Las caricias son una de las cosas que más estresan a tu perro: un educador canino explica los motivos

El especialista advierte que las muestras de afecto efusivas pueden favorecer problemas de comportamiento en los perros

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Adaptar la forma de acariciar es clave para el bienestar del perro, sostiene Esteban Navas, especialista en comportamiento canino
Según el educador Esteban Navas, las muestras de afecto efusivas pueden favorecer conductas no deseadas en los animales (Maginifc)

En la relación entre humanos y perros, las muestras de afecto suelen considerarse una expresión natural de cariño. Muchas personas, al convivir con sus mascotas, entienden las caricias como una manera de fortalecer el vínculo y de brindar seguridad a los animales.

Sin embargo, la forma en que se lleva a cabo este gesto puede tener consecuencias distintas a las esperadas y, lejos de ser siempre beneficiosa, puede representar un problema si no se realiza con atención a las necesidades reales del animal.

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Para el educador canino Esteban Navas, una práctica que muchas personas consideran positiva puede ser, en realidad, una fuente de tensión para los animales: “Vamos a hablar de una de las cosas que más estresan a los perros y que la gran mayoría de las personas piensan que es buena. Y esa cosa son las caricias”.

Caricias para la calma, no para la excitación

Navas sostiene en su TikTok (@soyestebannavas) que el punto no es evitar el contacto, sino distinguir el tipo de interacción. “Hay que diferenciar. Yo cuando quiero acariciar a un perro, yo lo que busco con esas caricias es que el perro se relaje, que esté tranquilo, que le produzca calma”, explica.

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Este enfoque subraya la importancia de prestar atención a las señales que emiten los perros durante el contacto físico, ya que no todas las manifestaciones de afecto son interpretadas de igual manera por los animales.

Según su planteamiento, el objetivo de una caricia debería ser bajar la activación del perro. “Siempre induciendo a la calma”, resume al describir el modo en que él busca acercarse y tocar a un animal. Las caricias suaves y tranquilas pueden ayudar a reducir la ansiedad y favorecer un estado de bienestar, mientras que los gestos bruscos o excesivamente efusivos pueden resultar contraproducentes.

Un hombre acaricia la cabeza de su perro.
Los perros son los animales de compañía favoritos de los españoles. (Canva)

El especialista advierte que otro estilo, que suele celebrarse como un juego, tiene el efecto contrario. “Lo que no es posible, y son supermalas estas caricias y que a muchas personas le parecen superdivertidas, es: ‘¡Ay, mi gordi, ay, mi gordi, ay, mi gordi!’”, dice al ejemplificar un contacto agitado y efusivo.

Esta forma de interacción, lejos de ser inocua, puede generar incomodidad y elevar los niveles de excitación en el perro, dificultando su capacidad de gestionar el entorno. En esa línea, marca una diferencia entre la reacción humana y la del perro.

“Esto a las personas les parece superdivertido, pero ¿qué pasa? Esto estresa un montón al perro”, afirma. El contraste entre la percepción de los dueños y el impacto real en el animal puede derivar en malentendidos y es fuente de problemas en la convivencia diaria.

El estrés puede empeorar los problemas de conducta

Navas vincula ese estrés con la aparición o el agravamiento de conductas no deseadas. “Si tu perro tiene problemas de comportamiento o está en camino de tenerlos, me da igual cuál sea… va a potenciar ese problema de comportamiento”, advierte. La sobreestimulación a través del contacto físico puede incrementar la probabilidad de que surjan conductas como la ansiedad, la agresividad o la dificultad para quedarse solo en casa.

Como ejemplos, menciona situaciones frecuentes en la convivencia cotidiana: “Que no se pueda quedar en casa solo, que ladre a perros o personas en la calle o que tire de la correa”. Estos comportamientos suelen ser motivo de consulta frecuente entre tutores y especialistas en conducta canina.

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El educador canino señala que no todos los animales procesan igual ese nivel de excitación. “Las caricias que induzcan siempre a la calma, no al nerviosismo, porque pueden producir problemas de comportamiento, porque algunos perros no saben gestionar ese estrés”, sostiene.

Por eso, la recomendación general es adaptar la forma de interactuar a las características y necesidades de cada animal. “Así que cuidado con las caricias, que no son tan buenas como parecen”, concluye.

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