
Esta segunda ola de calor en España no solo ha dejado jornadas sofocantes con termómetros por encima de los 40 grados en algunos puntos del país, sino que también podría ocasionar tormentas intensas y eléctricas, elevando el riesgo de incendios en los territorios ya castigados por el fuego. Según ha advertido este jueves Greenpeace, la actividad eléctrica podría provocar nuevas igniciones por rayos mientras que las lluvias intensas agravan la erosión y arrastran cenizas y sedimentos contaminantes en las zonas quemadas.
Aunque la lluvia ayuda a frenar los incendios y facilita la labor de los equipos de emergencia, la llegada de tormentas trae consigo otros desafíos, explica la organización en un comunicado. Las ráfagas de viento intensas y los cambios repentinos en la dirección del aire pueden favorecer la reaparición de focos y complicar la seguridad de quienes trabajan en la extinción. “No podemos olvidar los incendios ya extinguidos. Es crucial que se implementen medidas para estabilizar la emergencia, es decir, diques acolchados que eviten que, cuando llueva, las cenizas lleguen a cursos de agua. Igual que la extinción de los incendios debe comenzar con la prevención y gestión forestal, las medidas posincendio no pueden esperar”, explica Mónica Parrilla, ingeniera forestal y responsable de la campaña de incendios de Greenpeace.
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Diversos estudios científicos, citados por la organización ecologista, estiman que por cada grado Celsius adicional, la frecuencia de descargas eléctricas podría crecer cerca de un 12%. “Si la tendencia continúa, el número de incendios provocados por rayos aumentaría hasta un 40% antes de que finalice el siglo”, advierten.
Inversión anual de 1.000 millones de euros
El impacto de las lluvias intensas sobre los suelos quemados también supone un problema, ya que el agua arrastra cenizas, sedimentos y contaminantes, depositándolos en barrancos, ríos, embalses y playas fluviales, recuerda Greenpeace. Esto afecta la calidad del agua, los ecosistemas acuáticos y la salud de las poblaciones. Ejemplos recientes incluyen la persistencia de cenizas en playas fluviales de Porto (Zamora) y daños en inmuebles en Valdeorras y Viana de Bolo (Ourense), así como riadas de lodo negro en Fornela, Peranzanes (León) tras las lluvias de junio sobre terrenos afectados por los incendios de 2025.
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La organización ecologista reclama una inversión anual de 1.000 millones de euros para prevención y gestión responsable del territorio. “La emergencia no termina cuando se apagan las llamas: urge anticiparse, proteger los suelos y evitar que las lluvias conviertan las consecuencias de los incendios en una nueva emergencia ambiental”, concluye Parrilla.
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