
Las llamas están golpeando con fuerza España este verano. En lo que va de año (del 1 de enero al 1 de julio), según los datos del Sistema de Información de Incendios Forestales de la Comisión Europea (EFFIS) del programa Copernicus, se han quemado en nuestro país más de 50.000 hectáreas. Especialmente virulento está siendo el incendio en Los Gallardos (Almería), donde han muerto al menos 11 personas que trataban de huir del fuego.
Con el objetivo de gestionar de una forma eficaz los recursos disponibles para la extinción de los fuegos, existen un sistema que los clasifica en función de su peligrosidad, así como se designan distintas fases según evolucione el avance de las llamas y se clasifican según su tamaño. Todo esto permite organizar los operativos de emergencia, en los que pueden llevar a trabajar cientos o incluso miles de efectivos en función de la situación.
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Niveles de emergencia de los incendios forestales
Los incendios forestales, según su gravedad, la amenaza que entrañan para la población y las infraestructuras o la capacidad de control que se tiene en ese momento sobre el fuego, se clasifican en cuatro niveles operativos que van del 0 al 3.

- Nivel 0: se gestiona a nivel autonómico. El incendio no supone peligro para las personas y las infraestructuras y puede extinguirse con los medios de la comunidad autónoma. Afectan solo a terreno forestal.
- Nivel 1: también se gestiona a nivel autonómica. Se activa cuando existe riesgo para viviendas o infraestructuras, por lo que pueden adoptarse medidas preventivas, como evacuaciones puntuales.
- Nivel 2: implica cooperación entre autonomías y el Estado. Se produce cuando el incendio supera la capacidad de respuesta de la comunidad autónomas y es necesario el apoyo de los medios estatales, como la Unidad Militar de Emergencias (UME) o las brigadas BRIF del Ministerio para la Transición Ecológico y el Reto Demográfico (MITECO). En este caso, puede haber daños significativos o riesgo para personas, propiedades o entornos naturales valiosos.
- Nivel 3: se activa el mando directo del Gobierno central. Este es el máximo nivel de emergencia e indica que existe un riesgo grave para la población o por la magnitud del incendio.

Fases de los incendios forestales
En función del punto en el que se encuentre el fuego en su evolución, existen diversas fases que también sirven para gestionar los medios que trabajan en las labores de extinción:
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- Activo: las llamas del incendio continúan avanzando, por lo que la superficie afectada se extiende. En este punto, se necesitan todos los medios de extinción disponibles y realizar un seguimiento continuo.
- Estabilizado: el incendio todavía no está controlado, pero avanza dentro de las líneas de control, que pueden estar delimitadas por cortafuegos o zonas húmedas, entre otros. Fuera de este área no hay frentes activos. La vigilancia intensa debe mantenerse porque todavía puede reactivarse.
- Controlado: el perímetro se encuentra bajo control, aunque sigue habiendo llamas dentro de él. Los servicios de extinción realizan labores de refresco y de vigilancia.
- Extinguido: no hay llamas, por lo que el fuego está totalmente apagado y no existe riesgo de reactivación.

Tipos de incendios según su tamaño
Los incendios forestales también se clasifican en función del número de hectáreas afectadas por las llamas. Se distinguen tres tipos:
- Conato: incendios con un tamaño menor a una hectárea.
- Incendio: tamaño comprendido entre 1 y 500 hectáreas.
- Gran incendio forestal (GIF): superficie afectada mayor a 500 hectáreas. Tal y como señaló en una entrevista con Infobae Valentín Gómez Mampaso, ingeniero de montes y portavoz del Instituto de la Ingeniería de España, en España ha aumentado significativamente la proporción de GIF. El año anterior, por ejemplo, hubo más de 60, cuando lo usual es que no pasen de 15 o 20.
Incendios de sexta generación
Dentro de los grandes incendios forestales, preocupan especialmente los de sexta generación, que son fuegos forestales de comportamiento extremo que alcanzan una intensidad y una velocidad de propagación tan elevadas que llegan a modificar las condiciones atmosféricas que los rodean.
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A diferencia de los incendios convencionales, no solo se ven influidos por factores como el viento, la temperatura o la humedad, sino que también son capaces de crear su propia dinámica meteorológica. Esto hace que sean mucho más impredecibles y difíciles de controlar, incluso con grandes despliegues de medios terrestres y aéreos.
Este tipo de incendios suele producirse cuando coinciden varios factores: una gran acumulación de vegetación seca debido al abandono del medio rural, olas de calor cada vez más intensas y prolongadas, sequías persistentes y fuertes vientos.
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La enorme cantidad de energía liberada genera columnas de humo y aire caliente que ascienden a gran velocidad, formando nubes convectivas conocidas como pirocúmulos o, en los casos más extremos, pirocumulonimbos. Estas nubes pueden originar ráfagas de viento erráticas, descargas eléctricas e incluso nuevos focos de incendio a varios kilómetros de distancia.
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