Amor en el trabajo: por qué las empresas en España no pueden intervenir en las relaciones sentimentales entre sus empleados

La legislación española protege la intimidad laboral y limita el control empresarial sobre las parejas en el trabajo, incluso en casos de vínculos jerárquicos

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Un hombre y una mujer sentados frente a sus computadoras en una oficina se toman de las manos mirándose a los ojos. Hay teclados en el escritorio.
Una pareja de compañeros de trabajo que salen juntos muestra su cariño en la oficina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una cámara enfocando al público durante un concierto de Coldplay en Estados Unidos fue suficiente para desencadenar una crisis empresarial de alcance mundial. Las imágenes captadas por la conocida ‘kiss cam’ revelaron una supuesta relación sentimental entre la directora de Recursos Humanos de la tecnológica Astronomer, Kristin Cabot, y el consejero delegado de la compañía, Andy Byron.

La repercusión fue inmediata. Las imágenes se hicieron virales en redes sociales, provocaron una oleada de críticas y terminaron con la dimisión del máximo responsable de la empresa y la suspensión de la directiva implicada.

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Un episodio similar a este tendría difícil encaje en España, señalan fuentes de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Esto es debido a que la legislación española protege de forma especialmente estricta el derecho a la intimidad de los trabajadores, limitando notablemente la capacidad de las empresas para intervenir en cuestiones relacionadas con la vida sentimental de su plantilla.

El amor también entra en la oficina

Las relaciones sentimentales en el trabajo son mucho más frecuentes de lo que parece. Según datos de InfoJobs, el 23% de los trabajadores españoles reconoce haber mantenido una relación amorosa con una persona de su entorno laboral.

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El estudio refleja además que la mayoría de empleados considera que estas relaciones pertenecen exclusivamente al ámbito privado. De hecho, un 56% opina que no existe ninguna obligación de informar a la empresa sobre una relación sentimental entre compañeros.

Incluso cuando existe una relación jerárquica, solo dos de cada diez trabajadores creen que debería comunicarse oficialmente. Además, casi la mitad de los encuestados reconoce desconocer si su empresa cuenta con algún protocolo o directriz específica sobre esta cuestión.

El límite está en la intimidad

Los expertos en derecho laboral recuerdan que las empresas no pueden sancionar a un trabajador simplemente por ocultar una relación sentimental.

En este sentido, Miguel Arenas, abogado laboralista y profesor colaborador de la UOC, explica que el derecho a la intimidad constituye una barrera legal infranqueable para cualquier intento de control empresarial sobre la vida afectiva de los empleados.

“Las personas trabajadoras no se pueden sancionar ni penalizar laboralmente simplemente por omitir información sobre su vida sentimental”, sostiene el especialista, quien recuerda que la protección del derecho a la intimidad está recogida en el artículo 18 de la Constitución española, y la jurisprudencia constitucional “rechaza explícitamente la existencia de un ‘deber genérico de lealtad absoluta’ que suponga la sumisión de la vida privada al interés empresarial”, señala Arenas.

En este sentido, prácticas habituales en otros países, especialmente en Estados Unidos, como los denominados ‘contratos de amor’ o acuerdos obligatorios para declarar relaciones sentimentales entre empleados, no tendrían cabida en el ordenamiento jurídico español.

Un hombre sentado y una mujer de pie observan una tableta digital en una oficina. Hay otras personas y monitores de computadora desenfocados al fondo.
Una pareja de trabajadores revisan el contenido de una tableta digital en la oficina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los riesgos de ocultar una relación

Aunque la ley protege la privacidad de los trabajadores, los especialistas advierten de que mantener una relación en secreto también puede generar consecuencias dentro de la organización.

Meritxell Beltrán, experta en recursos humanos y profesora colaboradora de la UOC, señala que el ocultamiento prolongado puede provocar un importante desgaste emocional para las personas implicadas.

“Cuando dos personas mantienen una relación en la empresa y tienen que fingir, si esta relación avanza y el fingimiento se perpetúa en el tiempo, vamos hacia un desgaste emocional, sin lugar a dudas”, explica.

