, en Francia 12,9 y en Alemania 14,7. Es decir, los trabajadores en España necesitan más del triple de tiempo que los británicos y más del doble que los franceses para tomar distancia del ritmo laboral acumulado durante el año.

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El dato también supera con claridad la media europea, situada en 17,3 días. España está casi diez días por encima de ese promedio, una brecha que convierte el descanso laboral en algo más que una cuestión de calendario.

Casi un mes para dejar atrás el trabajo

El estudio no habla solo de vacaciones, sino de cómo se llega a ellas. Si un trabajador necesita prácticamente un mes para recuperar energía, el problema no empieza necesariamente el primer día de descanso, sino mucho antes. La carga acumulada, la presión antes de irse, las tareas que quedan pendientes y la dificultad para cortar con correos, llamadas o mensajes pueden hacer que los primeros días libres se parezcan más a una transición que a una desconexión real.

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En ese contexto, el verano se convierte para muchos trabajadores en el gran momento del año para parar. No solo para viajar o cambiar de rutina, sino para tomar distancia del trabajo después de meses de actividad. El estudio de SD Worx plantea precisamente esa idea: las vacaciones son fundamentales, pero no deberían ser el único mecanismo para recuperar las fuerzas.

Entrevistamos a varias personas en el centro de Madrid.

El informe defiende que las empresas tienen margen para organizar mejor el descanso de sus plantillas. Eso implica planificar las vacaciones con más antelación, repartir las cargas para que no se concentren justo antes o después del verano y facilitar una vuelta progresiva que no convierta el regreso en una carrera por ponerse al día.

También pasa por reforzar la flexibilidad y la conciliación durante el resto del año, para que las vacaciones no sean el único momento en el que los trabajadores puedan recuperar energía.

No todo se arregla con irse de vacaciones

El verano también pone a prueba a las empresas. Durante estas semanas tienen que mantener la actividad, reorganizar equipos, cubrir ausencias y evitar que el descanso de unos se convierta en una sobrecarga para otros.

La desconexión real pasa también por limitar comunicaciones no urgentes durante los días libres. Responder un correo, mirar una notificación o dejar asuntos abiertos puede parecer inofensivo, pero contribuye a que el descanso no sea completo.

Lo mismo ocurre con la vuelta: si el regreso implica encontrarse de golpe con todas las tareas acumuladas, parte del efecto reparador de las vacaciones se pierde en pocos días.

Si los trabajadores necesitan casi un mes para desconectar, quizá el descanso no debería empezar solo cuando llegan las vacaciones, sino en la forma en que se organiza el trabajo durante todo el año.

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