Agregar Infobae enGoogle

La historia de la tiara de crisantemo que la emperatriz Masako de Japón solo ha utilizado una vez y por qué su hija, la princesa Aiko, nunca podrá llevarla

La joya histórica está reservada para las emperatrices y la princesa está fuera de la línea de sucesión

Masako de Japón en el Palacio de Buckingham (Grosby)
Masako de Japón en el Palacio de Buckingham (Grosby)
Guardar

La tiara imperial de crisantemo de la emperatriz Masako de Japón no es un adorno de gala más. Es una pieza de diamantes que condensa en su estructura el símbolo más antiguo de la monarquía japonesa: el crisantemo blanco de dieciséis pétalos que da nombre al Trono del Crisantemo, el asiento del poder imperial. Quizás por eso, su primera aparición pública con Masako como portadora, en la cena de Estado del Palacio de Buckingham el 26 de junio de 2024, se convirtió en todo un hito de la velada.

La pieza tiene más de un siglo. La emperatriz Teimei, consorte del emperador Taishō, encargó en 1915 a la firma japonesa Mikimoto un corsage compuesto por broches de crisantemo en diamantes. Dos años después, ese conjunto se reorganizó sobre una estructura de cabeza y se transformó en la tiara que ha llegado hasta hoy. La decisión de recurrir a Mikimoto respondía a un propósito claro: demostrar que Japón podía producir joyería de alta gama con motivos propios, sin imitar las coronas europeas. El crisantemo, elevado literalmente por encima del rostro de la consorte, pasó a enmarcar la mirada de la emperatriz en las grandes ceremonias.

PUBLICIDAD

La pieza tiene un perfil bajo, casi tipo bandeau, con motivos florales que se suceden de manera rítmica a lo largo de la banda. Cada crisantemo se compone de varias capas de pétalos en diamante. La montura, probablemente de platino, sigue la tradición de la alta joyería del primer tercio del siglo XX. El resultado es una pieza de luminosidad contenida, más ligera y fácil de llevar que la monumental tiara Meiji, la otra gran joya del joyero imperial, lo que la hace adecuada para largas cenas de Estado.

Masako de Japón en el Palacio de Buckingham (Grosby)
Masako de Japón en el Palacio de Buckingham (Grosby)

El origen de la tiara de crisantemo

La primera gran aparición documentada de la tiara fuera de su creadora fue en 1959, durante las celebraciones de la boda del entonces príncipe heredero Akihito con Michiko Shōda. La emperatriz Nagako, consorte del emperador Shōwa, eligió esa noche la tiara de crisantemo para acompañar a la joven pareja. El simbolismo era transparente: la flor imperial sobre la cabeza de la emperatriz en ejercicio bendecía al futuro soberano que ocuparía el Trono del Crisantemo.

PUBLICIDAD

Décadas después, cuando Akihito fue entronizado en 1989 y Michiko se convirtió en emperatriz, la tiara de crisantemo comenzó a ganar terreno frente a la Meiji. A principios de los años noventa, Michiko la llevó en la boda del príncipe Akishino y en visitas de Estado a Tailandia y Malasia. Su momento más recordado llegó en 1998, durante la visita de Estado a Reino Unido: Michiko portó la tiara tanto en la cena de gala de Buckingham como en un banquete en el Guildhall de la City de Londres.

A lo largo de los años 2000, la pieza se convirtió en su tiara principal para las grandes citas diplomáticas, presente en visitas a Noruega en 2001 y Dinamarca en 2004. La última aparición documentada de Michiko con la tiara fue en la recepción de Año Nuevo de la corte en 2012, tras la cual la emperatriz dejó de usar tiaras por completo. Cuando Naruhito accedió al trono en 2019 y Masako se convirtió en emperatriz, la tiara de crisantemo entró en un período de silencio.

Masako de Japón en el Palacio de Buckingham (Grosby)
Masako de Japón en el Palacio de Buckingham (Grosby)

Masako con la tiara de crisantemo

Los problemas de salud de la nueva consorte y la pandemia de covid-19 redujeron al mínimo las ceremonias de gala. Durante ese intervalo, Masako utilizó otras piezas del joyero imperial, y la tiara de crisantemo permaneció fuera de la vista pública durante más de una década. El 26 de junio de 2024, en la cena de Estado que el rey Carlos III y la reina Camilla ofrecieron en el Palacio de Buckingham en honor de los emperadores japoneses, Masako apareció con la tiara de crisantemo por primera vez en su rol de emperatriz.

La combinó con pendientes de diamantes, un collar doble de diamantes, otro collar de longitud media y una pulsera, también de diamantes, todo sobre un vestido de gala claro que amplificaba el efecto de luminosidad blanca del conjunto. La elección del escenario no fue casual. Cuatro décadas antes, Michiko había llevado esa misma tiara en ese mismo palacio.

En junio de 2026, durante la visita de Estado de Japón a los Países Bajos, el rey Guillermo Alejandro y la reina Máxima recibieron a los emperadores japoneses. Masako acudió a la cena de gala con la tiara de madreselva de la princesa Chichibu, creada también por Mikimoto en 1928, junto con las rivières de diamantes imperiales y la Orden del León Neerlandés. En la posterior visita de Estado a Bélgica, la emperatriz repitió la elección de la tiara de madreselva, acompañada de su collar a juego y la banda y estrella de la Orden de Leopoldo, la máxima condecoración belga.

Masako de Japón con la tiara Madreselva junto a la familia real de Bélgica (Reuters)
Masako de Japón con la tiara Madreselva junto a la familia real de Bélgica (Reuters)

Que Masako optara por una tiara diferente en dos visitas de alto nivel a monarquías europeas indica que la tiara de crisantemo se reserva para momentos de carga simbólica particular, y que la de madreselva ha asumido el papel de tiara principal en las citas diplomáticas europeas de 2026. Hasta mediados de ese año, la única aparición pública documentada de Masako con la tiara de crisantemo sigue siendo la cena de Buckingham en 2024.

La princesa Aiko no puede llevarla

La tiara de crisantemo está reservada por protocolo a la emperatriz. No se presta, no se cede y no circula entre otras mujeres de la familia imperial. Ha sido portada por Teimei, Nagako, Michiko y Masako, y no existe registro de su uso por princesas hijas o nueras de emperadores. Su condición de pieza institucional, vinculada al cargo y no a la persona, la distingue de otras joyas del joyero imperial que sí pueden prestarse o cederse entre familiares.

Así son los ‘onsen’ de Japón: espectaculares baños termales en mitad de la naturaleza que son una experiencia única.

La princesa Aiko, hija única del emperador Naruhito y la emperatriz Masako, no podrá acceder a esa tiara bajo el sistema vigente de sucesión. La ley de sucesión de la Casa Imperial japonesa permite únicamente que varones accedan al Trono del Crisantemo, lo que excluye a Aiko de convertirse en emperatriz. Al no poder ocupar ese rol, tampoco puede acceder al símbolo máximo reservado a la consorte soberana.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD