Hace 32 años, un niño de Chingford escribió en un trabajo del colegio: “Puedo gatear, puedo llorar, puedo nadar, quiero jugar al fútbol”. Tenía cinco años. Este martes, Harry Kane saltará al césped del Gillette Stadium de Foxborough con el brazalete de capitán de Inglaterra y a un solo gol de convertirse en el máximo goleador inglés en la historia de los Mundiales. Entre aquella redacción infantil y este momento hay una historia de rechazo, perseverancia y obsesión por mejorar. Porque Kane nunca fue el chico al que todos señalaban como futura estrella. Más bien al contrario.
Kane creció en Chingford, al noreste de Londres, en el mismo entorno en el que años antes había dado sus primeros pasos David Beckham. Como tantos otros niños ingleses, pasaba las tardes jugando en el Ridgeway Rovers, un modesto club de barrio donde empezó a destacar. A los ocho años, el Arsenal lo fichó.
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La aventura en una de las canteras más prestigiosas duró solo un año. Entonces, los entrenadores consideraban que era demasiado lento, poco atlético y que tenía algo de sobrepeso. Liam Brady, entonces responsable de la cantera del club londinense, acabaría admitiendo años después que se equivocaron. “Kane era un poco regordete, no muy atlético... sí, cometimos un error”, confesó a The Guardian. Roy Massey, uno de sus entrenadores en aquella etapa, fue igual de sincero. “Harry tenía talento, técnica y era muy trabajador, pero le faltaba velocidad y agilidad”. Así, el mensaje a sus padres fue claro: no tenía nivel para seguir en el Arsenal.
Cuando intentó quedarse de cualquier manera
La reacción de Kane dice mucho sobre el futbolista que terminaría siendo. No discutió. Tampoco se rindió. Su padre acudió al club para comunicar una propuesta inesperada: Harry quería probar como portero. Massey aceptó la prueba y lo envió con el entrenador específico de guardametas del club. La respuesta llegó rápido. “Este chico nunca será portero”. Y en algo tenía razón.
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Pero no era la primera vez que Kane se ofrecía para ponerse los guantes. Dave Bricknell, entrenador del Ridgeway Rovers, recuerda que cuando preguntó quién quería jugar bajo palos, un niño levantó la mano. Era Harry. “Se puso los guantes y estuvo increíble. Luego me dijeron que no era portero, que era delantero. Lo puse arriba y marcó muchísimos goles”. No obstante, Bricknell recuerda otra cosa. “Lo que más me impresionó fue su confianza en sí mismo”.
El Tottenham vio algo que otros no vieron
Después de salir del Arsenal, pasó brevemente por el Watford. Poco después, jugando con el Ridgeway Rovers, marcó un hat-trick contra el equipo juvenil del Tottenham. Aquella actuación cambió su destino. Los Spurs le abrieron las puertas de su academia y, a los 16 años, firmó su primer contrato. Alex Inglethorpe, entonces director de la cantera, recuerda a un chico obsesionado con mejorar. “Harry siempre fue alguien que iba a mejorar por el simple volumen de trabajo que estaba dispuesto a realizar”. Clive Allen, uno de sus formadores, lo resume de manera aún más sencilla. “Amaba el fútbol, amaba jugar y amaba marcar goles”.
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Pero su camino hacia la élite tampoco fue directo. Antes de triunfar en el Tottenham, tuvo que pasar por una cadena de cesiones en equipos de categorías inferiores. Leyton Orient, Millwall, Norwich y Leicester fueron estaciones obligatorias en un recorrido lleno de dudas.
La experiencia decisiva llegó en el Millwall. El equipo luchaba por evitar el descenso y Kane se encontró por primera vez con el fútbol de adultos. Joe Gallen, segundo entrenador del club, todavía recuerda el impacto que tuvo. “Probablemente no habríamos logrado la permanencia si Harry no hubiera venido”. También recuerda a un delantero incapaz de dejar de entrenar. “Se enfadaba muchísimo cuando le obligábamos a retirarse de las sesiones de disparo”.
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Tom Brady y la importancia de no rendirse
Fue entonces cuando apareció la inspiración sorpresa. Kane vio un documental sobre Tom Brady, el quarterback de los New England Patriots, elegido en el puesto 199 del draft y obligado a abrirse camino contra todo pronóstico. La identificación fue inmediata. Brady había sido infravalorado. Aquella mentalidad de resistencia frente a la adversidad se convirtió en una referencia permanente para el delantero inglés.
Así llegamos a 2014, con la llegada de Mauricio Pochettino al Tottenham. El técnico argentino encontró a un delantero con talento, pero todavía lejos de su mejor versión física. Kane mejoró sus hábitos de entrenamiento, alimentación y descanso. La transformación fue radical. El resultado fueron 31 goles en una sola temporada y el nacimiento de una estrella mundial.
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Pochettino encontró una definición que todavía lo acompaña. “Harry Kane es el jugador para el hombre que piensa”. Porque Kane nunca ha sido un delantero convencional. Marca goles, pero también crea juego. Baja a recibir, organiza ataques, asiste a sus compañeros y participa en tareas defensivas. José Mourinho lo explicó perfectamente años después. “No es egoísta: asiste, baja a recibir, construye el juego, presiona y defiende”.

Del Tottenham al Bayern
Tras convertirse en leyenda del Tottenham, el Bayern de Múnich apostó por él en el verano de 2023. En Alemania ha encontrado un entorno ideal para prolongar su rendimiento y seguir acumulando goles. El 14 de febrero de 2026 alcanzó los 500 goles oficiales entre clubes y selección, convirtiéndose en el primer futbolista inglés en lograrlo.
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La temporada 2025-26 ha sido otra demostración de su vigencia. Bajo las órdenes de Vincent Kompany ha firmado 61 goles entre todas las competiciones y ha vuelto a liderar a uno de los equipos más dominantes de Europa. Además, si hace un buen papel en el Mundial 2026, sería uno de los candidatos al Balón de Oro.
A un gol de hacer historia
Mientras tanto, la selección inglesa ha ido construyéndose alrededor de su delantero. Su relación con los Mundiales ha sido especialmente productiva. Marcó seis goles en Rusia 2018 y ganó la Bota de Oro. Añadió dos más en Qatar 2022. Y en este Mundial 2026 ya suma otros dos, ambos ante Croacia. Diez en total. Los mismos que Gary Lineker. Este martes, ante Ghana, tiene la oportunidad de quedarse solo en la cima de la clasificación histórica de goleadores ingleses en la Copa del Mundo. Lo hará, paradójicamente, en el estadio de los New England Patriots, el equipo que aprendió a seguir gracias a Tom Brady.
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