Casarse en España cuesta 32.355 euros: el compromiso empieza por ahorrar más de dos años antes del “sí, quiero”

Las parejas destinan una media de 25 meses a preparar el presupuesto de la boda, pero casi siete de cada diez acaban gastando más de lo previsto

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Una pareja sentada frente a un portátil sobre una mesa de madera, con dos tazas, una calculadora, una libreta, invitaciones, un anillo y flores.
Una pareja joven revisa el presupuesto de su boda en una hoja de cálculo desde un portátil, rodeados de invitaciones y muestras florales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una boda no da comienzo el día del “sí, quiero”. Para muchas parejas, empieza bastante antes: cuando toca sentarse a hacer números, calcular cuánto se puede ahorrar cada mes, qué parte podrá cubrir la familia y hasta dónde se puede estirar el presupuesto sin hipotecar otros planes. En España, casarse cuesta una media estimada de 32.355 euros y exige ahorrar durante algo más de dos años, según una encuesta realizada por Pollfish para Raisin a 1.500 personas residentes que se han casado en 2024 o 2025, o que tienen previsto hacerlo en 2026.

El tamaño de la celebración explica una gran parte del desembolso. Las bodas reúnen una media de 108 invitados, lo que deja un coste aproximado de 300 euros por persona. Sin embargo, la cantidad que los encuestados consideran razonable dar como regalo de boda se sitúa en torno a 180 euros por invitado.

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La diferencia no pasa inadvertida. Si los 108 invitados aportaran esos 180 euros, la pareja reuniría unos 19.440 euros, casi 13.000 euros menos que el presupuesto medio estimado para la boda. Es decir, incluso contando con los regalos, el enlace suele exigir una combinación de ahorros propios, ayuda familiar y, en algunos casos, financiación externa.

Más de dos años de ahorro antes de subir al altar

La boda funciona, en la práctica, como un proyecto financiero de medio plazo. Las parejas encuestadas ahorran una media estimada de 25,4 meses antes de casarse, algo más de dos años. Cerca de ocho de cada diez reserva dinero durante al menos un año para pagar la celebración. Lo más habitual es ahorrar entre uno y dos años, como hace el 49%, aunque un 22% necesita entre tres y cinco años.

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Ese tiempo convierte la organización en algo más que una lista de preparativos. Entre la pedida y el banquete pueden cambiar los ingresos, el alquiler, el empleo, los planes de vivienda o las prioridades de la pareja. El compromiso, por tanto, no es solo sentimental: también implica sostener durante meses una decisión económica importante.

En nuestro país, la principal vía para pagar la boda son los ahorros propios. El 82% de las parejas afirma que financia o financiará así la celebración, aunque la ayuda familiar sigue teniendo mucho peso: el 53% recibe apoyo económico de sus padres, el 19% de otros familiares o amigos y el 10% de sus abuelos. Además, el 29% cuenta con los regalos de dinero de los invitados para cubrir parte del coste. En el otro extremo, un 18% recurre a algún préstamo o crédito.

Durante un concierto, una fan sorprendió a Rosalía al invitarla a su boda. La cantante se tomó un momento para charlar con ella, preguntarle por los detalles y dedicarle una canción a la feliz pareja.

El presupuesto inicial rara vez llega intacto al banquete

Una cosa es el presupuesto que la pareja se imagina al principio y otra muy distinta es el que aparece cuando empiezan a entrar los gastos concretos. Casi siete de cada diez parejas afirma que el coste final de su boda fue o será superior al previsto. En concreto, el 50% calcula un desvío de hasta el 20%, mientras que otro 20% reconoce que el gasto superará en más de un 20% el presupuesto inicial.

El lugar de celebración, el menú, la fotografía, la música, las flores, el vestido, el maquillaje, las invitaciones o los detalles para los invitados van sumando hasta modificar la previsión inicial. Para cubrir estas partidas, un 17% de las parejas declara presupuestos de 45.000 euros o más, por encima de la media estimada.

Nueve proveedores y un catering de más de 7.000 euros

Las parejas contratan o prevén contratar una media de nueve proveedores para su boda. La fotografía es el servicio más habitual, presente en el 90% de los enlaces. Le siguen el catering, contratado por en torno al 85%; el vestido y accesorios de novia y el lugar de celebración, ambos con un 78%; y la música, DJ o entretenimiento, con un 75%.

Pero no todos los proveedores tendrán el mismo peso en la factura. El catering es la partida con mayor gasto medio estimado, unos 7.126 euros, y más de una de cada cuatro parejas supera los 10.000 euros solo en esta categoría.

El lugar de celebración también concentra buena parte del desembolso, con 3.955 euros de media, seguido del vestido y accesorios de novia, con 2.648 euros. La contratación de una wedding planner o coordinador alcanza los 2.410 euros de media entre quienes recurren a este servicio, mientras que la fotografía se sitúa en 1.282 euros.

Cuando el presupuesto se complica, el primer ajuste se lleva a cabo en el tamaño de la celebración. Más de seis de cada diez parejas reconoce haber recortado algún aspecto de la boda por motivos económicos, y la reducción de la lista de invitados es el recorte más habitual.

El otro precio a pagar por casarse

El gasto de una boda no se mide solo en facturas. También aparece en forma de estrés, conversaciones incómodas y decisiones de pareja. El 95% de los encuestados reconoce haber sentido algún nivel de estrés financiero por el coste de la boda, y el 65% afirma haber tenido algún desacuerdo económico con su pareja durante la organización.

No siempre se trata de grandes conflictos, pero sí de conversaciones muy concretas sobre dinero: quién paga qué, cuánto se acepta de la familia, cuánto se espera recuperar con los regalos, qué se considera imprescindible y qué se puede recortar. La boda obliga a poner en común prioridades económicas que quizá antes no habían aparecido con tanta claridad.

La boda dura un día, pero sus efectos económicos pueden alargarse bastante más. Casi nueve de cada diez parejas afirma que el enlace ha condicionado algún objetivo financiero, especialmente la compra de una vivienda, mencionada por el 30% de los encuestados.

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