La histórica ola de calor que ha vivido Europa es solo el principio: “No cuentan con la adaptación que tenemos en España a estas temperaturas”

El episodio de temperaturas extremas continúa causando estragos en el este de continente

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 Una persona toma el sol junto a las fuentes del Trocadero, a  27 de junio de 2026. (REUTERS/Tom Nicholson)
Una persona toma el sol junto a las fuentes del Trocadero, a 27 de junio de 2026. (REUTERS/Tom Nicholson)

Histórica, extraordinaria, temible y aleccionadora. La ola de calor que empezó a mediados de junio en la península Ibérica y recorre ahora los Balcanes da que pensar y que temer. Vivimos en el continente que más rápido se calienta del mundo y este episodio de temperaturas extremas lo ha confirmado.

Los días 23 y 24 de junio, España -que está ahora a las puertas de su segunda ola de calor- vivió los dos días más calurosos para este mes desde que hay registros. En Bilbao, vecinos y turistas llegaron a soportar una máxima 42,7 grados, una cifra histórica; en Cabo de Gata (Almería), vivieron una noche “infernal”, con una mínima que no bajó de 30 grados; y en el norte de Andalucía alcanzaron los 45 grados. Ahora bien, los españoles no fueron los peor parados.

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Cuando la península empezaba a recomponerse, la masa de aire cálido se desplazaba hacia el resto del continente. Reino Unido batió el récord de temperatura de junio durante tres días consecutivos. La más alta fue de 37,3 grados en el sur de Inglaterra, el 25 de junio. Al día siguiente, en Países Bajos, el servicio meteorológico nacional neerlandés emitió una alerta roja sin precedentes por calor extremo para ocho provincias. También se alcanzó el récord nacional de temperatura para junio: 39,4 grados.

Alemania batió récords durante tres días consecutivos. Las vías de tranvía Leipzig, al este del país, llegaron a fundirse; en Coschen, cerca de la frontera con Polonia, el termómetro marcó 41,7 grados el 28 de junio, ahora es la máxima histórica del país; y otras 252 estaciones meteorológicas registraron cifras récord. Ni las noches dieron respiro a unos habitantes acostumbrados a temperaturas mucho más bajas. En la Sajonia Oriental registraron una temperatura mínima nocturna de 29,4 grados. Otra cifra récord, por supuesto.

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Las altas temperaturas en Alemania obligan a suspender distintas líneas de transporte por daños en las infraestructuras.

También superaron las máximas históricas Hungría, Austria, Dinamarca, Suiza y Francia. El 24 de junio, el país galo sufrió la temperatura más alta de su historia, superando el récord del día anterior, con una media nacional de 30 grados. En la localidad de Pulluau, en el oeste del país, las temperaturas alcanzaron los 43,8 grados; y la temperatura mínima nocturna, para variar, también estableció un nuevo récord nacional con 22 grados.

Las muertes atribuibles al calor se multiplican en junio

Europa se funde, se derrite, se cuece a fuego lento y eso trae consecuencias que se cuentan en vidas. Las temperaturas nunca vistas también han disparado la cifra de muertes asociadas al calor. Solo en España, entre el 21 y el 30 de junio, se registraron 858 muertes atribuibles a las altas temperaturas según las estimaciones del sistema de monitorización de la mortalidad diaria por todas las causas (MoMo), gestionado por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III.

Su coordinadora, la doctora Diana Gómez Barroso, detalla que “en 2025, durante el mes de junio tuvimos un exceso de 407 frente a las 1.029 que hemos tenido este año, una cifra bastante alta que responde a la ola de calor”.

Gómez subraya que en los últimos años se han registrado dos picos de mortalidad en 2025 y 2022, que corresponden con los dos veranos más cálidos desde que hay registros. Ahora bien, en el de 2025 se redujo la mortalidad respecto a 2022. Para la experta, esta mejoría de las cifras responde a las medidas que aplican las comunidades autónomas a partir de las directrices del Ministerio de Sanidad.

Estas medias son principalmente formativas. Se avisa a la población de riesgo -mayores de 65 años, mujeres embarazadas, niños, enfermos crónicos...- de la importancia de hidratarse, vestirse adecuadamente, evitar salir a la calle durante las horas centrales del día o vigilar la medicación. Pero también se insta a adoptar medidas en materia de urbanismo con la plantación de árboles o la mejora térmica de los edificios o la habilitación de refugios climáticos. Pero ¿es suficiente?

Un grupo de personas este martes en la playa de Las Teresitas, en Santa Cruz de Tenerife. (EFE/Alberto Valdés)
Un grupo de personas este martes en la playa de Las Teresitas, en Santa Cruz de Tenerife. (EFE/Alberto Valdés)

José Ángel Núñez Mora, jefe de Climatología de Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en la Comunitat Valenciana, señala que a su juicio, lo más llamativo de este último fenómeno es “la persistencia con muchos días por encima de 40 grados y en una época muy temprana, porque estamos en junio”.

La previsión para los próximos meses tampoco resulta alentadora. “Vamos a seguir con temperaturas muy altas”, anticipa el jefe de Climatología de Aemet, quien detalla que, pese a ciertos descensos térmicos en el Cantábrico y el oeste peninsular, “en el Mediterráneo hemos seguido con temperaturas superiores a las que serían de plena canícula, propias de finales de julio o principios de agosto”. Infobae recoge que desde la institución pública se espera “otro episodio de temperaturas muy altas que se van a generalizar a partir del domingo y durante la primera mitad de la semana que viene, aunque probablemente no será tan intenso como el de junio”.

A merced de las olas de calor

Núñez contextualiza la situación con datos históricos. Explica que “a nivel global, desde la época preindustrial, la temperatura ha ascendido casi 1,5 grados, más de 1,4 grados, computando tierras y océanos”. El aumento es aún mayor si se observan únicamente las zonas continentales, donde “la temperatura ha ascendido 2 grados”, cifra que llega a casi 2,5 grados en Europa, el continente que más se calienta. Para España, el incremento desde 1850 se sitúa en torno a los 2,2 grados.

El jefe de Climatología de Aemet recuerda que este fenómeno es consecuencia directa del cambio químico en la atmósfera a causa de la quema de combustibles fósiles. “La emisión masiva de gases de efecto invernadero está potenciando el efecto invernadero”, insiste el técnico, quien recuerda que este efecto es natural y necesario para la vida, pero que su intensificación está detrás del calentamiento global que agrava las olas de calor.

Sobre los efectos de una eventual reducción de emisiones, Núñez advierte que “aunque dejásemos de emitir ahora mismo, la Tierra se seguiría calentando. El CO₂ tiene una permanencia en la atmósfera que puede ser de hasta 100 años. Hay una inercia térmica y lo que estamos emitiendo ahora va a permanecer durante un siglo”. Infobae subraya que las emisiones, lejos de reducirse, “siguen aumentando al mismo ritmo que lo vienen haciendo desde las últimas décadas”. Sin embargo, sí estamos a tiempo de que el impacto sea menor.

Los días bajo ola de calor se duplicarán irremediablemente en España

El aumento de las olas de calor se refleja en las estadísticas: “Entre 1975 y 1985 había un promedio de 3 días de ola de calor al año; en los últimos 10 años estamos en un promedio de 22 días”, sostiene Núñez Mora. Las proyecciones de futuro tampoco resultan tranquilizadoras. Según el experto, “si seguimos emitiendo al mismo ritmo, podemos estar en más de 60 días de ola de calor al año. En un escenario optimista, con medidas decididas, estaríamos en algo más del doble de lo que tenemos ahora: más de 40 días de ola de calor al año”.

Días bajo ola de calor en el conjunto de la península y Baleares desde 1975. (Aemet)
Días bajo ola de calor en el conjunto de la península y Baleares desde 1975. (Aemet)

El escenario es similar en el resto de países de Europa, con una diferencia: la capacidad para sobrellevarlo. Núñez subraya que la adaptación a este nuevo escenario climático es desigual en el continente: “Esta última semana, hemos visto las consecuencias en toda Europa. Transportes públicos han tenido que dejar de funcionar porque no tienen aire acondicionado, hospitales en situaciones bastante críticas porque tampoco tienen mucho aire acondicionado. En París, por ejemplo, sigue habiendo muchas viviendas en las que los pisos superiores, las buhardillas y los áticos tienen todavía tejado de zinc, que se recalienta mucho. El aire acondicionado en Europa es una excepción. En Centroeuropa y en el norte del continente no cuentan con la adaptación que tenemos en España a estas temperaturas”.

Con todo ello, el meteorólogo recuerda que las bases científicas del cambio climático no son recientes y cuentan con precedentes que se remontan 200 años en el tiempo. Por ello insiste en que, pese a que movimientos políticos y sociales tratan de difundir lo contrario, “esto no es creencia, es que esto está ocurriendo y hay que tomar medidas”.

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