Desde el punto de vista empresarial, la transparencia voluntaria puede ayudar a prevenir conflictos futuros y facilitar una gestión adecuada de determinadas situaciones, especialmente cuando existen vínculos jerárquicos o responsabilidades directivas.

Cuando uno es jefe del otro

El escenario se complica cuando la relación sentimental se produce entre personas que mantienen una relación de superioridad o dependencia laboral. En estos casos, el principal problema no suele ser la existencia de la relación en sí misma, sino la percepción que pueda tener el resto del equipo respecto a posibles favoritismos o conflictos de interés.

“La confianza de grupo se rompe, obviamente, cuando el equipo cree que la persona que da las órdenes no es objetiva porque tiene una relación sentimental con otra persona del equipo”, señala Beltrán.

Ante este tipo de situaciones, las empresas pueden verse obligadas a reorganizar equipos o reubicar funciones. No obstante, dicha actuación también está regulada legalmente y debe respetar los límites establecidos en el Estatuto de los Trabajadores.

Reubicar sí, pero con límites

Según explica Miguel Arenas, una empresa puede adoptar medidas organizativas cuando la convivencia laboral se vea afectada por una relación sentimental, pero no puede hacerlo de forma arbitraria. La reubicación de un trabajador solo puede realizarse dentro de su grupo profesional y respetando las titulaciones necesarias y la dignidad de la persona trabajadora.

“Si se excede este límite, se cambia el horario o se alteran cuestiones relevantes, se tiene que tramitar como modificación sustancial, lo que exige razones técnicas u organizativas probadas y otorga a quien trabaja el derecho de rescindir el contrato con indemnización”, apunta Arenas.

El problema llega cuando aparece el desamor

Los expertos coinciden en que el momento más delicado para las empresas suele llegar tras una ruptura. Lo que comienza como una relación privada puede transformarse rápidamente en un conflicto laboral con consecuencias para todo el equipo. Tensiones personales, enfrentamientos o situaciones de hostilidad pueden acabar afectando al clima de trabajo.

Según Beltrán, “muchos casos de acoso laboral se producen justo después de rupturas amorosas o de una amistad muy fuerte” y afirma que es aquí cuando “la empresa tiene que aplicar los protocolos de prevención de acoso”. Por ello, las compañías deben permanecer vigilantes y activar sus protocolos internos cuando detecten cualquier indicio de acoso o comportamiento inadecuado.

Un hombre y una mujer se besan en una oficina, con cubículos, mesas, monitores y plantas de interior en el fondo.
Una pareja se besa en una oficina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La empresa también puede ser sancionada

La legislación española no solo protege a los trabajadores frente al acoso, sino que también responsabiliza a las empresas cuando no actúan ante situaciones conocidas. Si una organización tiene constancia de una dinámica de hostigamiento derivada de una ruptura sentimental y no adopta medidas preventivas o correctoras, puede enfrentarse a sanciones importantes.

La Ley sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social considera muy grave la inacción empresarial ante este tipo de conductas cuando afectan a la salud o la dignidad de los trabajadores. Por este motivo, los departamentos de Recursos Humanos tienen cada vez más peso en la prevención de riesgos psicosociales y en la gestión de conflictos derivados de relaciones personales.

Relaciones sentimentales inevitables

Los especialistas coinciden en que las relaciones sentimentales en el trabajo son inevitables. Las largas jornadas laborales, los proyectos compartidos y la convivencia diaria favorecen la creación de vínculos personales que, en ocasiones, terminan convirtiéndose en relaciones de pareja.

Intentar prohibirlas, afirman los expertos, no solo resulta jurídicamente inviable en España, sino que además puede generar el efecto contrario: fomentar el secretismo y aumentar los riesgos para las personas y para la organización.

“Podrás intentar prohibir una relación amorosa, pero esto no evitará que se lleve a cabo, sino que se hará de forma oculta, lo cual es muy peligroso”, señala la profesora Meritxell Beltrán.

La clave, concluyen los expertos, pasa por combinar el respeto absoluto a la intimidad de los trabajadores con mecanismos de prevención, transparencia voluntaria y una adecuada gestión de los posibles conflictos que puedan surgir dentro de la empresa.

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